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Seis gotas para el océano es su primera novela
María Eugenia Álvarez Brunicardi quiere creer en la humanidad

jueves 2 de mayo de 2024
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María Eugenia Álvarez Brunicardi
María Eugenia Álvarez Brunicardi: “Seis gotas para el océano es producto de mi trayectoria en el área educativa, a lo que se fueron sumando experiencias personales, recuerdos y vivencias cercanas”.

En la literatura, como en la vida, las historias que más resuenan suelen ser aquellas que exploran la esencia humana en su más amplio espectro, celebrando la diversidad y la conexión entre individuos aparentemente diferentes. Seis gotas para el océano, la primera novela de la venezolana María Eugenia Álvarez Brunicardi, es un relato que teje los hilos de la sororidad entre seis mujeres dispares, cuyas vidas se entrelazan en un océano de experiencias compartidas.

En esta obra, la autora nos sumerge en las vidas y las luchas de Johary, Akiko, Lucía, Chandra, Dinora y Elena, seis mujeres que encarnan un crisol de identidades culturales, religiosas y profesionales. A través de sus relatos entrelazados, el lector es testigo de cómo estas mujeres, nacidas en distintas décadas y rincones del mundo, encuentran un punto de convergencia movidas por virtudes y anhelos comunes.

María Eugenia Álvarez Brunicardi nació en Caracas, es publicista de profesión, catequista por vocación y ama escribir. Trabajó durante veintiséis años en el área educativa desempeñando diversas actividades, como maestra y coordinadora de religión y como asesora del área de formación integral de varios colegios católicos en Venezuela y Colombia. Actualmente coordina el departamento de religión de un colegio parroquial. Es autora también de dos libros de narrativa en los que la religión engrana sus historias: Papá Dios en el corazón de los niños y Casita del Pan, pequeño Belén. Hoy habla con nosotros sobre su primera novela. Desde sus experiencias en el ámbito educativo y religioso hasta su incursión en la narrativa espiritual, ella nos brinda su perspectiva sobre la importancia de la sororidad y la búsqueda del bien en un mundo cada vez más diverso y complejo.

 

Lee también en Letralia: reseña de Seis gotas para el océano, de María Eugenia Álvarez Brunicardi, por Alberto Hernández.

María Eugenia Álvarez Brunicardi: unidad en la diversidad

Seis gotas para el océano narra minuciosamente cómo las vidas, los dramas, las alegrías y las esperanzas de seis mujeres van delineando el camino que las llevará no sólo a un encuentro, sino también a una profunda amistad y al impulso de una colaboración entre todas. ¿Cómo llegas a esta historia? ¿Cómo fue el proceso de escribirla y cuánto tiempo te tomó?

Trabajar durante muchos años con personal docente, de colegios para niños y jóvenes en situación de desventaja económica, ofreciendo asesoría y acompañamiento, me inspiró a escribir sobre virtudes que conocía, en teoría, pero que a través de esas personas logré experimentarlas y vivirlas de primera mano. La empatía, la resiliencia, la gratitud y la solidaridad son virtudes que visualizaba encarnadas en los personajes de mi novela, pero resulta que también quería que fueran muy diferentes entre sí, no sé por qué razón, pero así las imaginaba. Y cuando pensaba en las maestras, encontraba muchas similitudes entre ellas… profesión, religión, zona donde vivían, donde trabajaban y nivel sociocultural. En fin, lo que quería era extraer esa esencia noble que encontré en ellas, para sembrarla en personajes muy diversos entre sí.

Sin planificarlo, me resultó gratísimo poder mostrar que el deseo común de hacer del mundo un lugar más justo, más humano y más feliz, era razón suficiente para reunir a unas perfectas desconocidas, cada una desde un rincón del mundo, en cuatro continentes, e independientemente de las diferencias de nacionalidad, edad, raza, cultura, profesión y religión, al punto de nacer entre ellas una bella amistad.

Me tomó cinco meses escribirla.

 

“Seis gotas para el océano”, de María Eugenia Álvarez Brunicardi
Seis gotas para el océano, de María Eugenia Álvarez Brunicardi (2023). Disponible en Amazon

Las protagonistas de tu libro, mujeres nacidas entre 1943 y 1993 en diversos países, representan una amplia gama de culturas, religiones y orígenes. ¿Puedes hablarnos de cómo configuraste estos personajes con identidades tan diversas? ¿Qué desafíos te representó retratar realidades tan distintas a la tuya?

Como dije antes, no sé por qué razón las imaginaba completamente diferentes. Y eso me llevó a listar características, entornos y creencias que me ayudaran a determinar esas diferencias. Lo primero que pensé fue en continentes, porque eso me facilitaba la diversidad racial y cultural. Tardé en definir los países, pero cuando tenía una en Europa, una en África, dos en Asia y dos en América (una en el centro del continente y la otra al sur), arranqué fácil con lo demás. Fluyó ágil y divertido investigar nombres y sus significados, geografía, cultura, personalidades importantes, comida y costumbres, así como visualizar profesiones y familias. Y lo mejor fue crear conflictos y/o debilidades y sus respectivas soluciones.

