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Su novela Reino de sombras aborda un tema tabú:
Xavier Cruzado y los pecados de la Iglesia

jueves 17 de noviembre de 2022
Xavier Cruzado
Xavier Cruzado: “Todo el poder que toca al hombre convierte a éste en una bestia hambrienta de los siete pecados capitales”.

Una buena novela es un extraordinario vehículo para cuestionar esos recovecos de la sociedad en los que, bajo el amparo de una indigna impunidad, se vulneran los derechos de los inocentes. Es ese el terreno que habita Reino de sombras, libro en que el español Xavier Cruzado aborda el oscuro tema de los delitos sexuales cometidos contra menores por miembros de la Iglesia católica.

El ritmo trepidante de Reino de sombras hace pensar al lector que está viendo una película. Es una de las características más notorias de esta obra y delata la formación cinematográfica de su autor, quien estudió en la Universidad Camilo José Cela y se ha formado como guionista, productor y director de cine.

Nacido en Barcelona en 1968, Xavier Cruzado ha escrito, dirigido y producido los cortometrajes Invisibles (2010-2011), Ficción real (2011), El límite (2012) y Ad Eternum (2014), y fue coguionista y coproductor ejecutivo del largometraje Al sur de Guernica (2020), de cuya idea original es autor. Hoy conversamos con él sobre este thriller valiente de inquietante —e imprescindible— lectura.

 

Lee también en Letralia: reseña de Reino de sombras, de Xavier Cruzado, por Alberto Hernández.

Xavier Cruzado y la ley mordaza de las religiones

Reino de sombras toca un tema sensible, el de los delitos sexuales contra menores, cometidos por miembros de la Iglesia. Se imbrica además con todo un trasfondo sociopolítico y aborda con valentía la impunidad en que suelen terminar tales delitos. ¿Cómo fue la labor de investigación que desarrollaste para escribir esta novela?

—Lamentablemente, la cultura vivencial española, tal vez castrada por tantos años de sumisión al dictador que culminó su victoria en la guerra civil aplastando a todos aquellos que no alzaban su mano derecha, cual fuera el saludo al César victorioso sobre los bárbaros, dejó a generaciones de españoles sumidos en la letargia social y reivindicativa de los derechos que les habían arrebatado con la sangre de sus hermanos, padres y abuelos. Ello convierte cualquier investigación sobre, no sólo el franquismo, sino sobre cualquier hecho punible de los poderes del Estado, en un carpetazo de silencio, borrón y cuenta nueva, como si no hubiera sucedido, y todo aquel que ose a remover el pasado será atropellado por la maquinaria mediática que, aún anclada y agradecida de su posición por las familias más cercanas al régimen, fueron premiadas con este poder del control del conocimiento. Con ello, me refiero a que la investigación para encontrar los hechos reales, fechas, lugares y personajes públicos con nombre propio, ante tal oscurantismo informativo, se convirtió en una carrera de fondo y una búsqueda centímetro a centímetro en una oscura mina de carbón, llena de pasadizos sin salida. Afortunadamente, en las hemerotecas sigue habiendo datos y nombres que me ayudaron en gran medida a poner un poco de luz entre tanta oscuridad.

“Reino de sombras”, de Xavier Cruzado
Reino de sombras, de Xavier Cruzado (2018). Disponible en Amazon

—Tienes un asesino bastante particular, que escoge a sus víctimas: sacerdotes culpables de pederastia. Además, les deja unas marcas en los ojos: cuatro puntos en forma de cruz en el iris, algo que en la historia es tan importante que está reflejado en la portada del libro. ¿Puedes hablarnos de este personaje y del mensaje que quiere transmitir a través de este procedimiento?

—Debemos calzarnos los zapatos de nuestra víctima y asesino a la vez, criado y formado en esa España rural donde el franquismo aún estaba muy arraigado. Se trata de un hombre profundamente religioso por la fuerza y sumisión, que pone a Dios por delante del hombre y por tanto, ante los abusos infligidos durante su infancia y juventud, decide emprender su particular cruzada, que no venganza, contra aquellos que, escudándose en el Creador, dan rienda suelta a sus instintos más primarios, destrozando las vidas de miles de niños durante décadas. Los puntos en los ojos tienen diversos significados, pero puedo adelantar que dos de ellos hacen referencia a la señal de la cruz, como la visión a través del creador, y los clavos de Cristo, que da su vida por los pecados cometidos por los hombres.

