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El giro híper-inflacionario de la economía venezolana: guía para entender el desastre
Francesco Carrabs Caracciolo, en busca de soluciones

domingo 3 de marzo de 2024
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Francesco Carrabs Caracciolo
Francesco Carrabs Caracciolo: “Por mi experiencia docente desde la segunda mitad de la década de 1990 he venido trabajando en hacer accesibles a los estudiantes incluso los textos que les parecían más complicados de entender y las teorías más abstrusas”.

Pocos autores han abordado con tanta profundidad y claridad los desafíos económicos de un país marcado por las vicisitudes de una ideología que lo ha conducido a la ruina. Desde las páginas de su más reciente obra, El giro hiper-inflacionario de la economía venezolana, el reconocido investigador y docente ítalo-venezolano Francesco Carrabs Caracciolo (Caracas, 1968) desentraña los intrincados eventos que llevaron a una nación que alguna vez fue próspera al borde del abismo económico.

Egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV) en 1994 con el título de economista, nuestro autor ha dedicado décadas a la docencia universitaria, la investigación y la escritura. Su trayectoria abarca un amplio espectro, desde la compilación de trabajos sobre Marx y el marxismo hasta la investigación detallada sobre la fundación de la ciudad venezolana de La Victoria, en el estado Aragua. Ahora se ha embarcado en un riguroso viaje que, a través de sus 354 páginas, explora el devastador impacto de políticas económicas erráticas en Venezuela.

Este análisis exhaustivo no sólo ofrece una visión crítica de la situación actual, sino que también arroja luz sobre las raíces del colapso económico, destacando la interconexión entre la política y la economía. Las palabras de Carrabs Caracciolo sirven como un llamado a la reflexión para economistas, periodistas, investigadores y líderes políticos de todo el mundo, alertando sobre los peligros de las ideologías que anteponen los intereses de un sector y que, para ello, manipular la economía sin un conocimiento profundo de sus dinámicas.

 

El giro híper-inflacionario de la economía venezolana: nociones de un desastre

Tu libro El giro híper-inflacionario de la economía venezolana aborda la realidad económica y política de Venezuela en los últimos años. Hablando en los términos más sencillos posibles, ¿qué respuestas va a encontrar en tu libro el lector no especializado, el que llegue al libro por su interés en comprender la crisis?

En primer lugar, cualquier lector entenderá por qué, y cómo, cualquier política económica de transición al socialismo que se ensaye (como, por ejemplo, la del “socialismo del siglo XXI”) en cualesquiera país y coyuntura, abocará necesariamente a un proceso acelerado de inflación, tanto monetaria como de precios. Y esta necesidad se evidencia tanto en lo teórico como en la experiencia histórica de los “socialismos reales”. Luego, verá por qué los argumentos prosocialistas de los economistas afectos al “proceso revolucionario” venezolano son deficientes e ineficaces en su intento de exculpar a los gobiernos chavistas respecto del advenimiento del giro hiperinflacionario de la economía venezolana. Comprenderá también el lector cuál es la naturaleza conceptual del precio, lo cual le servirá para entender por qué la fijación legal de precios “justos” o “acordados” incide directa e inevitablemente en la inflación de precios, pese a las excusas oficialistas. Podrá después descubrir el lector cómo se originó en Venezuela con la economía de guerra el sistema institucional intervencionista que preparó y facilitó la llegada del ensayo socialista como un resultado necesario. Y, finalmente, disponiendo ya de todos estos elementos conceptuales, el lector podrá tender su mirada proactiva hacia el porvenir de los precios y de la economía en Venezuela. Esto es lo que encontrará el lector en esta obra, en su búsqueda sincera de comprender la crisis económica venezolana aún en curso.

 

“El giro hiper-inflacionario de la economía venezolana”, de Francesco Carrabs Caracciolo
El giro hiper-inflacionario de la economía venezolana, de Francesco Carrabs Caracciolo (2023). Disponible en Amazon

En las consideraciones preliminares comentas cómo previste, en 2015, que podía avizorarse en el horizonte un proceso de hiperinflación, como en efecto se vivió de 2017 a 2021. ¿Puedes hablarnos de cuáles fueron las señales que advertiste y cómo influyeron para que decidieras escribir esta obra?

