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Esperaré en mi país invisible narra una época de violencia en República Dominicana
Mariela Cruz: escribir con empatía y resiliencia

martes 26 de noviembre de 2024
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Mariela Cruz
Mariela Cruz: “He viajado a República Dominicana muchísimas veces y tengo amistades cercanas que me hablan constantemente de esa hermosa isla. Fue natural para mí escribir una historia basada en un hecho que no podemos olvidar”.

La historia reciente de la literatura latinoamericana ha encontrado en el contexto histórico y social una rica fuente de inspiración. La obra Esperaré en mi país invisible se inserta en esta tradición, explorando los eventos de la Masacre del Perejil bajo el régimen de Rafael Leónidas Trujillo y la herida que dejaron en la sociedad dominicana. La escritora Mariela Cruz aborda este tema dotando a la historia de un aliento personal e íntimo.

Puertorriqueña nacida en Santurce, la autora dedicó un importante esfuerzo de investigación para escribir esta novela sobre hechos históricos tan sensibles y determinantes para República Dominicana. Trabajó muchos años en el cuidado de personas y la consejería familiar y esa experiencia le ha proporcionado un profundo entendimiento de la empatía y la resiliencia, algo que se refleja en sus personajes y en la forma en que aborda el sufrimiento humano. Además, ha trabajado activamente en temas de inclusión social y justicia.

Hoy hablamos con ella sobre Esperaré en mi país invisible para que nos cuente sobre los detalles de su proceso de creación, las motivaciones que la llevaron a escribir sobre un tema tan complejo y las influencias que han marcado su estilo. Conoceremos de su compromiso con la memoria histórica y la justicia social y también sobre la sensibilidad de una escritora que comprende la profundidad del sufrimiento humano y la importancia de dar voz a quienes han sido silenciados.

 

Esperaré en mi país invisible y las emociones como herramienta de escritura

El contexto histórico de tu novela es la famosa Masacre del Perejil, un evento atroz en la historia dominicana bajo el régimen de Trujillo. Desde el primer capítulo, nos sumerges en un ambiente cargado de violencia y racismo que define la vida de los personajes. Ahora bien, tú eres puertorriqueña. ¿Cómo te acercas a esta historia? ¿Cómo fue el proceso de investigación para escribir esta novela?

Estaba asistiendo a uno de mis sobrinos nietos en una de sus tareas, cuando leí acerca de la Masacre del Perejil. Me impresionó tanto la reseña que comencé a buscar más información. Ya había leído La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, y conocía de antemano algunas de las historias del presidente Trujillo, pues tenía varios vecinos procedentes de esa isla vecina, que me contaban acerca de las barbaridades que cometió durante su mandato. En mi mente comenzaron a surgir ideas, situaciones y conflictos relacionados con esta historia y sobre cómo reaccionaría cualquier ser humano ante este brutal atropello. Comencé a leer y a investigar en las redes y busqué libros relacionados con el tema. La novela En el tiempo de las mariposas, de Julia Álvarez, me dio una perspectiva más clara de la personalidad de Trujillo. Me sumergí en la historia de la isla La Española, o Ayiti, como la llamaban los tainos, desde la época de la colonización. Leí acerca de las hermanas Mirabal. Entrevisté al protagonista y leí la novela A sangre fría del señor Francisco Ramírez, quien vivió bajo el régimen de Trujillo y sufrió en carne propia las barbaridades que cometió el dictador. El señor Ramírez, a su vez, leyó mi novela y me llamó para felicitarme por las descripciones y la narración tan real, aun sabiendo que soy puertorriqueña y sólo he ido de visita a la isla.

He viajado a República Dominicana muchísimas veces y tengo amistades cercanas que me hablan constantemente de esa hermosa isla. Fue natural para mí escribir una historia basada en un hecho que no podemos olvidar. Tuve unos días en los que sólo pensaba en esa situación y en el sufrimiento de los involucrados. La mayoría de la gente dominicana convive y vive con sus vecinos de Haití. Existen discrepancias ante la diferencia de costumbres, religión y estilos de vida, pero no para llegar a tal grado de violencia.

 

“Esperaré en mi país invisible”, de Mariela Cruz
Esperaré en mi país invisible, de Mariela Cruz (2018). Disponible en Amazon

Uno de los aspectos más notables de tu novela es cómo se conectan la tragedia individual de tus personajes y el contexto social y político. ¿Cómo manejaste el equilibrio entre el sufrimiento personal de los protagonistas y el impacto de la violencia a nivel social? ¿Te resultó difícil mantener esa intersección entre lo íntimo y lo histórico?