—La pederastia cometida por miembros de la Iglesia católica es una sórdida realidad que, como bien sabes, no se limita a España. Algo que parece común a todos estos casos es lo mencionado en la primera pregunta, la impunidad. ¿Cómo evalúas esta situación? ¿Qué crees que hace falta para que ese gran poder que es la Iglesia enfrente con responsabilidad estos delitos?

—Sinceramente, no veo esa luz al final del túnel. La impunidad seguirá existiendo porque todo el poder que toca al hombre convierte a éste en una bestia hambrienta de los siete pecados capitales. Personalmente no me considero un hombre creyente, porque toda religión que toca el hombre lleva su sello, y no encuentro muchas diferencias entre las sectas y las religiones que dictan cómo, cuándo y de qué forma debes vivir. Al fin y al cabo, todas funcionan con su ley mordaza, que te priva de tu libertad de pensamiento y movimiento.

 

Reino de sombras y la realidad de sus personajes

—Toda novela negra tiene un detective, y en el caso de Reino de sombras es una mujer, Candela Santos —nombre alegórico donde los haya—. “¿Y si hoy son víctimas, pero ayer fueron verdugos?”, se pregunta la inspectora en algún momento mientras intenta descifrar el enigma ante el que se enfrenta. ¿Cómo construiste este personaje?

—El personaje de Candela es una mezcla de nuestra sociedad y todo aquello que se ha combatido para conseguir muchos de nuestros derechos y los que aún nos faltan por conquistar. Mujer, cuyos derechos aún se les niegan; policía, con un gran sentido del deber, la responsabilidad y criterio propio; emigrante, cuya cuna no fue nada fácil y su destino cambió en un instante. Además, Candela existe, mejor dicho, aún no existe como policía, pero la conocí en un viaje a Madrid. Una jovencita asiática que había sido adoptada, con un carácter determinante y con un claro objetivo futuro, ser policía para ayudar a los demás.

—En la investigación de los crímenes, Candela Santos estará acompañada por, aparte de otro inspector, un catedrático en historia medieval —especialista en temas relacionados con el Santo Oficio— y un psiquiatra forense, así como el investigador del laboratorio forense, que tendrá un papel importante en la concatenación de varias piezas del rompecabezas. ¿Cómo le diste forma a este equipo?

—La mayoría de los personajes que cobran vida en esta historia son personajes reales, tal vez en sus profesiones, caracteres, formas de pensar e incluso en su forma de hablar. ¡Hay incluso amistades! Si observamos y profundizamos un poco en algunos profesionales a los que algunos estamos acostumbrados a ver por televisión, en cierto tipo de programas de divulgación, como invitados o colaboradores, seguro que encontraréis similitudes que os sorprenderán.

 

Nada de lo que aparece en la historia es casual.

“Quiero que el lector se convierta en un espectador de fila cero”

—Algo que destaca especialmente en tu novela es el manejo del lenguaje, con esas detalladas descripciones no sólo de los crímenes, sino también de los personajes, que hace pensar en el discurso policial y que aporta muchísimo a la atmósfera general de la historia. Asumo que esto ha sido intencional, ¿es así? ¿Puedes profundizar en este tema?

—No quiero parecer pedante y si en algún momento lo parezco, pido disculpas adelantadas por ello, pero nada de lo que aparece en la historia es casual. Los procedimientos y el lenguaje en cada una de las situaciones son fruto de la investigación previa y de la inestimable ayuda de profesionales que me enseñaron la jerga. Mi mayor intención es conseguir que la historia sea creíble, y para ello debe hablar nuestro mismo idioma, el que estamos acostumbrados a oír por toda la geografía española. Está basada en hechos reales, pero aunque los personajes que la componen son ficción, no quiero que el lector se quede por encima del papel, sino que lo traspase y se convierta en un espectador de fila cero, usando todos sus sentidos para vivir la historia formando parte de ese equipo de investigación.