Lo comenté al referirme a los motivos y propósitos que me guiaron. Allí relaté que se podía advertir claramente que había una inflación rezagada de precios por estallar que estaba siendo artificialmente contenida con medidas administrativas-judiciales, tales como los controles de precios y cambios, que en vez de solucionarla la estaban potenciando. Además, había ya registros de una tendencia clara a la recesión publicados por el propio BCV durante 2014. Y, en general, saltaban a la vista la ignorancia, el desprecio y la no disimulada molestia con que los intelectuales, periodistas, partidarios y funcionarios de todos los niveles, afectos al gobierno chavista, abordaban estos temas económicos, despachándolos con burdos eslóganes ideológicos, lo cual hacía muy fácil presagiar lo peor.

Por otra parte, tampoco se advertía en los economistas de oposición en general, demasiado limitados ellos a su habitual enfoque estadístico-econométrico, y de intervencionismo macroeconómico, algún tratamiento satisfactorio de esta situación en sus exposiciones, declaraciones y publicaciones.

La conciencia de todo esto, aunada a mis intereses personales en los ámbitos académico, teórico y divulgativo, me llevaron a tomar la decisión, y ejecutarla, de investigar para escribir, editar y finalmente publicar esta obra.

 

En El giro híper-inflacionario de la economía venezolana aportas un denso contingente de datos estadísticos y de citas que permiten conocer las causas y el alcance de la profunda crisis en que se ha sumido Venezuela. ¿Cómo fue el proceso de investigación y recopilación de información para plasmar esta compleja realidad?

Fue un proceso muy fácil y natural para mí, debido a que ya para preparar mis clases corrientes en las asignaturas de Economía y Finanzas, Teoría Económica, Matemáticas Financieras y Metodología de la Investigación me apertrechaba con gran cantidad de datos estadísticos de la coyuntura, por ejemplo: índices de precios al consumidor, tasas de variación del producto interno bruto (PIB), liquidez, consumo, inversión, exportaciones, importaciones, tasas de interés, etc. En las clases, suelo ilustrar la exposición conceptual con estos datos, para facilitar la comprensión de los estudiantes. También la preparación de las emisiones semanales de un programa radial sobre estos temas que conduje entre 2015 y 2016 me obligó a reunir bastante información del día a día económico nacional, para comentarla y explicarla a la audiencia.

Luego, la propia elaboración progresiva del libro iba sugiriendo las nuevas fuentes a consultar, que se entremezclaban, obviamente, con la propia formación personal y profesional forjada a través de los años, desde que emprendí los estudios formales de Economía en la UCV, durante la segunda mitad de la década de 1980. De todo ello provienen las citas referidas a lo largo del texto. En todo caso, la base estadística aporta solamente información histórica, la cual requiere siempre de una sólida teoría económica que permita su adecuada interpretación, análisis y exposición.

 

Lee también en Letralia: primeras páginas de El giro híper-inflacionario de la economía venezolana, de Francesco Carrabs Caracciolo.

Francesco Carrabs Caracciolo y las bases históricas de la crisis

Un elemento importante en tu análisis es la razón política de muchos de los problemas económicos que afronta Venezuela, y no me refiero sólo a la hiperinflación sino a la totalidad de las rudas aristas de nuestra crisis. ¿Podrías compartir tu perspectiva sobre la relación entre la política y la economía en Venezuela y cómo esta conexión impactó en la situación actual del país?

En general, política y economía son dos aspectos de la misma realidad. Por ejemplo, en su tratado de política Aristóteles incluyó la economía en los primeros capítulos. Son separados sólo con fines analíticos y de organización académica. Los individuos desarrollamos nuestras actividades económicas ordinarias (trabajo, compras, ventas, etc.) dentro de un marco institucional y legal manipulado por los gobernantes de turno y los funcionarios subordinados a ellos. En Venezuela, esta burocracia echó las bases de nuestro sistema económico contemporáneo a finales de la década de 1930, al forjar los instrumentos requeridos por el intervencionismo fiscal, monetario y de precios conveniente para la coyuntura generada por la Segunda Guerra Mundial. Desde allí se organizó una economía de guerra (o sea, un conjunto de prácticas y medidas adecuadas a tiempos de guerra, como los controles gubernamentales de la producción y de los precios) que no se abandonó ya más. Luego, este intervencionismo prolongado preparó y facilitó el camino al ensayo prosocialista que ha caracterizado a nuestra economía en este primer cuarto del siglo XXI, el cual consiste en una expansión y una intensificación de ese intervencionismo, con sus expropiaciones, su dirección centralizada y sus múltiples controles. El resultado, común a todos los demás ensayos históricos conocidos de “socialismo real”, todavía lo estamos padeciendo (estanflación, destrucción masiva de capital con su corolario de pérdida de capacidad productiva, empleos, ingresos, etc.).

