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Margarita Maldonado Colón:
“Nadie escribe desde la nada, tiene que partir de la experiencia”

domingo 4 de diciembre de 2022
Margarita Maldonado Colón
Margarita Maldonado Colón: “Escribo desde el mestizaje que caracteriza al puertorriqueño, desde mi aspiración a la libertad de mi patria y desde mi posición como mujer”.

Margarita Maldonado Colón (Bayamón, Puerto Rico) es escritora, editora e investigadora. Realizó estudios avanzados en la Universidad de Puerto Rico, donde obtuvo su grado de Maestría en Artes con concentración en Estudios Hispánicos. Es autora de libros de narrativa y ensayos de investigación, entre los que destacan El umbral del tiempo (novela, 2005), El envés de la frontera (cuentos, 2008), El drama de una confrontación: Garduña, de Manuel Zeno Gandía (ensayo, 2012), Historieta de amor (novela, 2018) y El libro de la noche (cuentos, 2019). En 2013 editó y publicó Memoria descifrada: vida de un escribano, Eugenio de Hostos. Sus libros han sido publicados por Los Libros de la Iguana, editorial de la que también es editora. Margarita ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

—Hace algún tiempo publicó Memoria descifrada: vida de un escribano, Eugenio de Hostos (2013). ¿De qué trata este trabajo de trasfondo histórico biográfico y cómo recorre entre la literatura y la realidad o no ficción? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle?

—Este libro contiene la primera memoria histórico-literaria de Puerto Rico, comenzada en 1862 y terminada en 1872, aproximadamente. Estaba archivada en la Biblioteca Nacional de Puerto Rico como “Documento ilegible. Diario del padre de Hostos”. Fue escrita por el mayagüezano Eugenio de Hostos Rodríguez, escribano real de Puerto Rico. Este libro contiene una investigación que me tomó años en completar. Comencé aproximadamente en 1996 y la completé en 2012 con intervalos en que la puse en suspenso para continuar otros proyectos. Comencé ese trabajo cuando el profesor José Juan Beauchamp, con quien colaboraba y quien dirigió mi tesis de Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico, acudió una noche a mi casa con un manojo de papeles y me pidió que lo ayudara a descifrar el manuscrito de unas memorias que escribió el padre de Eugenio María de Hostos y que nadie, hasta ese momento, había podido descifrar. Cuando vi las fotocopias, entendí por qué. Era un escrito en una caligrafía pequeña e intrincada, prácticamente ilegible. El profesor quería que le descifrara unos pasajes para aclarar unas dudas con respecto a Eugenio María de Hostos para un trabajo que estaba escribiendo. Me propuse descifrarlo completo. Beauchamp murió sin publicar su trabajo y yo continué la investigación del manuscrito. Para mí fue un gran reto, como si estuviera haciendo una excavación en un yacimiento arqueológico donde había una gran riqueza que debía extraer. Todo un reto a la imaginación completamente afincado en la realidad. Durante ese proceso de investigación, estuve escribiendo paralelamente mi novela El umbral del tiempo, el libro de cuentos El envés de la frontera y la investigación El mundo del azúcar y el drama de una confrontación: Garduña, de Manuel Zeno Gandía, que salieron a la luz antes que Memoria descifrada, pues cada proceso es independiente; como si se tratara de mundos aparte.

“Memoria descifrada: vida de un escribano, Eugenio de Hostos”, de Margarita Maldonado Colón
Memoria descifrada: vida de un escribano, Eugenio de Hostos, de Margarita Maldonado Colón (Los Libros de la Iguana, 2013). Disponible en Amazon

—¿Qué relación tiene Memoria descifrada con su trabajo creativo-investigativo anterior y posterior?

