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La argentina Diana Guillén explora géneros y estilos diversos en Cajitas
Se busca editorial para una novela brillante y caleidoscópica

viernes 22 de marzo de 2024
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Diana Guillén
Diana Guillén: “Estoy convencida de que los lectores van a amar a Malena, la protagonista de Cajitas. Desearía que la editorial en cuestión organice una buena difusión, distribución y cantidad de presentaciones, sobre todo en diferentes ferias del libro”. Natalí Imhoff

La escritora y gestora cultural argentina Diana Guillén (Córdoba, 1977) tiene entre manos una novela brillante que construyó a la manera de un caleidoscopio en el que se cruzan géneros y estilos diversos. Cajitas, una obra que trasciende las convenciones narrativas, invita al lector a explorar la vida de Malena, un intenso personaje cuya historia se va desarrollando en diversos puntos geográficos a medida que cartas, diálogos, poemas y otros elementos artísticos van desplegándose en las 35 “cajitas” a las que alude el título.

Obra además provista de un gran contingente simbólico, Cajitas permanece inexplicablemente inédita y su autora ha comenzado a buscar una editorial que la apoye y la acompañe en este viaje. La novela, de clara estirpe transgenérica, es el resultado no sólo de técnica y de oficio literario, sino de las experiencias de Guillén, una narradora y artista que le debe la vida a la literatura y cuyo proceso le ha aportado invaluable sustancia a su trabajo.

Licenciada en Cine y Televisión y gestora cultural con más de tres décadas de experiencia en el mundo de las letras, Guillén nos lleva hoy, en esta entrevista, a través de su proceso de creación, explorando las capas de su singular narrativa, al tiempo que nos habla de su rica trayectoria que no se limita a la literatura, pues abarca igualmente la realización de mediometrajes o la dirección de espacios culturales.

 

Lee también en Letralia: reseña de Cajitas, de Diana Guillén, por Alberto Hernández.

Diana Guillén, tras la editorial adecuada

—Has utilizado una variedad de géneros para crear tu novela Cajitas. ¿Cómo llegas a su estructura tan particular? ¿Qué desafíos representó para ti?

—No representó grandes desafíos. Al leer a escritoras cuyo trabajo se fundamenta en el tema del tipo de registro, y no tanto en los géneros, me resultó divertido, lúdico, inspirador el crear una novela de estas características. Mis autoras fetiches, si se pueden llamar así, haciendo un paralelo entre la literatura y el cine, son Aurora Venturini, Marguerite Duras, Marosa di Giorgio, Silvina Ocampo, Carson McCullers, Clarice Lispector y Djuna Barnes. Fui totalmente libre, las diversas cajitas me ayudaron a ello, a ser libre. Ellas son el recurso, la excusa para jugar con los diferentes registros (poéticos, narrativos, ensayísticos…) y a la vez para hablar sobre la memoria. Salirme de los cánones de la novela decimonónica y “saltar al vacío”, como diría Lispector.

—En el proceso de llevar Cajitas al público, ¿podrías decirnos qué esperas lograr al encontrar la editorial adecuada?

—El deseo es encontrar aquella editorial que valore tanto la novela como a la autora, trabajando a la par y realizando un acompañamiento. Sé que publicar una novela no es “soplar y hacer botellas” (dicho argentino). Pero estoy convencida de que los lectores van a amar a Malena. Desearía que la editorial en cuestión organice una buena difusión, distribución y cantidad de presentaciones, sobre todo en diferentes ferias del libro. Sería interesante que contara con una plataforma de venta de e-books y audiolibros y así poder llegar a todo el globo.

—Las “cajitas” son elementos clave en tu novela. A medida que se avanza en la lectura no puede uno sustraerse de la referencia mitológica a la caja de Pandora. ¿Podrías hablarnos sobre el simbolismo detrás de estas cajas y cómo contribuyen a la narrativa de Malena?

