
La lluvia es un personaje preciso. Es un elemento testigo de todos los sucesos que ocurren en este relato. La lluvia es la frecuencia de los aciertos y desaciertos de quienes hacen el papel de protagonistas y actantes secundarios en esta trama político social frecuente en los países de América Latina.
La lluvia es entonces una señal bajo la cual acontecen los episodios de un país donde impera la corrupción, la violencia, la adulación y el fracaso. Y así lo ha escrito con claridad el escritor salvadoreño-australiano Ricardo V. Viana, quien nos entrega una historia en la que no es extraño encontrarnos con acciones y perfiles humanos dedicados a la traición, al despilfarro, a los vicios y, sobre todo, a desbancar el país que los vio nacer.
Esa constante respira en esta novela corta de Ricardo V. Viana titulada Todavía llueve.

Todavía llueve
Ricardo V. Viana
Novela
Alianza Editorial Letralia/FBLibros
Caracas (Venezuela), 2024
ISBN: 979-8300002855
86 páginas
La obra revela una genealogía, una familia de intereses validados por la política, por la gestión del primer pariente que forma parte de varios gobiernos gracias a su habilidad para colarse luego de los cambios bruscos ocurridos para derribar el régimen que ya no calzaba con la sociedad. Este Alberto que se mueve como pez en el agua, entre militares y civiles, para conservar los cargos públicos, destaca como hombre de afanes y amistades entre los poderosos, entre quienes asoman ex presos políticos a quienes él atendió con gentileza mientras los interrogaba como escribiente, mensajero o lleva y trae, etc. Todo ese tiempo fue favorable para el personaje, toda vez que logró mantener la personalidad que lo encumbraría.
El tiempo corre. Y la lluvia continúa cayendo. El hijo de Alberto, Migue, sigue los pasos del padre, pero con visión contraria. Mientras Alberto se movía en el ambiente del poder militar, el joven ingresaba a la universidad y se topaba con las juventudes de izquierda. En ellas abrevaría, con ellas pasaría un tiempo hasta que un desliz lo despachó. Entonces se dedicó al amor fogoso con una damisela, sin dejar de estudiar. Fue alcanzado por el gusanillo de la revolución, de esa utopía que logra falsificarlo todo.
Entre emboscadas, el licenciado Migue, llamado por el nuevo ministro de la Defensa, quien sustituye al anterior asesinado por un nuevo complot, es descubierto a través de una fotografía donde aparece con uno de los comprometidos en el atentado. Es apresado, torturado y dejado al desgaire, en una suerte de exilio interior en el que la lluvia es el único testigo de sus cavilaciones.
***
Esta novela se lee de corrido por la calidad expresiva del autor. Desde la primera línea el lector no se desprende de la historia hasta el final, que podría quedar abierto para nuevas aventuras verbales acerca de este personaje.
Es una novela fresca en su discurrir, bien contada, la cual revela una densa y sólida estructura que atrapa a cualquier lector: es una historia que nos reconoce como países en crisis permanente.
Su poética está basada en la realidad que en el pasado y en este presente sigue siendo una demostración de que América Latina no termina de madurar.
Por eso, Todavía llueve con la insistencia de la incertidumbre.
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