 

Destaca en el libro el análisis que haces de dos características esenciales de este proceso: las expropiaciones y el control de precios. ¿Puedes hablarnos de sus consecuencias perniciosas y de cómo influyeron en la aparición de la hiperinflación?

Como decía en la respuesta anterior, las expropiaciones y los controles de precios son medidas características de los proyectos prosocialistas. Las expropiaciones, o sea, la usurpación de los derechos de propiedad ajenos, arrebataron recursos a quienes gestionaban su uso productivo, y con criterio de proselitismo político los pusieron en manos que los volvieron improductivos y redujeron la oferta de los bienes y servicios. Además, destruyeron la confianza de los inversionistas, que es siempre necesaria para dedicar recursos a los negocios de los que depende la vida económica. Por su parte, al ser los precios la clave de la coordinación económica entre los consumidores y los productores, su control administrativo por funcionarios estatales impide que cumplan esa función de informar a los interesados cuál es la verdadera escasez relativa de los factores de producción y de los bienes y servicios, desorientando así su toma de decisiones; los llamados “precios” lo serán sólo de nombre, pues pasarán a expresar sólo los deseos y criterios de quienes los controlan. Y una vez que se fija un precio máximo de un bien o servicio, se incentiva su demanda por parte de un grupo de consumidores que no hubiera tenido acceso al mismo a un precio mayor, y, al mismo tiempo, se desincentiva su oferta por parte de un grupo de productores que ya no obtendrían los beneficios esperados al tener que vender al precio fijado; en definitiva, aumenta la escasez del bien. Todos estos desajustes artificiales (junto con una emisión monetaria irresponsable que llena periódicamente las billeteras digitales de sus beneficiarios, una generación bastante menguada de petrodólares por parte de una industria petrolera nacional arruinada, y un manejo errático del mercado de las divisas escasas), condujeron directamente al giro hiperinflacionario de los precios en Venezuela.

 

Al asumir que toda realidad económica no es más que una construcción social sustentada por un discurso opresor, perdieron el respeto por cualquier tipo de leyes económicas.

Hay en el libro un detallado examen de los argumentos y las justificaciones de economistas del chavismo para las políticas económicas aplicadas desde su llegada al poder. ¿Puedes dar a nuestros lectores un resumen general de estas posturas?

En el libro expuse, evalué y critiqué los que considero son los tres fundamentos comunes de los argumentos que suelen plantear los economistas prosocialistas (al menos en los casos excepcionales en que intentan argumentar en lugar de limitarse a repetir eslóganes y descalificar a los oponentes): una marcada aversión a la globalización neoliberal, la identidad chavista como síntesis de los lugares comunes del izquierdismo económico de siempre, y el constructivismo radical posmoderno. En el trasfondo de todos sus planteamientos económicos se halla la creencia infundada en teorías ya superadas, como la del valor consistente en los costos de producción, y la de la explotación de una clase oprimida por otras dominantes. Y ello entremezclado con visiones mecanicistas de lo que es el mercado, y una tergiversación hasta la caricaturización y la criminalización del capitalismo y del liberalismo, confundido siempre éste con ese engendro intervencionista al que llaman “neoliberalismo”. Luego, al asumir que toda realidad económica no es más que una construcción social sustentada por un discurso opresor, perdieron el respeto por cualquier tipo de leyes económicas (como la ley de oferta y demanda, o la de los rendimientos decrecientes, etc.). Y ya instalados en este punto de vista, se les volvió natural confiar en que podían manipular caprichosamente y sin consecuencias adversas los recursos, los instrumentos y las variables de la economía: la moneda, los impuestos, la propiedad, los gastos, la legislación, las empresas, etc. Pero la realidad económica regida por leyes económicas no se anula ni se disuelve por estas actitudes despectivas hacia ella, y termina pasando su onerosa factura, como de hecho nos ha obligado a pagar, por ejemplo, con la prolongada y destructiva hiperinflación de precios, padecida al menos entre 2017 y 2021. Respecto de este fenómeno devastador, las posturas de estos economistas prosocialistas se han seguido apoyando invariablemente en los mismos tres fundamentos, ya sea intentando negar la realidad de la inflación al reducirla a un simple y opresivo discurso metafórico, o bien negando que se deba a una emisión monetaria excesiva, o considerándola como “inducida” adrede por la manipulación conspiratoria del tipo de cambio.

