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Cajitas, una novela de Diana Guillén

viernes 8 de marzo de 2024
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Diana Guillén
Diana Guillén ha escrito una novela multifacética, Cajitas, en la que se vale de varios géneros escriturales y artísticos para relatar la vida y aventuras de su protagonista, Malena. Natalí Imhoff
Cuántas cajitas una guarda en la mente, en compartimentos separados. Miles, millones de cajitas de colores brillantes y de oscuridad.
Diana Guillén
Mi método es la síntesis y el sincretismo.
Antonieta Madrid

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Diana Guillén, argentina nacida en Córdoba en 1977, ha terminado —y la tiene lista para una editorial que ponga sus manos en ella— una novela tesis titulada Cajitas cuya estructura me aproxima a los estudios de la profesora Alicia Perdomo, a sus trabajos sobre la narrativa de Antonieta Madrid y la dramaturgia de Elisa Lerner. Las escritoras venezolanas tratadas por esta investigadora literaria, hace pocos años desaparecida, son escudriñadas a través de un lenguaje que obliga al lector a revisar el discurso de quien por años formó parte de una “escuela” crítica que era temida por la verticalidad de sus afirmaciones acerca de la escritura venezolana.

Y afirmo novela tesis porque encara una técnica que se explica ella misma desde su estructura, desde su osadía para mostrarse ante un público que, seguramente, activará los sentidos para descubrir que la autora se expresa a través de diversos géneros estéticos para crear su universo ficcional. Y, en efecto, Guillén se vale de una manera que podría tener un referente en la venezolana Antonieta Madrid, quien usa fotografías para escribir su Ojo de pez (Editorial Planeta, colección Narrativa; Caracas, 1990), novela estudiada por Perdomo en el libro La ritualidad del poder femenino (Fundarte/Alcaldía de Caracas, 1991), mientras la argentina lo hace con cartas, diálogos, poemas, canciones, videollamadas, guiones teatrales, fotos y otros elementos para desarrollar su atractiva y plural recreación de la vida de Malena, su familia y demás actantes que la acompañan.

Cajitas es una novela multifacética. Es un trabajo multigenérico o transgenérico.

Tesis porque podría generar otras para que otros narradores estudien la novela. Igualmente, serviría de modelo o muestra para futuras estructuras de ficción, sobre todo si se trata de relatos que ameriten la aplicación de metodologías en obras de corpus no convencional, que en Guillén se advierte en la alternancia de planos, en la fragmentación, en el sincretismo, en la síntesis.

Cajitas es una novela multifacética. Es un trabajo multigenérico o transgenérico, toda vez que la narradora se vale de varios géneros escriturales y artísticos para relatar la vida y aventuras de Malena.

 

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Diana Guillén usa 35 cajitas —35 micronovelas— para armar su novela totalmente: la aventura de una mujer que se multiplica, porque el personaje protagonista se hace varios cada vez que cambia de geografía, de piel porque ofrece un rostro distinto: otra mujer que aparece de otra mujer y así de otra, como si fuese el reflejo de alguien que no termina de identificarse, aunque Malena se sabe ella en cada aparición: es una representación: es hija, parte de una biografía hogareña, es prostituta, es actriz, es cirquera, es ella misma un paisaje humano cambiante, de manera que también podría ser una suerte de caja china o de matrioshka: muchas mujeres dentro de una mujer o una mujer indefinida, como cada evento que encuentra en esas cajas de papel de colores que atesora.

En cada cajita guardé cosas, textos que escribí, certificados, cartas, otros escritos. Hay una que no quiero abrir. Sé cuál es. Pero no la quiero abrir…

¿Será acaso una advertencia a la de Pandora?

Cada cajita contiene un universo de mensajes, una ruta que determina los tiempos, el futuro, de Malena, quien viaja acompañada de una variada cantidad de personajes secundarios y referenciales que le dan apoyo a la estructura accional de la pieza.

Mi vida fue una sucesión de cajitas.