Desafío de realidades distintas a la mía, lo representaron, sin lugar a dudas, las religiones. Fue una mezcla de valores, creencias y principios que se convirtió en un reto. Trataba de cuidar de no dar mayor importancia a mi religión frente a las otras, porque todos mis personajes tenían el mismo peso, y su religión, el mismo valor. No fue sencillo, pero sí muy interesante y retador, y creo haberlo logrado.

 

Unidad en la diversidad, esa es la idea que vino a mi mente a medida que leía tu libro. ¿Cómo interpretas el papel de la unidad, la empatía y la comprensión mutua entre estas mujeres en contraste con sus diferencias?

Tal como lo defines, así es, unidad en la diversidad. Fue como un ejercicio de ecumenismo entre religiones cristianas y no cristianas. Fue un reafirmar mi creencia de que todos somos hijos de un mismo Dios, para ayudarme a escribir fluido sobre temas que pueden resultar álgidos.

Lo interpreto como el deseo de que sea posible la unidad en medio de la diversidad. Si hay virtudes comunes, empezando por el respeto y la empatía, si la esencia es buena, considero que las diferencias podrían convertirse en riqueza cultural y en enormes puentes, en vez de ser fuertes amurallados. Por supuesto que lo más complicado es la religión, y no estoy cerrando los ojos a los conflictos bélicos entre musulmanes, judíos y cristianos. Suena a utopía, lo sé, pero mi intención muy feel good busca rescatar la fe en la humanidad, creyendo que el bien puede vencer el mal. De hecho, así lo creo. ¿Idealista y soñadora? Tal vez, pero lo creo.

 

Seis gotas para el océano y la fe como motor para alcanzar los sueños

“Son esas seis mujeres que juntas, pretenden humanizar y sensibilizar el mundo, creando en su entorno bondad dentro de la maldad y alegría dentro de la tristeza”, escribes en la presentación del libro. ¿Qué papel crees que tiene la literatura en el necesario acercamiento entre culturas y personas de diferentes realidades?

El papel sería protagónico si la gente leyera más y hubiera más escritores que quisieran utilizar esa arma poderosísima, que es el talento que Dios les dio, a través de un lenguaje amable y conciliador, para acercar, unir, respetar, tolerar, servir, en vez de mostrar sólo la miseria humana que existe. En definitiva, creo que puede jugar un papel importantísimo que lamentablemente las redes sociales han debilitado, pero estoy convencida de que se puede rescatar con la globalización, a través de las mismas redes (armas de doble filo), permitiéndonos llevar la literatura a cualquier parte del mundo y darla a conocer, mostrando las diferencias, al mismo tiempo que los beneficios de la diversidad y cómo puede ésta ayudar a generar lazos y alianzas de todo tipo.

 

Me parece particularmente interesante cómo cada una de las seis mujeres cuyas vidas se encuentran en Seis gotas para el océano tiene una historia de superación y conexión especial. Todas han atravesado situaciones difíciles y han conseguido crecer sobre la base de la valentía y de la perseverancia. ¿Qué tiene que decirle este libro a las mujeres del mundo en el contexto de la sociedad contemporánea?

Si lo puedes soñar, lo puedes lograr. Que las diferencias y las barreras se superan cuando hay verdaderos deseos de lograrlo, cuando hay ilusión, motivación, convicción; y mucho más, cuando esos ideales implican hacer el bien. Los sueños se luchan, se trabajan, con constancia, con perseverancia y con la mente abierta, con respeto hacia el otro, sin llevarse a nadie por delante, pero sobre todo teniendo fe en uno mismo y en Dios, con la confianza de que será posible. Los miedos siempre están presentes, pero si logras la certeza de que ayudar a otros abre caminos, la tarea se vuelve más tangible.

 

Se debate mucho en la actualidad sobre la visibilización de la mujer, y la discusión sobre derechos y géneros parece haber llegado a un momento importante que puede funcionar de bisagra para fuertes cambios históricos. ¿Cómo crees que la sororidad, o el apoyo mutuo entre mujeres, puede empoderar y transformar la sociedad, especialmente en un mundo marcado por la diversidad y la complejidad cultural?

Creo que dándole a la sororidad el valor que tiene, que no es más que solidaridad entre mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento, pero sin desviar el concepto de femineidad hacia la promoción de ideologías que lo que hacen es desvirtuar valores. Creo en la familia como núcleo fundamental de la sociedad. Y, con todo el respeto del mundo por quienes piensan o actúan diferente a mí, pero sin medias tintas, no comparto ni el feminismo ni la ideología de género; no los combato, simplemente no los comparto. Nada más lejos de querer debatir, o de mostrarme radical y contracorriente, aunque algunas situaciones ameriten llegar a ello, pero las cosas como son… Como mencioné antes, considero que constancia y perseverancia son vitales en la consecución de sueños e ideales, pero cuando la lucha comienza a robar la paz y a generar conflictos, es porque no viene de Dios.

 

Tan duro fue estar separada de mi esposo por seis meses durante la pandemia, y saberlo solo en Caracas, como grandioso fue compartir ese tiempo con mis nietos en Panamá.