 

Una consecuencia de la hiperinflación fue una dolarización de hecho, estado en el que se encuentra Venezuela en la actualidad. En tu opinión, ¿es sana esta situación?

En mi opinión, no sólo es una situación más sana que la antecedente, sino que, aún más que eso: permitir o tolerar el libre uso del dólar en las transacciones cotidianas, luego de haberlo tratado como un delito punible (Ley de Ilícitos Cambiarios), ha sido la única salida práctica posible conseguida por el gobierno madurista para vadear de algún modo la corriente del desastre monetario y económico que él mismo había desencadenado previamente con su intervencionismo prosocialista. Al mismo tiempo, deja una significativa lección (al menos para quienes puedan entenderla): hay que dejar que seamos los propios individuos quienes decidamos qué moneda usar, en qué montos, y para adquirir cuáles mercancías, en vez de decidir discrecionalmente todo esto desde alguna oficina estatal; o sea, ha terminado siendo precisamente el laissez-faire de la economía de mercado (tan detestado y condenado por el chavismo) lo que les ha venido ayudando a sortear provisoriamente sus gravísimos entuertos de política económica.

 

El único sistema económico que le puede garantizar el bienestar y el nivel de vida a que aspira legítimamente es el de la economía de libre mercado.

La solución está en el individuo

Venezuela ha vivido en los últimos años un masivo fenómeno de emigración, consecuencia de nuestra realidad política y económica. En tu libro señalas cómo todos los movimientos de izquierda que llegan al poder incurren en una similar dinámica económica que desemboca en complejas crisis; sin embargo, el fenómeno ideológico continúa “enamorando” a otras sociedades. ¿Cuáles consideras que son las lecciones que otros países pueden aprender de la experiencia venezolana?

En realidad, más que para otros países son lecciones para cada individuo de esos otros países; esto puede parecer una tontería, pero, al contrario, es de la mayor importancia: los países no tienen realidad óntica, sino sólo los individuos adscritos a tal o cual país, de manera que es cada individuo en esos otros países quien pudiera aprender alguna lección del caso Venezuela. En primer lugar, debería cuidarse más de creer en los “pajaritos preñados” que les ofrecen los políticos en sus ofertas electorales grandilocuentes: subsidios, bonificaciones, renta básica, justicia “social”, etc. Debe llegar a comprender con realismo que ningún gobierno produce las riquezas que ofrece repartir tan “generosamente”, sino que, para hacerlo, debe arrebatársela antes a quiénes sí la producen, causando con ello más problemas (y de mayor gravedad) que los que trataba de solucionar. Debe también aprender a valorar y defender más su propio derecho a la propiedad, así como la libertad de gestionarla por sí mismo; en el mismo sentido, también todos sus demás derechos individuales (libertad de expresión, de asociación, etc.). En resumen, que el único sistema económico que le puede garantizar el bienestar y el nivel de vida a que aspira legítimamente es el de la economía de libre mercado, siempre que esté dispuesto a asumir el rol proactivo que se requiere para integrarse y participar provechosamente en el mismo. Si no se aprende estas lecciones tan básicas, se estará expuesto a situaciones económicas decadentes que arruinan: puedo citar con conocimiento el caso de Italia. Cuando estaba aún organizándose, el partido llamado Movimento 5 Stelle enviaba miembros a Venezuela a aprender de los programas sociales chavistas; aquí los recibían, los “paseaban” por los sitios del programa Barrio Adentro y les instruían ideológicamente. ¿Qué pasó? En las elecciones generales de 2018 ganaron ofreciendo un “reddito de cittadinanza” (“ingreso de ciudadanía”) que terminó convirtiéndose en un foco general de corrupción; ese gobierno populista fue tan negativo que en las siguientes elecciones generales de 2022 perdieron el apoyo masivo que les había legado antes al triunfo. Lamentablemente, las lecciones suelen ser aprendidas sólo después de grandes y costosas decepciones.

 

En resumidas cuentas, ¿crees que puede sostenerse un país con una economía basada en los principios que defiende la izquierda?

Por todo lo que he respondido antes, es muy obvio que no.

 

La solución debe hallarla cada uno al volverse bastante consciente de la situación y actuar en consecuencia.

Dedicas un capítulo al futuro, y me gustaría que me hablaras de si es factible una solución a todos estos problemas. ¿Qué ves en el horizonte para la economía venezolana? ¿Qué habría que hacer para reconstruir la economía y, en general, la sociedad?