—Es indudable la relación que suscitan estas Cajitas con la gran caja de Pandora. Aunque esta novela lejos está de querer evocar los males del mundo (ni las dichas). Las diversas cajitas que utilizo son un recurso para acceder a la memoria de Malena. A la personal, pero, en definitiva, a la colectiva. (¿Seremos memoria, acaso? Pienso que no en lo individual. Muchas personas padecen enfermedades cognitivas, las cuales les impiden acceder a la memoria; tienen vida, aunque sin recuerdos. En lo colectivo, pienso que sí. Llevamos la memoria en nuestro ADN). De alguna manera, todos, en algún pasaje, nos sentimos identificados con algún personaje o situación de la novela. Ahora puedo hablar de ello, pero al inicio, cuando me embarqué en este viaje, lanzándome al océano de la escritura, totalmente a la deriva, sin tierra a la vista, no veía los objetivos. Sólo remar/escribir teniendo la certeza de que llegaría a buen puerto, a salvo.

—Malena es una protagonista que desafía las categorizaciones tradicionales, y que se define a sí misma como alguien con un espíritu combativo. ¿Cuánto de Diana Guillén hay en este personaje tan complejo y cambiante?

—Vaya pregunta. ¡Claro que sí! Y el escritor que diga que nada tienen sus personajes de él, miente. Estoy en Malena y varios personajes. Rasgos en los que una se reconoce que deposita en mayor o menor medida en los habitantes de ese universo. La protagonista está construida con rasgos propios, de mi madre y de mi abuela. Algunas aventuras y desgracias que vive esta mujer llamada como el tango las he vivido en carne propia, en carne viva, diría. Esta novela representa para mí una bisagra visceral. El no conocer mis raíces, el hecho de ser adoptada y por otro lado el haber sido víctima del violador serial de Córdoba (que perpetró a más de cien mujeres). Sufrir física, mental, emocional, espiritualmente, semejante vejación, ha conjugado una sed insaciable de tinta. Con ella escribimos, nos hacemos visibles, pero también nos ocultamos tras ella, como el calamar, invisibilizándonos.

 

Cajitas, la voz de lo que callamos

Cajitas se desarrolla en una multitud de ubicaciones geográficas conforme se desarrolla la vida de Malena. ¿Cómo influyeron estas ubicaciones en tu historia y en la evolución de Malena como personaje?

—Malena hace un periplo sugestivo, desde que nace en Aguada Los Jotes hasta su Nerja no natal. Cada uno de esos lugares ha sido un ladrillo basal en la construcción de mi vida. Donde he vivido/sufrido amores, pasiones, desamores, angustias, sueños y fantasías. Por ello cada ubicación geográfica mencionada es parte de mi fibra íntima. Y soy yo, la autora, la que da a la voz narradora la sustancia para que cuente lo que callamos, lo vedado. Pero no soy ella, no soy Malena.

—Eres licenciada en Cine y Televisión y además tienes una trayectoria como gestora cultural. Sé que una joya del séptimo arte como es Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore, tuvo un gran peso en la escogencia de tu carrera. ¿Puedes decirnos cómo influyeron tus conocimientos y experiencias en estas áreas en la creación de Cajitas?

—Haber estudiado y haberme recibido de licenciada en Cine y Televisión ha sido de gran importancia en mi carrera literaria. En las aulas aprendí de construcción de personajes, caracterización, la escritura audiovisual, tener en cuenta la banda sonora, los quiebres en relación con el tiempo. Una cosa es la historia y otra muy diferente es el relato. Las afamadas elipsis. Los diferentes tipos de narradores, el ambiente escenográfico que, en definitiva, también construye al personaje. Sí, creo haber tomado muchos recursos de mi profesión para escribir Cajitas.

—Desde Barlovento hasta Atlántida o el continente desconocido has explorado diferentes géneros literarios. ¿Cómo describirías la evolución de tu escritura a lo largo de estos proyectos?

—Es verdad. He escrito primero Barlovento, publicado en 2018, libro de relatos en prosa poética, oscuridad y deseo, mientras que en Atlántida o el continente desconocido, publicado en 2022, emergen el aire y la luz que significan las aventuras en casa rodante durante la infancia. En cuanto a la evolución de mi escritura ha sido positiva, también ardua. Escribir es un trabajo. Lo primero es leer; lo segundo, evocar; lo tercero, revolcarse en las oscuridades del propio abismo; lo cuarto es escribir y lo quinto, no decir.

—En estos tiempos en que asistimos a un proceso de resignificación y revaloración de los géneros, ¿qué tiene que decirle Cajitas a la mujer lectora y a la mujer escritora? ¿Qué tiene que decirle, por otra parte, al hombre lector y al hombre escritor?

