
Persistente e ineludible como los ciclos de la vida es la lluvia que atraviesa las páginas de Todavía llueve, libro del escritor y abogado salvadoreño-australiano Ricardo V. Viana que la alianza editorial Letralia-FBLibros se enorgullece de tener en su catálogo. Se trata de un relato intimista en medio de una crisis política y personal, que el autor ha sabido componer con un estilo sobrio y ágil, dejándonos ver la historia de Migue, un hombre que examina su pasado marcado por la represión, el exilio y las traiciones, mientras intenta reconciliarse con sus decisiones y con las de aquellos que moldearon su vida.
Nacido en San Salvador y residente en Australia desde 1989, Ricardo V. Viana tiene una dilatada experiencia como abogado, docente y activista. A través de su vida ha estado en contacto con contextos políticos y culturales diversos, lo que encuentra eco en los dilemas éticos y emocionales de su protagonista, un reflejo de una generación atrapada en las promesas rotas de justicia y libertad.
En esta entrevista, trataremos de desentrañar el proceso creativo de Ricardo V. Viana e indagaremos sobre cómo construyó un relato que trasciende lo individual para convertirse en una reflexión sobre el peso de la historia colectiva. Conversaremos asimismo sobre los desafíos de abordar una narrativa íntima en un contexto político turbulento y las decisiones estilísticas que le dan forma a la novela. A través de sus respuestas, descubriremos cómo la experiencia personal y la ficción se entrelazan para dar vida a un texto profundamente humano.
Todavía llueve, la novela de un hombre que se aventura a lo incierto
—Me parece interesante cómo la estructura narrativa de Todavía llueve se desarrolla a través de una mezcla de recuerdos y eventos actuales, dándole al lector no sólo una historia, sino también los orígenes profundos de ésta. ¿Cómo concebiste este enfoque no lineal? ¿Cómo crees que influye en la representación de la complejidad de Migue como personaje?
—La idea surge de un hombre que se encuentra confrontando su vida en un momento en que se aventura a lo incierto, como lo es el exilio, después de haber sufrido los vejámenes de un régimen violento y corrupto que le ha negado todo. Es un momento crucial en la vida del personaje, que no sabe qué le depara el futuro pero, en todo caso, nada será peor que lo que acaba de vivir, el mismo infierno.

—La traición y la lucha interna son los componentes principales de la historia de tu protagonista, Migue. Me gustaría saber cómo fue el proceso de construcción de este personaje que, aunque busca escapar de su pasado, está ineludiblemente ligado a él. ¿Qué aspectos de su evolución reflejan tus propias observaciones o vivencias en contextos de conflicto político? ¿Cuánto de Ricardo V. Viana hay en el protagonista de Todavía llueve?
—En la vida real conocí las historias de muchos individuos que en mayor o menor medida pasaron por algunas de las etapas que narro en mi novela. Hay en ella eventos y personajes que en realidad existieron y me ayudaron a darme las ideas para tejer una historia asumiendo lo que hubiera sucedido si hubieran hecho tal o cual cosa.
—Hablemos de la lluvia, que ya desde el título de la novela se muestra como un símbolo recurrente y que, a medida que se va adentrando uno en la lectura, casi se puede decir que se convierte en un personaje en sí misma. ¿Se trata de un símbolo exclusivamente personal o algo más universal en su relación con la memoria y el dolor?
—Yo creo que la idea de lluvia es universal y representa muchas o pocas cosas para cada persona. La lluvia trae la certeza de que los campos producirán su fruto y prolongarán la vida de quienes dependen de esa producción. Demasiada lluvia arruina los cultivos y la excesiva lluvia trae destrucción, desgracia y tragedia. En fin, la lluvia es un elemento constante en la vida de los seres humanos y cada uno tendrá su propia versión de su lluvia.
Ricardo V. Viana y el diálogo entre generaciones
—El estilo de la novela es sobrio y directo, pero no carece de un profundo simbolismo. ¿Cómo lograste equilibrar esta sencillez con la carga emocional y filosófica de la historia? ¿Hubo influencias literarias específicas que te ayudaron a moldear este estilo?
—Mi padre me inculcó la lectura desde mi niñez y crecí leyendo. En mi época de colegio y universidad siempre me hacía acompañar de una novela para entretenerme y por supuesto que si me preguntan si tengo influencias de escritores, tengo que decir que sí, ya que he leído a García Márquez, Rulfo, Vargas Llosa, Hemingway, Carver, Bukowski y a los connacionales Roque Dalton y Manlio Argueta entre muchos más, y sí, definitivamente cuando escribo mi memoria repasa mis lecturas y, con intención o sin ella, esas lecturas se reflejan en lo que escribo.