La narradora es un desprendimiento de la misma Malena que, aunque parezca un contrasentido, define la carrera de quien anda fundando mundos con sus cartas.

Podría decirse que la narradora es un desprendimiento de la misma Malena que, aunque parezca un contrasentido, define la carrera de quien anda fundando mundos con sus cartas, canciones, poemas, fotos, llamadas telefónicas, sueños, realidades y fantasías.

Se retrata para dejar la marca de su presencia maltratada:

…una nena solitaria, triste. Y lo sigo siendo. Algo más grande, claro. Me sentía culpable de haber nacido. Malena sonaba a Mal Hecha. ¿Por qué tenía que estar la partícula mal en mi nombre?

El padre, maltratador, la insulta, la “Mal Hace”:

—La que se va a la ciudad es una puta.

(…) Igual yo me fui, con todas mis cajitas llenas de lágrimas, pero me fui…

Por esa razón siempre regresa al pasado, para reafirmarse, para saberse presente y futuro.

El tiempo ido la encuentra en una silla de ruedas, conectada a un tanque de oxígeno, mientras su memoria recorre las manos con que forraba las cajas con papel de colores.

No obstante, la poesía habla, se distiende en algunos textos:

Un verano casi monosílabo… Me fui desplacentando…

“Yo nací anciana”, les respondió a las maestras cuando descubrieron que tenía talento para escribir.

También se puede afirmar que es una novela cuya tesis se sustenta sobre la base de la ironía, el humor negro y la tragicomedia. Malena juega con la muerte de la madre y de otros personajes cercanos a su sangre familiar.

El abuelo, Giovanni, o Juan, descansaba, pero no en la cama con la abuela, sino en un nicho en el cementerio.

(…)

He jugado a morirme y también a hacerle la autopsia a Marisol, elegir ataúd, flores y responsos…

Malena husmea en cada cajita y crea el mundo que la contiene. Ella es una reiteración de sus secretos: los varios instantes de un juego de textos móviles, una sucesión de relatos en los que el personaje —ella— muestra su capacidad cambiante, metamórfica, camaleónica, aunque reconoce su origen europeo y se vale de él para realizarse en algunos ambientes.

La estructura modular de la novela se muestra mediante un lenguaje directo, donde, ya dicho, la ironía y los diversos paisajes amplían el carácter plural/cambiante del personaje. Es decir, se trata de la historia de las varias vidas de una mujer que se sabe atada a un árbol genealógico.

El tono de la voz hablante es fresco, joven y osado.

 

La muerte, el reflejo de una muerte —imaginada o no en el mar— podría indicar el fin de su aventura.

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Ella o las cajitas son los lugares donde ha vivido, donde ha paseado, disfrutado o soñado. Nerja, Aguada Los Jotes, Salvador de Bahía (Brasil), Barcelona, Buenos Aires, Italia, afirman la épica de esta mujer que no termina de cerrar una novela, porque la muerte, el reflejo de una muerte —imaginada o no en el mar— podría indicar el fin de su aventura, de una de sus aventuras, de una de sus representaciones:

En una noche de luna negra, un marroquí en una chalupa arroja el cuerpo de una mujer de 77 años al mar.

¿Se trata de la Malena ya anciana en silla de ruedas, de la que ha “escrito” su vida a través de una narradora que la ha desvestido, que la ha descubierto para los lectores, que la ha creado, inventado, recreado y señalado como la curiosa muchacha/joven/adulta/anciana que encontró en una treintena de cajitas el significado de su mundo y el de otros?

¿Valen los anexos para verificar la traducción de una existencia y así escribir y revisar una carta y, finalmente, dejar constancia de su origen a través de su herencia genética?

Esta novela, que se traducirá como un sorpresivo hallazgo para muchos lectores por la calidad, gracia y belleza de su escritura, quedará como un sonoro eco en cada sujeto que la pueda tomar y disfrutar.

Alberto Hernández

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