—Como dije antes, cada proceso es independiente. Toco el tema histórico, que siempre ha sido de mi interés. La búsqueda, tanto en la investigación literaria, como en la creación, es el elemento común que puedo identificar en ambas facetas de mi trabajo. Comencé a escribir El umbral del tiempo, una novela que trata el tema histórico y político con toques de ciencia ficción y literatura fantástica, antes de empezar con Memoria descifrada. Por otra parte, muchos de mis cuentos también se enmarcan en la historia, y aunque fueron concebidos antes y durante la investigación de Memoria descifrada, no tienen relación con el contenido de la misma. Hasta ahora, no he publicado trabajo creativo relacionado con esa investigación, aunque no lo descarto en el futuro.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona, investigadora y escritora, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo de entonces con el de hoy?

—Bueno, siempre miro el trabajo anterior con ojo crítico y pienso que podría mejorarlo. Existe la tentación de retomarlo y reescribirlo, pero eso nos pasa a todos los que escribimos. Uno se dice: “Pude haberlo dicho de este u otro modo, o pude haber incluido esto o lo otro”, pero cuando un libro sale, sigue su rumbo y hay que dejarlo ir. Con el tiempo, se van mejorando la expresión, los métodos y la experimentación. Cuando empecé a escribir, lo hacía con bolígrafo en libretas y lo pasaba luego a una de las primeras computadoras que tuve. Luego empecé a hacerlo directamente a la computadora. Cuando inicié la investigación de la memoria de don Eugenio de Hostos, lo hice con fotocopias del documento y una lupa. Con el paso del tiempo, evolucionó la tecnología y pude fotografiar con un celular las páginas del archivo y pasarlas a la computadora para ampliarlas, y poder leerlas mejor. Pero el grueso del trabajo lo había hecho de la forma difícil. Me sirvió para corregir y aclarar la información. He incorporado, en cierta medida, la tecnología a la investigación y al contenido de mis tramas. A mí me gusta experimentar mucho con la forma y las perspectivas y me gusta estar al ritmo del tiempo. Se evoluciona constantemente y siempre hay un proceso de aprendizaje. La experiencia y el estudio enriquecen al ser humano y eso, de alguna manera, se refleja en el trabajo.

Me veo como una escritora independiente.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico o fuera?

—Para mí es difícil contestar esta pregunta, pues no he tenido la oportunidad de participar como escritora de un grupo generacional. He interactuado con otras generaciones como el Grupo Guajana (Generación del 60), en el plano de amistad, y con algún que otro autor de la Generación del 70, también en el plano de la amistad o de colaboración editorial, pero no como grupo literario. Se me ha ubicado en la Generación del 70 por la edad, formación, educación universitaria y contexto social y cultural, aunque comencé a publicar en 2005. Yo misma me veo como una escritora independiente.

—¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico o fuera, y la de sus pares?

—Pues no he pensado mucho en eso. Mis libros han sido muy bien acogidos por la crítica y por los lectores y se han vendido relativamente bien en este desierto. Se han asignado en clases de la Universidad de Puerto Rico y en alguna de Estados Unidos; también en algunos colegios privados y escuelas públicas de aquí. En cuanto a mis pares, los escritores, profesores y amigos más allegados, han elogiado mi trabajo y lo han respaldado; de los demás, no sé. Hago mi trabajo sin mucho acceso a la publicidad, que es una ventaja que tienen algunos. Eso hace una diferencia y lo acepto porque es producto de su esfuerzo y trabajo. Me alegro de los logros de otros escritores que se han dado a conocer dentro y fuera de Puerto Rico. Eso nos enriquece como pueblo.

—Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera una autora puertorriqueña o no? O, más bien, una autora de literatura, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Por supuesto que me considero una escritora puertorriqueña; nací, me crie y me formé en Puerto Rico. No puedo enajenarme de lo que soy. Me preocupa mi país, esta colonia maltratada, oprimida y abusada por los grandes intereses políticos y económicos. Puedo escribir desde mi circunstancia y trascenderla porque los problemas son universales. Puedo escribir sobre un planeta desconocido, sobre un mundo utópico, sobre otro país, y mi visión de mundo seguirá siendo la de un ente con las preocupaciones, ideas y aspiraciones del grupo social al que pertenezco. Parafraseando a Goldmann, el autor es producto de sus circunstancias sociales y culturales, un ente social que le pone voz a su tiempo y expresa las circunstancias que vive, aunque no lo manifieste explícitamente. Ese es el valor de la literatura y del arte en general.