—Una nota ambigua sobre el futuro de Migue y su relación con el pasado marca las páginas finales de la novela. ¿Qué intención tuviste al dejar abierta esta posibilidad de reconciliación o resignación? ¿Crees que este tipo de finales son más fieles a la realidad de los conflictos humanos?
—En la vida real no hay final feliz, sólo el resultado de nuestras acciones u omisiones, y la incertidumbre siempre queda en el subconsciente con la pregunta: ¿qué hubiera pasado si hubiera actuado diferente? La vida continúa, ya sea con fracasos o triunfos, y siempre hay una puerta que abrir para comenzar otra etapa.
—La novela deja entrever un diálogo entre generaciones, especialmente en la forma en que Migue reflexiona sobre las luchas actuales. ¿Qué mensaje esperas que esta historia transmita a las nuevas generaciones que enfrentan sus propios desafíos políticos y sociales? ¿Qué tiene que decirle Todavía llueve al lector contemporáneo?
—Sin duda refleja una conversación entre generaciones, el joven de ayer y el adulto de hoy que descubre con su vivencia la falacia de las promesas revolucionarias y el sacrificio innecesario de vidas que pudieron ser útiles a sus semejantes. También refleja la contradicción entre lo que se dice y lo que en realidad se hace, y la confirmación de mi idea de que el poder es una especie de droga de olvido y una oportunidad de ver la verdadera naturaleza humana en su cruda realidad.
Caridad, amor filial y esperanza, las enseñanzas
—El ambiente político que enmarca la novela está cargado de tensiones históricas y sociales, y al leerlo me fue imposible sustraerme a una reflexión sobre cuán parecidas son las realidades de los países de la América hispana, con sus corruptelas, sus dictaduras, sus revoluciones y sus decepciones, pero también sus luchas. ¿Fue una decisión deliberada reflejar en Todavía llueve esta esencia común latinoamericana? ¿Crees que nuestros países tienen esperanza de acabar con estos ciclos?
—Si prestas atención a la lectura notarás que no menciono nombres de ciudades o países. En un par de ocasiones menciono nombres de lugares que son similares en cualquier parte de Latinoamérica. La novela intenta reflejar que las aspiraciones de los pueblos no son las mismas aspiraciones de los que dirigen los movimientos revolucionarios. La misma experiencia de Latinoamérica me confirma que, a menos que esté totalmente equivocado, no hay una sola revolución exitosa, pero sí muchas revoluciones fallidas y corruptas.
—Tu biografía está marcada por una trayectoria diversa, que incluye la práctica jurídica, la docencia y el activismo comunitario. ¿De qué manera esas experiencias han enriquecido tu visión como escritor y tu capacidad para abordar temas tan complejos como los de esta novela?
—He tenido la oportunidad única de vivir una vida intensa y de relacionarme con personas de diferentes orígenes y culturas, y eso ha enriquecido mi visión del mundo. Las diferentes etapas de la vida me han enseñado a practicar la caridad, el amor filial y la esperanza de que podemos lograr vivir en un mundo mejor.
—Hace más de tres décadas que vives en Australia, un contexto muy distinto al de tu país de origen, El Salvador. Sé que en ese país has desarrollado una exitosa carrera profesional y tienes además una importante trayectoria con comunidades étnicas. Estos años en un entorno tan diferente al que conocías, ¿cómo han influido en tu visión sobre la identidad, la justicia y la convivencia social? ¿Encuentras puntos de conexión o contraste significativos entre las dinámicas culturales y sociales de Australia y las de El Salvador?
—Australia representó para mí, en su momento, un verdadero choque cultural, el cual con el tiempo logré absorber y asimilar para convertirlo en algo positivo para mi familia. Australia es una experiencia que cuando se la cuentas a otro latino parece surreal: desde el idioma hasta las costumbres, conducir y caminar por la izquierda, el ambiente informal dentro de lo formal, el acceso a la justicia, la igualdad y sobre todo el respeto a la ley y al derecho de los demás para convivir armoniosamente entre personas de las más diversas culturas y lenguas. En lo personal tengo una serie de anécdotas que me hacen ver las diferencias entre el país que me vio nacer y el que me dio oportunidad de conocer una vida mejor, y todo, paradójicamente, gracias a la guerra civil que se vivió en El Salvador, y que es la razón por la que los salvadoreños llegamos a Australia en los ochenta.
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