Por supuesto que es factible salir de todos estos problemas, pero, obviamente, se requiere tomar clara conciencia de su naturaleza para luego remar en la dirección que conduciría a esa salida. Generalmente, cuando se pregunta y se piensa en una salida se suele recaer en el mismo colectivismo del que se requiere salir; es decir, se piensa que se debe concebir y diseñar una solución para “la economía venezolana”. Sin embargo, esto es sólo una ilusión que resulta ser de lo más fatal. “La economía venezolana” no es más que una expresión para referirse: bien al conjunto de interacciones entre todos los individuos que le damos alguna realidad al cooperar buscando realizar cada quien sus propios objetivos, o bien a los resultados cambiantes que se van obteniendo en el curso de esta cooperación en términos de precios, producción, etc. Así como “un país” no tiene realidad óntica como tal “país”, lo mismo vale aquí para la economía de un país: no es un ente, un ser con realidad y autonomía propias. Con todo esto sólo quiero decir que la solución debe hallarla cada uno al volverse bastante consciente de la situación y actuar en consecuencia, cooperando con otros individuos de manera libre y voluntaria en transacciones que sean un “ganar-ganar”. En la medida en que más individuos lo hagamos, se irá debilitando y superando la coerción que, por su propia naturaleza, ejerce el aparato estatal sobre nuestras actividades económicas. Esto no es ninguna quimera utópica. Lo que decíamos antes de la dolarización de facto es un ejemplo: no fue que el gobierno la haya decidido y después se haya extendido; al contrario, ya los individuos la venían practicando para proteger sus patrimonios al margen de la legislación que la prohibía y sancionaba, y luego el gobierno, por su propia conveniencia coyuntural, la ha tolerado. Entonces, la llamada reconstrucción de nuestra economía y de nuestra sociedad no será obra de ingeniería económica, sino resultado de la cooperación espontánea de individuos que vayan cobrando conciencia de todo esto y lo vayan poniendo en práctica.

 

Desde la Escuela Austríaca hasta el Surat Shabda Yoga

Eres un economista con una dilatada trayectoria, pero también un docente y un comunicador con experiencia en radio, algo que se aprecia en la redacción, que en mi opinión no está dirigida sólo a especialistas sino en general a cualquier lector interesado en el tema. ¿Qué desafíos implicó para ti escribir el libro en este registro?

En realidad ninguno, pues por mi experiencia docente desde la segunda mitad de la década de 1990 he venido trabajando en hacer accesibles a los estudiantes incluso los textos que les parecían más complicados de entender y las teorías más abstrusas, explicando unos y otras de manera de facilitar su comprensión. Y luego he seguido siempre ese mismo objetivo con respecto a los lectores, al escribir los libros que he publicado antes de este. Los escribo asegurándome de haber expresado y desarrollado los conceptos y demás contenidos lo más claramente posible.

 

En tu trayectoria se conjugan varios intereses heterodoxos: desde la coordinación de un libro que pone a debatir a marxistas y antimarxistas venezolanos hasta una trilogía sobre la historia de la ciudad de La Victoria, pasando por tu traducción de un libro sobre la lógica de Hegel. ¿En qué otros proyectos trabajas en la actualidad?

Como es mi costumbre, voy trabajando alternativamente en varios proyectos de publicaciones: en la actualidad, en un libro dedicado a la llamada Escuela Austríaca de Economía (a la cual ya le he dedicado algunas páginas en las consideraciones preliminares de este libro); en un ensayo para desmontar la mitología que asoció la celebración del Día Nacional de la Juventud con la Batalla de La Victoria del 12 de febrero de 1814; en un manuscrito con notas de lectura sobre la biografía intelectual de Karl Marx; en complementar algunas partes de lo que fue el trabajo de grado con el cual egresé de la Escuela de Economía de la UCV, dedicado al concepto de economía política en el libro seminal La riqueza de las naciones, de Adam Smith, y en un ensayo para presentar a los lectores de este siglo XXI las enseñanzas de los maestros espirituales de Sant Mat, las cuales son conocidas también como el Sendero de los Maestros, o Surat Shabda Yoga (o sea, la yoga o unión de la atención individual con la sagrada corriente de sonido interno). También tengo previsto redactar un guion para teatro o cine que permita representar los contenidos de mi trilogía sobre la fundación de La Victoria. Y finalmente, algunas publicaciones con fines didácticos sobre las asignaturas de mis clases.

Jorge Gómez Jiménez

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