—¿Cómo integra su identidad étnica, su ideología política y su identidad de género con o en su trabajo creativo-investigativo?

—Me veo como un ente integral. Mi identidad étnica, mi ideología política y mi identidad de género me definen. Escribo desde el mestizaje que caracteriza al puertorriqueño, desde mi aspiración a la libertad de mi patria y desde mi posición como mujer. Uno de mis críticos ha dicho que mi literatura es muy femenina porque escribo desde esa perspectiva. Y no lo hago conscientemente, me sale así. Aun cuando he escrito una novela narrada desde la perspectiva de un hombre, un macharrán, Historieta de amor —bastante convincente asumiendo esa voz masculina—, subyace la visión de una mujer ante el machismo y las circunstancias que la arrinconan a un rol social. El umbral del tiempo, por otra parte, trata el tema político y la subversión; desde la voz de la mujer y del hombre, plantea nuestro problema colonial en dos tiempos. También es así en mis libros de cuentos, El envés de la frontera y El libro de la noche. En cuanto a lo investigativo, me concentro en figuras puertorriqueñas que han aportado a nuestro acervo cultural, como el caso de don Eugenio de Hostos, de Zeno Gandía, de Rafael Martínez Álvarez (autor de Don Cati, novela de los años 20 que tuve el privilegio de preparar), y otros autores que estoy investigando como Ana Roqué.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de investigadora y escritora hoy?

—Escribo cuando puedo. Mi vida es complicada, con muchas obligaciones, y eso limita el tiempo para el “ocio creativo”. Siempre sentí que sería escritora. Escribía, rompía, desechaba, guardaba. Empecé a publicar tarde. Pero la vocación supera todo eso. Nadie escribe desde la nada, tiene que partir de la experiencia, pero no uso mi vida como materia prima para escribir, ni la de las personas que conozco, aunque no es ilegítimo. Invento las historias a partir de una intuición y las experiencias de vida que sirven como masa para elaborar, añadiendo ingredientes a una trama, sin tener que recurrir a lo autobiográfico.

El escritor se encuentra solo, con muchos obstáculos para difundir su obra.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—No he estado muy pendiente a eso. Lo que he observado es que cuando se publica un libro, se recibe y se vende bien. Luego va decayendo el interés. Lo cierto es que, con el tiempo, resurge el interés en lo publicado anteriormente. Hay que tener en cuenta que vivimos en una colonia, con pocas oportunidades, pocas librerías, poca promoción, pocos medios de difusión de información literaria, y eso incide en la recepción del libro. El Departamento de Educación fomenta la literatura escasamente para algunos escogidos y los medios también. Así que el escritor se encuentra solo, con muchos obstáculos para difundir su obra. Yo siempre he trabajado sin buscar lauros ni glorias, sólo por amor al arte y aspirando a aportar algo a nuestro acervo cultural.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

—El más reciente libro que publiqué fue El libro de la noche, una colección de cuentos que me gusta mucho, y una edición de la novela Don Cati, de Rafael Martínez Álvarez, novela de los años 20 en Puerto Rico, que aborda el cambio cultural luego de la invasión estadounidense y el contraste con la anterior colonia española. Tengo dos trabajos de investigación pendientes, uno sobre la narradora puertorriqueña de fines del siglo XIX y principios del XX, Ana Roqué, y otro sobre una novela de fines del siglo XIX, de Federico Degetau. Tengo dos novelas en proceso y unas pequeñas memorias. Mientras tanto, sigo colaborando como administradora y artista gráfica de Los Libros de la Iguana, editorial fundada y dirigida por Reynaldo Marcos Padua. En cuanto a los proyectos literarios que tengo pendientes, espero que la vida me dé para completarlos.