—Interesante pregunta. En principio, diría que lo que importa es ser humano, la solidaridad, el amor, la compasión entre unos y otros, sin barreras de género. Por otro lado, no puedo negar que me ha sido asignado un género o mejor dicho sexo, femenino, y desde esa visión escribo, le diría a la mujer escritora: ¡Arriésgate! Haz tu propia búsqueda. Nadie quiere novelas enlatadas. A la lectora, que el mundo se mueve con nuevos paradigmas, podemos aventurarnos a leer a uno, a otra, u otre, y salir de esa lectura siendo otra persona. Al hombre escritor, que salte de los cánones, de los márgenes establecidos, que juegue. Y al hombre lector, que se atreva a permitirse que el arte lo incomode.

 

Día a día, momento a momento. La literatura me insufló vida cuando estaba a punto de perecer.

La escritura, tabla de salvación

—En nuestras comunicaciones previas nos dijiste algo que nos dejó con una profunda impresión: que estás viva gracias a la escritura. ¿Puedes hablarnos más de esto? ¿Puede ser sanadora la literatura?

—Totalmente. La escritura es sanadora. Ella me ha salvado de cometer el mayor acto contra mi persona. Ha sido una tabla de salvación cuando me estaba ahogando. Poder sacar de mí toda la negrura como una secreción de tinta sobre el cuerpo blanco de la hoja. Y luego poder leer eso, lo que ya está fuera de mí. Día a día, momento a momento. La literatura me insufló vida cuando estaba a punto de perecer.

—Has participado en varias antologías. ¿Cómo valoras la colaboración con otros escritores en tu proceso creativo? ¿Sientes que ha enriquecido esto tu perspectiva literaria?

—Sí, he enriquecido mi trabajo literario participando en diversas antologías, aunque, sin faltar a la verdad, debo decir que no todas. Algunas fueron creadas con base en la necesidad económica de un grupo de abaratar costos de publicación. En otras ocasiones, hemos creado en comunión y amado el proceso, bajo el influjo de una escritora a la cual todas admiramos. O como en este momento, que he escrito un poema para una antología/causa, el pueblo saharaui en pie de lucha con el Reino de Marruecos.

—Llevas adelante un ciclo de encuentros temáticos llamado Carpe Noctem, algo que te ha dado una perspectiva singular del panorama literario contemporáneo. ¿Cómo has visto evolucionar ese panorama? ¿Qué crees que aporta este tipo de encuentros temáticos a la comunidad literaria?

—La creación del ciclo literario Carpe Noctem ha significado un gran desafío a todo nivel. Social, por un lado, porque al inicio no sabía cómo lo iba a receptar la comunidad literaria de Córdoba. Y debo agradecer que fue con total aceptación. Carpe Noctem tiene un manifiesto que nos habla del cambio de los tiempos, el amor sin géneros, de inclusión y arte mediante diversas disciplinas artísticas. Hasta el momento hemos propiciado cuatro encuentros temáticos: “El deseo”, “La noche del Fénix”, “Caer en la tentación” (en plena Semana Santa) y “La noche del Marqués” (de Sade). Y, por otro lado, a nivel personal, tuve que cancelar las siguientes entregas del ciclo por un problema de salud. Pienso que es un gran aporte a la vida literaria de la ciudad, un golpe en la boca del estómago para despertar y poner en juego la oscuridad, la palabra cruda, el deseo… sin tapujos. La idea es continuar este año 2024.

—Quienes te conocemos sabemos que eres una persona en constante actividad. ¿En qué proyectos trabajas actualmente?

—En este momento trabajo en el prólogo de El niño herido, poemario del autor Luciano Armando, a quien le diseñaré la presentación artística de su libro y editaré un video para tal ocasión. Presentaré, dentro de poco, dos performances. Trabajo como modelo vivo para artistas visuales. Participo de una antología llamada Del río Suquía al río de Oro, apoyando la lucha del pueblo del Sáhara Occidental por su libertad, ya que vive bajo el control, sometimiento infligido por el Reino de Marruecos, pretendiendo poseer el territorio. Mientras tanto estoy adaptando un libro en obra de teatro y escribo mi segunda novela, La habitación de los helechos, donde Théo y Vita dan vida a esa historia, que Malena escribió, y dejó asentado al final de Cajitas.

Jorge Gómez Jiménez

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