“He crecido y aprendido mucho. Y a mi edad, eso es un regalazo de Papá Dios”

La pandemia de Covid-19 aparece reflejada como trasfondo temático en Seis gotas para el océano. Ahora bien, apartándonos un poco de las protagonistas del libro: a María Eugenia Álvarez Brunicardi, como autora y como persona, ¿qué huella le dejó esta coyuntura?

Me encanta esta pregunta, porque sin duda dejó huellas importantes en María Eugenia. Como persona, tan duro fue estar separada de mi esposo por seis meses, y saberlo solo en Caracas, como grandioso fue compartir ese tiempo con mis nietos en Panamá, que estaban en tercero y cuarto grado, y acompañarlos en el nuevo y desconocido mundo del teletrabajo, que resultó un extraño pero maravilloso desaprender para aprender.

Como autora fue extraordinario, porque no había vuelto a escribir desde 2011, cuando publiqué Papá Dios en el corazón de los niños, y en la pandemia nació la idea de abrir un blog, Estrellas que dejan huella, para homenajear al personal de los colegios Mano Amiga de Venezuela y Colombia, con quienes aún trabajaba. Fue una experiencia preciosa, porque a través de mensajes de WhatsApp me enviaban datos básicos familiares y laborales, y con lo que recordaba de cada uno le daba mi toque personal y afectuoso. Fueron tales las muestras de afecto y gratitud, y la expresividad de esa gente tan querida, que ahí se encendió la primera llamita de querer escribir un nuevo libro, lo que se convirtió en un “no parar” de escribir. Pero ese libro fue Casita del Pan, no Seis gotas…, y enseguida que lo publiqué abrí un nuevo blog, MABRelatos, para contar historias sobre personas inspiradoras, momentos inolvidables, lugares mágicos y cualquier situación especial que se me presentara y considerada digna de ser relatada. Varios meses después de haber publicado unos cuantos relatos, se avivó la llamita de aquel libro que me inspiraron las estrellas dejando huellas y comencé a escribir Seis gotas…, cambiando varias veces el título. Uno de los que más me resonaron fue “Diferentes con la misma esencia”, pero lo encontraba demasiado evidente y yo lo quería más bien sugerente. Y las frases de santa Teresa de Calcuta me vinieron como anillo al dedo para el nuevo título.

 

Tu trayectoria profesional abarca tanto el ámbito educativo como el religioso. ¿De qué manera estas experiencias influyeron en tu enfoque literario y en la temática de tus obras?

Ambas influyeron de forma significativa. Papá Dios en el corazón de los niños es producto de catequesis desde preescolar hasta segundo grado de primaria, siendo catequista y coordinadora de religión; son anécdotas de niños en su relación con Papá Dios y la Virgen, las que separé por temas, creando un marco teórico formativo, para introducir cada capítulo. Casita del Pan surge porque me encantaban los textos con los que dictábamos la catequesis, donde los narradores eran los mismos personajes bíblicos. Tomado de los evangelios y adaptado a un lenguaje sencillo para niños, en Casita del Pan son la Virgen María y san José quienes narran el nacimiento y la infancia de Jesús, desde el corazón de una abuelita. Ambos libros fueron inspirados en mi experiencia profesional religiosa, y extraídos directamente de las fuentes.

Seis gotas para el océano es producto de mi trayectoria en el área educativa, a lo que se fueron sumando experiencias personales, recuerdos y vivencias cercanas, pero por primera vez los textos son absolutamente míos, pensados, imaginados, descritos y narrados por mí; son mis historias, es mi novela.

 

He tenido que investigar, confirmar, describir y narrar vidas diversas, generar diálogos y aprender a usar recursos literarios que me eran totalmente desconocidos.

Tus dos libros anteriores, Papá Dios en el corazón de los niños y Casita del Pan: pequeño Belén comparten la temática inspiradora desde la perspectiva religiosa. En Seis gotas para el océano, en cambio, la inspiración representada en la historia de estas seis mujeres pasa a un primer plano sobre el tema religioso. ¿Cómo ha evolucionado tu trabajo como escritora desde tu primer libro?

De escribir relatos, contar anécdotas reales de niños y citar textos bíblicos, aunque cada uno con mis pinceladas personales, a escribir una novela, que es absolutamente de mi autoría, hay un significativo trecho andado. He tenido que investigar, confirmar, describir y narrar vidas diversas, generar diálogos y aprender a usar recursos literarios que me eran totalmente desconocidos, pero siempre con mi estilo, mi forma y mi matiz soñador y espiritual, que son mi sellito personal. Estoy muy satisfecha con la evolución de mi trabajo. Humildemente, siento que he crecido y aprendido mucho. Y a mi edad, eso es un regalazo de Papá Dios.

 

Tomando en cuenta esta evolución, ¿en qué proyectos trabajas actualmente? ¿Qué nos espera a los lectores de María Eugenia Álvarez Brunicardi?

Estoy trabajando en una novela que no tengo idea si llegara a feliz término; sólo lleva veinte páginas, pero reconozco que me tiene muy ilusionada, y cuando releo lo que he escrito hasta ahora me encanta. No te puedo contar más.

Jorge Gómez Jiménez

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