Fui enfermera y consejera profesional, por lo que manejar sentimientos y emociones es mi fortaleza. Me gusta entrar a la psiquis de los personajes y hacerles reaccionar a las situaciones que les retan y les obligan a buscar soluciones, ya sea improvisando o reaccionando de acuerdo con su entorno y la personalidad que les adjudico. En la novela, manejo situaciones divertidas dentro de realidades dramáticas para poder sobrevivir y sobrellevar situaciones. Hay momentos de introspección, de nostalgia y de violencia, pero también situaciones jocosas, que crean un balance emocional. En esta novela hay algo muy particular: coloco a Brunilda, Lautaro y sus hijos viajando hacia la seguridad de Monte Cristi, a Rafael y Matilde viajando desde Puerto Rico hacia Santo Domingo y a Genaro, esposo de Brunilda, y Elías (un amigo de la familia), regresando a su hacienda. Todos desconocían lo que le sucedía al resto de la familia. Aun así, sus valores, costumbres y deseos de sobrevivir prevalecieron, con la esperanza de volver a reencontrarse. En el caso de Rafael y Matilde, éstos vivían ajenos a lo que realmente sucedía en Santo Domingo. Rafael trabajaba para una entidad del gobierno que reclutaba personal para trabajar en su país. Muy pronto se dio cuenta de que su mundo había cambiado para lo peor, sobrevivir era la orden del día. Su responsabilidad era mayor al estar con Matilde, quien se enfrentaba a situaciones que jamás imaginó.

 

Tus personajes están constantemente en situaciones extremas, obligados a huir, resistir y adaptarse. La supervivencia es uno de los ejes que atraviesan la novela, y el modo en que los personajes enfrentan las adversidades parece estar marcado tanto por su pasado como por sus lazos familiares. ¿Qué papel juegan para ti los vínculos familiares y la solidaridad en la construcción de estos personajes? ¿Crees que son estos lazos los que les permiten resistir en medio de la brutalidad del contexto?

Está claro que los lazos familiares son el aliciente que les empuja a continuar. Los retos fueron extremos, pero la esperanza de reunirse con sus seres queridos era mayor. Las pérdidas de seres allegados y de la hacienda, los maltratos que recibieron, los riesgos que tomaron en el camino, todo eso valida el amor y los deseos que tenían de reunirse como familia.

 

Mariela Cruz: el papel prevalece

La naturaleza, con sus ríos, montañas y paisajes cambiantes, juega un papel importante en la novela, ya sea como refugio para los personajes o como un lugar cargado de simbolismo. El río Masacre, en particular, tiene un peso simbólico muy fuerte en la historia. ¿Cómo concebiste el papel del paisaje en tu novela? ¿Qué simbolismos intentaste transmitir a través de los elementos naturales, en especial el río Masacre?

El río Masacre o Dajabón, como después le llamó el presidente Trujillo, es la frontera natural entre Haití y Santo Domingo. La parte oeste de la isla (Haití) fue colonizada por los franceses y llegó a ser la colonia más rica del Nuevo Mundo. También tuvo una gran cantidad de esclavos negros; su población llegó a ser mayor que la de los franceses. Esta población se rebeló y se independizó de Francia, aunque con una deuda demasiado grande para poder resarcirla. Desde entonces, Haití no ha podido desarrollarse como país, y los desastres naturales, los gobiernos corruptos y la deforestación, han hecho de este país el más pobre del hemisferio.

En ese territorio y ese río, la historia ha marcado muchísimos incidentes entre los vecinos de la isla. Hubo varios intentos de control por ambas partes de la frontera, todos fallidos. En la novela, y en el momento de la narración, ese río significó esperanza para los haitianos indefensos y huérfanos de patria. Muchos de los haitianos que murieron en esa masacre llevaban años viviendo en Santo Domingo, la mayoría braceros o trabajadores de las haciendas cercanas. Una gran cantidad de haitianos eran de segunda y tercera generación viviendo en esa área y hasta se habían casado o unido consensualmente a dominicanos. Se quedaron sin patria, ya no tenían raíces haitianas y tampoco podían probar su nacionalidad dominicana, por lo que quedaron a merced de sus perseguidores. Por esto, para poder identificar a los haitianos de los dominicanos, los mercenarios les enseñaban una planta de perejil y les preguntaban el nombre. Los haitianos no podían pronunciar la ere de perejil correctamente y esa era su sentencia de muerte. Las montañas, el río y los caminos fueron escenarios de complemento para las aventuras en las que la astucia de los personajes principales les ayudó a sobrevivir. En el río Masacre o Dajabón comenzó la historia y ese río determinó el final de una de las etapas más importantes de la novela. Debo añadir que también soy poeta y la naturaleza, para mí, es fuente de inspiración por excelencia.

 

Aunque Esperaré en mi país invisible se sitúa en el contexto histórico de la dictadura de Trujillo, el tema de la violencia racial resuena en nuestra época, donde el racismo sigue siendo un problema global. En la novela, exploras no sólo el racismo hacia los haitianos, sino también la forma en que el poder político usa la raza para justificar la violencia. ¿Ves paralelismos entre lo que describes en la novela y las situaciones actuales en nuestra región o en el mundo?