—Hay una estructura, digamos, cinematográfica, en Reino de sombras. No sólo por detalles como la muy estudiada coloquialidad de los diálogos o la indicación de los lugares en los que se desarrolla cada escena, sino también en la técnica narrativa. Me gustaría que les contaras a nuestros lectores sobre tu formación en el séptimo arte y cómo te sirvió para escribir el libro.

—Desde mi niñez, tal vez como una cáscara protectora, siempre he desarrollado una particular dote de imaginación en todo lo que he hecho. Con ello, cuando tuve la oportunidad de estudiar y hacer cine, aunque fuera en formato corto, me apasionaba construir esas historias y dar vida a los personajes, siempre jugando con la fina línea entre la realidad y la ficción, entre lo tangible y lo intangible, entre lo que consideramos normal y aquello que escapa de nuestro regio pensamiento racional. Desde luego, esta historia está imaginada, escrita y detallada para presentarla en la gran pantalla, aunque desgraciadamente, eso ya no depende de mí.

 

La investigación es mi fuente de la juventud.

La novela que surgió del paro

—Tu novela es un magnífico exponente del género negro, en el que has sido capaz de mantener la tensión hasta el final. Me gustaría que nos hablaras de tus influencias.

—Siempre he sido un fiel amante de aquellas historias que esconden enigmas, sobre todo en las historias de espionaje o del género policial. La investigación es mi fuente de la juventud. Autores como Ian Fleming o Dan Brown son mis mayores exponentes en este sentido, pero estoy seguro de que muchos más me han influido sin apenas darme cuenta, y no por ello son menos importantes.

—Sé que intentaste publicar esta novela con alguna editorial y que, al resultar infructuosa esa vía, te lanzaste por la autopublicación. Una decisión acertada, en nuestra opinión, pues Reino de sombras merece una amplia lectoría. ¿Cómo fue tu experiencia en este sentido?

—Efectivamente, en un océano en el que tantos escritores han lanzado sus obras para que unos pocos pescadores (editoriales) puedan añadirlas a sus colecciones, es muy complicado que alguna de ellas llegue a fijarse en tu obra, ya sea porque no tienes un nombre hecho o porque no has tenido la suerte de escribir sobre el tema de moda del momento. A la pregunta de que si me hubiera gustado que una editorial de renombre se hubiera decidido añadir Reino de sombras a su colección, la respuesta es un rotundo sí, pero no ha sido el caso. Tal vez no se ha aceptado porque su temática sigue siendo un tabú en nuestra sociedad, o porque por los nombres de políticos que aparecen, no quieren encontrarse con litigios en sus departamentos legales. La verdad no llegaremos a saberla, porque al final, me negué a que Reino de sombras se quedase guardando polvo en un cajón de la mesa del despacho… o como un fichero olvidado en un pendrive cualquiera.

—¿Qué le recomendarías a otros autores que quieran incursionar en el género negro?

—Amor por este género, cero tabúes para hablar sobre cualquier cosa, pero por encima de todo, investigación, investigación e investigación.

Reino de sombras fue publicada en 2018, ¿has vuelto a escribir novela desde entonces? ¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

—Desconozco cómo lo hacen otros autores, pero para crear y moldear Reino de sombras hicieron falta seis meses de uso del cien por ciento de mi tiempo. Vivía para y por la novela. Es evidente que durante esa época tuve ese tiempo, para bien o para mal, debido a que la empresa donde estaba trabajando cerró y me quedé en el paro. Fue el hecho determinante para dedicarme al proyecto. Después de todo aquello, no he vuelto a escribir sobre el papel, pero mi mente no ha dejado de darme ideas para darle la otra cara a la misma moneda. Tal vez en un futuro pueda volver al papel y plasmar esa otra cara en negro sobre blanco, pero para ello Reino de sombras debe demostrarme que voy por el buen camino. Como todos los mortales, espero que esa “señal” me ilumine esa senda.

Jorge Gómez Jiménez