
La poesía del escritor venezolano Jesús Utrera (Ocumare del Tuy, 1990) se construye desde la contención, el silencio y la intensidad de la imagen. Es algo que se aprecia en Tonada seca, su primer poemario, donde la ausencia, la intemperie y la memoria dialogan con la fragilidad del cuerpo y la persistencia del deseo. La voz poética va de la orfandad a la resistencia y atina a nombrar lo efímero sin perder la precisión de la palabra. La obra, publicada por la alianza editorial Letralia-FBLibros, se inscribe en una tradición que privilegia la síntesis y el poder evocador del lenguaje, trazando un mapa de símbolos en el que la sombra, la arena y el agua actúan como fuerzas fundamentales.
Joven autor que ha asumido con seriedad su formación a través del ejercicio riguroso de la lectura y con su asistencia a talleres literarios en Venezuela y México, Utrera escribe una poesía que, lejos de la grandilocuencia, encuentra en la economía del lenguaje su mayor fuerza expresiva, un rasgo que distingue a Tonada seca y que convierte cada poema suyo en una exploración meticulosa de la ausencia, el duelo y la identidad.
De estos y otros temas hablamos hoy con Jesús Utrera, quien reflexiona sobre los procesos que dieron forma a su libro, la construcción de su universo simbólico y la manera en que la poesía se convierte en un espacio de resistencia frente al vacío. Desde la génesis de Tonada seca hasta su visión sobre el lenguaje y el ritmo poético, el autor comparte su mirada sobre la escritura y la exploración de una voz que se esfuerza por encontrar su propia cadencia.
Jesús Utrera, poeta de la austeridad
—Hablemos del origen de Tonada seca. Este es un libro en el que conviven, en tensión, la fragilidad y la resistencia, y en el que el desierto, la sombra y la intemperie se vuelven metáforas de la pérdida, el exilio y el silencio. ¿Cómo decides enfocarte en estas imágenes? ¿Partieron de experiencias personales o emergieron como símbolos universales en el proceso de escritura?
—Efectivamente, el punto de partida de mi proceso creativo se origina en vivencias personales y surge de una profunda reflexión interna; la pérdida y el desarraigo sirven como base emocional de mi poesía. No obstante, son imágenes simbólicas que van más allá de lo individual, la representación humana frente al vacío y la adversidad es un tema recurrente en la literatura. La fragilidad y la fortaleza conviven en armonía dentro del mismo contexto; fue en esa tensión donde encontré el motivo principal que guía mi libro.
—El título, Tonada seca, sugiere un contraste entre la música y la aridez, entre la cadencia de la palabra y la sequedad del paisaje. ¿Cómo llegaste a este título? ¿Crees que en la estructura misma del poemario se refleja esta dualidad entre el lirismo y la sequedad del lenguaje?

—Ciertamente, el título se inspiró en la estructura misma del poemario y también busca capturar la tensión entre la musicalidad de la poesía y la simplicidad del lenguaje utilizado en el libro. En la poética de este volumen se percibe ese contraste: por un lado el ritmo y las imágenes coexistiendo, por otro lado un lenguaje sobrio y directo casi desnudando la palabra en una lucha constante entre lo dicho y lo que permanece en silencio. La melodía intentando ser libre choca de frente contra la austeridad despojada del vocabulario empleado.
—El libro está dividido en tres secciones que no parecen responder a una narrativa tradicional, sino más bien a una evolución interna del yo poético. ¿Cómo concebiste la estructura del poemario? ¿Hubo un criterio consciente al ordenar los poemas, o fue un proceso más intuitivo?
—Al principio surgió de forma instintiva, la conjunción de las ideas en mi mente, una voz interna regida por la intuición que intenta poner orden en el caos de las emociones; sin embargo, luego de dejarlo reposar, me di cuenta de que las tres secciones representaban un trayecto personal interno más profundo y significativo. No hubo una narrativa lineal, sino más bien un vaivén emocional y conceptual que me llevó desde la sensación de pérdida hasta la lucha y finalmente hacia una forma de reconciliación con aquello que nos falta. El orden en que se presentan los poemas seleccionados busca capturar el contraste y las variaciones de nuestras emociones como un álbum fotográfico.