Claro que sí, aún seguimos negándonos a aceptar la diversidad, las diferencias físicas, culturales y religiosas. Aún seguimos perdiéndonos en nuestros prejuicios e ignorancia, y esta es la causa de muchísimos conflictos a nivel individual, comunitario e internacional. Lo que más duele es que los grandes líderes padecen de este mal y conducen a los ignorantes y vulnerables hacia la violencia, guiados por la soberbia y deseos de control.

 

Has mencionado que uno de tus objetivos al escribir la novela es que no olvidemos nuestra historia, que no repitamos los errores del pasado. Esta intención es clara en la forma en que estructuras la narrativa, dando vida a los eventos históricos de manera vívida y personal. ¿Qué responsabilidad crees que tienen los escritores en la preservación de la memoria histórica? ¿Crees que la literatura puede cambiar la forma en que las sociedades perciben su pasado y cómo enfrentan el presente?

Los escritos han sido siempre una de las herramientas más eficaces para comunicarnos. Todo escritor tiene la gran responsabilidad de llevar un mensaje positivo y de reconciliación a través de sus obras. Me refiero no sólo a los que escriben novelas o cuentos; también a todos los comunicadores, periodistas, maestros, historiadores, escritores, poetas, músicos. Todo lo escrito (especialmente en papel) prevalece.

 

La experiencia personal, materia prima para la autora

Sabemos que tienes una trayectoria profesional fuera de la literatura, en áreas como la enfermería y la consejería familiar. Además, has escrito sobre temas de inclusión y el cuidado del medio ambiente en obras anteriores. Este bagaje parece enriquecer la dimensión humana de tus personajes y sus conflictos emocionales. ¿Cómo influyeron tus experiencias personales en la creación de esta novela? ¿De qué manera tu conocimiento sobre el dolor y la sanación se refleja en la forma en que construyes la lucha emocional de los personajes?

Treinta y cuatro años trabajando en hospitales y oficinas médicas acreditan mis conocimientos. He vivido experiencias increíbles. Fui voluntaria de Cuerpos de Paz en Honduras, una experiencia maravillosa, en la que aprendí a valorar lo que tenía y a entender el dolor humano y aprender a adaptarme. Las situaciones vividas en la sala de emergencias, en las consultas de consejería, en las salas de intensivo con pacientes, terminales. Los viajes al extranjero, todas esas experiencias abonaron a mis conocimientos y afinaron mi sensibilidad y mis escritos. Cada personaje en mi novela tiene rasgos de vidas pasadas y situaciones a las que me enfrenté o se enfrentó alguien conocido. Todo escritor escribe con base en conocimientos, en los recuerdos y experiencias acumuladas en su mente. Además, para poder escribir hay que leer y leer mucho, pues no podemos sacar de la nada una narración que convenza al lector.

 

Aunque esta no es la única novela histórica en tu carrera, sé que también has escrito para niños y jóvenes y que tienes una preocupación especial por los valores que se les transmiten en la actualidad. ¿Puedes hablarnos más del tema?

Escribí el libro Chocolatino sigue instrucciones, para niños de tres a nueve años, y Héroes sin capas, para jóvenes. El objetivo de Chocolatino es el de enseñar y reforzar valores en los niños. Recordarles que todos somos diferentes, pero todos somos iguales, pues tenemos sentimientos y debemos aceptarnos tal cual somos y aceptar a los demás con respeto y amabilidad. Para esto me ayudo con una marioneta. Con mi nieto Choco voy a las escuelas, disfrazamos a los niños de los personajes del cuento e interactuamos con ellos. En Héroes sin capas les enseño a los jóvenes la importancia de cuidar el medio ambiente. Es una novela de ficción en la que un delfín adquiere poderes telepáticos y recluta a unos jóvenes para salvar el mundo de un maníaco que intenta adueñarse del mundo.

 

Tu estilo narrativo en Esperaré en mi país invisible es sumamente diáfano, y es evidente que conoces tanto el contexto como la dimensión humana de los personajes. A lo largo de la novela, además, el uso del paisaje, los diálogos precisos y la construcción de atmósferas tensas juegan un papel importante en la inmersión del lector. ¿Podrías contarnos cuáles han sido tus influencias literarias al desarrollar este estilo? ¿Hay autores o corrientes literarias que hayan marcado tu manera de narrar historias?

Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez son mis escritores favoritos, aunque también leo novelas de Danielle Steel, Ken Follett y escritores como Gabriel Eligio Torres, Carlos Ruiz Zafón y Rebecca Yarros. Escribo porque me gusta y dejo volar mi imaginación creando situaciones y viendo cómo las puedo resolver. Sigo los consejos de Vargas Llosa y me preparo, estudio e investigo. Construyo mis personajes y les doy personalidad, busco que impresionen para que no sean olvidados. Me gusta la ficción histórica, porque crea un marco de referencia en donde puedo jugar con los sucesos y hacerlos más relevantes con los personajes. Además, me obliga a estudiar, a investigar, a tener cuidado con lo que escribo para no alterar la historia.

Jorge Gómez Jiménez

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