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Noel Ernesto Ramírez:
“Cada uno de mis poemas ha dejado una huella en mi cuerpo”

domingo 13 de agosto de 2023
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Noel Ernesto Ramírez
Noel Ernesto Ramírez: “Uno no se llama poeta a sí mismo. Tus lectores u oyentes lo hacen por ti”.

Noel Ernesto Ramírez (Vega Baja, Puerto Rico, 1982) es dramaturgo, narrador y poeta. Estudió Teatro en la Universidad del Sagrado Corazón, en Santurce, Puerto Rico (2007-2009). Le apodan “El No”. Es desde 2014 uno de los poetas de las Ovejas Negras, una juntilla de letras puertorriqueñas. Actor desde 2013 en la obra El pelotero, está ligado al teatro y al cine desde hace más de dos décadas. Es egresado de la Lino Padrón Rivera en 2000. Él contestó todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

—Hace poco publicó usted Al parecer, todo pesa (2022). ¿De qué trata este poemario? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

—Gracias por invitarme a esta entrevista. Me tomó tanto por sorpresa como fue la oportunidad de publicar mi libro. La oportunidad surge gracias al patrocinio de Adalberto Núñez, que se ofreció a pagar la impresión de mi libro porque yo no lo podía hacer por mi cuenta. Sin ese respaldo jamás hubiera tomado la iniciativa. Así que es gracias a él. Al parecer, todo pesa, trata de lo difícil que puede ser para un poeta equilibrarse entre el mundo poético y el mundo físico. Cómo cada uno de mis poemas ha dejado una huella en mi cuerpo, aunque sean concebidos en las fantasías de mi mente donde las musas se manifiestan.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Al parecer, todo pesa, y su trabajo creativo-investigativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de escritor y su memoria personal o no de caribeño dentro de Puerto Rico o fuera?

Cada uno de mis poemas viene de los traumas que trae el estar vivo.

—Esa relación es la espina dorsal del libro. Su hilo conector es cómo cada uno de mis poemas viene de los traumas que trae el estar vivo. Las dificultades que trae la colonia para los creadores que intentan cosas. Y lo difícil que se le hace vivir en esta ciudad cuando no te sientes parte de ella.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona y escritor con su época actual de teatrero en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—No sé si maduré o si sólo pasé por otro cambio. Cuando niño, pensé que la madurez venía con la edad como por arte de magia. Pero después aprendí que la magia no existía; por ende, el madurar quizás tampoco. Creo que lo más que me ha hecho crecer y entender cosas ha sido el fracaso. Siempre me trataron como un niño talentoso, y eso me hizo creer que mi éxito estaba asegurado. Nunca me preocupé por la percepción que causaba ante los demás y todas las puertas que eso me cerraría. Cuando me vi sin opciones sabía que algo había que cambiar, quizás ahí fue que maduré, al menos un poco.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico o fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo e investigativo a su quehacer de teatrero y escritor?

—Creo que lo veo de dos maneras. Cómo mi trabajo influencia a los más jóvenes y cómo los más viejos me apoyan o rechazan. “Al parecer” hay muchas maneras de ver la poesía. Y de todas las alternativas que se me han presentado he aceptado como verdadera una sola. La poesía debe ser precisa y honesta. Trato de analizar lo que quiero decir, estudiar si mi perspectiva es correcta tratando de acercarme a la posibilidad de una verdad absoluta y demostrarla en las mejores estampas que la palabra me pueda dar. Mi generación se divide entre esas áreas también. Se concentran mucho sobre el estilo que usan para demostrar sus ideas. Pero eso es cuestionable. Los grandes letrados, y me refiero a esas letras que usan para acompañar sus nombres, suelen sugerir que la poesía tiene su propio proceso y que no dice lo que el poeta quiere decir. Así que estamos en un eterno debate sobre quién está haciendo lo correcto. Yo lo simplifico. Uno no se llama poeta a sí mismo. Tus lectores u oyentes lo hacen por ti.

—Ha logrado mantener una línea de creación-investigación literaria enfocada en el teatro y la poesía. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

—Sólo he podido llevar mi poesía por Estados Unidos, además de Puerto Rico, Pensilvania, San Francisco, Orlando, Nueva York y Chicago. La recepción ha sido regularmente la misma. Suelo encantarles a las personas que admiten no amar la poesía, y a los que sí le prestan devoción puede que les cueste un poco más. Pero mis mensajes suelen convencer a mis lectores y oyentes. En cuanto a mis colegas suele pasarles un poco lo mismo. Creo que la diferencia entre ellos y yo es que yo trato de impactar a personas de varios gustos y/o estilos literarios.

En Puerto Rico suelen ponerme en la categoría de poesía urbana.

—Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Definitivamente. Y mi estilo es muy puertorriqueño. En Puerto Rico suelen ponerme en la categoría de poesía urbana. Internacionalmente, la poesía puertorriqueña suelen considerarla “spoken word” (incluyendo a esos poetas que se consideran a sí mismos “académicos”), cosa muy extraña ya que ni siquiera es un término en español. Pero dada nuestra posición colonial con Estados Unidos, puedo entender por qué es percibida así. Yo me consideraría un ermitaño de la literatura. Alguien que vive como humano, pero fuera de la civilización.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo y su formación en teatro?

—Siendo honesto. En todo, mis sentimientos, mis conocimientos e ignorancia… Pero sobre todo con mi vocabulario. Gracias a que tengo un bachillerato en Bellas Artes y mi entrenamiento en teatro, quizás puedo proyectar ciertas imágenes o emociones usando palabras más simples. A veces lo veo de esta manera: podría demostrar lo virtuoso que soy tocando decenas de notas por segundo como un guitarrista de rock o decirlo todo con una sola nota de manera precisa. Todo depende de lo que quiera ser en ese poema.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su paso por la Universidad del Sagrado Corazón? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en Puerto Rico hoy?

—Tratando de desaprender. Diciéndome a mí mismo que mis estudios no me marcan, mucho menos mis préstamos estudiantiles. Superando mi trauma de no poder hacer estudios de maestría o doctorado. Durante mi tiempo en Sagrado Corazón pasé los mejores años de mi vida. Me permitieron trabajar mi liderazgo y soñar en grande. Pero, después de graduado, vi el mundo real y aprendí cómo se bate el cobre. Tuve que olvidarlo todo y empezar de cero.

Mi poesía se ha ido curando del machismo del que no era consciente.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—La gran diferencia es cómo mi poesía se ha ido curando del machismo del que no era consciente. Como algunos versos venían de mi privilegio y no de mi esencia humana. De las cosas que teníamos permitidas a decir con total libertad e incluso ser aplaudidas. Mi primer libro se llama La Luna también es para los hombres, y lo archivé al entender que era un poemario machista que sólo mencionaba a la mujer como esta figura deseada. Me ha hecho más responsable con mi obra y evitar dar lecciones de las que pueda o me tenga que arrepentir.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

—Estoy trabajando mis próximos poemarios. Tengo una miniserie de cinco poemarios llamado Personajes, de las que ya tengo disponible los primeros dos. También tengo dos poemarios en el tintero, Avecesdiario y Tajos. Adquirí una guagua de quince pasajeros con el sueño de llevar poetas a recitar por toda la isla, pero ha sido mucho más costoso el proceso de lo que podía imaginar. Y muchas otras cosas más que no debo decir aún, para “que no se me salen”.

Wilkins Román Samot

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