Tonada seca o el pacto con el lenguaje
—A lo largo del poemario, la muerte y el duelo parecen representar fuerzas que moldean la identidad. En tu opinión, ¿qué papel juega el lenguaje en la construcción de una poética del despojo?
—El lenguaje, aún en su fragilidad, es despojo, en el más luminoso de los sentidos. A partir de allí, el desarrollo de una poética que refleje la muerte y el duelo implica el uso de las palabras que busquen nombrar aquello que no tiene nombre; en este sentido, el silencio adquiere un papel fundamental.
—Uno de los aspectos más notables de tu escritura es la precisión del lenguaje, la contención expresiva que deja espacio para la sugerencia y el silencio. ¿Es esta economía expresiva una búsqueda deliberada o una consecuencia natural de tu proceso de escritura?
—En efecto, en el poemario hay una economía deliberada, porque el silencio pesa tanto como la palabra. Sin embargo, también es cierto que es consecuencia natural de mi proceso de escritura y surge de mi relación con el lenguaje: prefiero sugerir que a explicar, dejar huecos para que el lector complete. Esa contención requiere de habilidad e inteligencia en el pacto con el lenguaje.
—El simbolismo en el poemario es intenso y, en ocasiones, enigmático. Imágenes como la ceiba, la cuerda, el tren y la arena parecen construir un universo propio dentro del libro. ¿Cómo trabajas la imagen poética? ¿Hay una intención de generar un sistema simbólico propio o dejas que las imágenes emerjan libremente?
—Inicialmente las imágenes surgen intuitivamente, del rapto. Sin embargo, luego de reposar, las trabajo para que entre ellas exista una conexión. No partí de un sistema establecido, pero sí busqué que, al final, el poemario encontrara coherencia y un hilo conductor, pues esas imágenes conviven en el mismo paisaje emocional.
Economía y poesía, quehaceres del rigor
—En Tonada seca se advierte una raíz en la gran poesía venezolana (Ramos Sucre, Montejo), pero también una voz muy tuya. ¿Qué poetas te han influido y cómo los llevas a tu terreno?
—Sin duda alguna, Ramos Sucre y Montejo son faros importantes e ineludibles en mi escritura. Sucre con su simbolismo y Montejo con su terredad. También vale mencionar a Pizarnik. Sin embargo, tomo lo que resuena en mí en un momento determinado y lo filtro a través de mis propias obsesiones y demonios.
—Vienes de la economía pero también has pasado por talleres de poesía. ¿Cómo conviven en ti lo numérico y lo poético?
—Encuentro riqueza en ambas cosas, las dos exigen un gran rigor. La economía me acercó a la ciencia, a lo medible y cuantificable; la poesía, por su parte, me enseña a convivir con lo ambiguo, lo emocional, incluso lo espiritual, para encontrar un lugar desde donde ver un mundo lleno de contradicciones. Pienso que son dos lenguajes distintos para nombrar el mundo y nos dan una visión más completa.
—Sé de la orientación y del trabajo de acompañamiento que ha hecho contigo la poeta Gabriela Rosas, que a la sazón escribe el epílogo del libro valorando tu desarrollo como autor. ¿Puedes hablarnos de esa experiencia? ¿Sientes que te ha sido de ayuda en la búsqueda de una voz propia?
—Gabriela ha sido indispensable. Su generosidad, agudeza y rigor poético, fueron un faro guía para mí, para no conformarme con la vía fácil, dejar atrás lo que no aporta y enfrentar la herida. Los talleres con ella han proporcionado espacios seguros tanto de diálogo como de desafío, donde entendí que la voz propia no significa ser diferente o una originalidad forzada, sino aceptar la singularidad como un acto de honestidad con uno mismo.
—Este es tu primer poemario publicado, un punto de partida dentro de tu trayectoria literaria. ¿Cómo sientes que esta obra te define como poeta? ¿Hacia dónde crees que se dirige tu escritura después de Tonada seca?
—Tonada seca es, con humildad, mi tarjeta de presentación. Un álbum fotográfico de mis preocupaciones e inquietudes tempranas. Pienso que me define como un poeta atraído por lo desolado, pero también por la piel. Actualmente, pienso que mi escritura podría abordar otros registros, explorando otras formas de la pérdida y lo existencial, escuchando al poema, dándole lo que pida.
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