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Su libro Voces del valle es producto de la indagación histórica y geográfica
Emir Brando Tepepa Esquivel convierte su entorno en poesía

jueves 29 de mayo de 2025
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Emir Brando Tepepa Esquivel
Emir Brando Tepepa Esquivel: “Como poeta sentía que tenía esa obligación de hablar de esos lugares que en su momento dado le dieron fama a Atlixco”.

Pocas veces un poemario logra captar con tanta precisión y sensibilidad la dimensión profunda de un territorio. Voces del valle es un mapa poético que recorre los espacios físicos, históricos y simbólicos del valle de Atlixco, en el estado mexicano de Puebla. En cada poema, una iglesia, una fábrica, una fuente o un cerro se convierte en detonante de memoria, en punto de anclaje para evocar no sólo paisajes, sino también saberes, oficios, luchas y silencios. La obra articula, con notable coherencia, una mirada personal que se enlaza con lo colectivo, con lo que sobrevive a pesar del tiempo y el olvido.

Su autor, Emir Brando Tepepa Esquivel (Atlixco, 1994), no es un poeta ocasional. Su formación, centrada en la contaduría, se complementa con una sostenida investigación sobre la historia regional, la arqueoastronomía y la memoria popular de su comunidad. Ha participado en coloquios académicos en México y Centroamérica, y ha reunido, con paciencia de cronista, documentos y testimonios sobre la identidad atlixquense. Ese mismo rigor, trasladado al terreno de la poesía, produce un efecto singular: los versos de Voces del valle son piezas cuidadosamente elaboradas para encarnar la voz multitudinaria de una región.

Hoy hablamos con este joven autor mexicano sobre el origen y la estructura del libro, la carga simbólica de los espacios que lo inspiran, y el modo en que su práctica investigativa ha incidido en su trabajo creativo. También habla del abandono patrimonial, de la religiosidad sincrética, de los trabajadores invisibles y de la importancia de hacer del poema no una evasión, sino una forma de resistencia y pertenencia.

 

“Voces del valle”, de Emir Brando Tepepa Esquivel
Voces del valle, de Emir Brando Tepepa Esquivel (2021). Disponible en Wattpad

Voces del valle: viaje poético más allá del centro

—Quien lee tu libro Voces del valle puede trazar una cartografía emocional, simbólica e histórica del Valle de Atlixco, en la que cada poema funciona como una evocación del paisaje, pero también remite a múltiples capas de sentido. ¿Cómo concebiste la estructura general del poemario? ¿Qué criterios seguiste para organizar los lugares y las voces que lo integran?

—Bueno, quería hablar de los templos religiosos que hay en Atlixco, ya que todos están en pleno corazón de la ciudad; después quería hablar acerca de las construcciones o de esa arquitectura que está hecha de papel, ya que muy pocas personas visitan estas construcciones, como si reflejaran esas vidas de papel, cuyas vidas las plasman a través de dichas construcciones, como que están ahí no más porque sí, no dándoles un valor excepcional a dichas construcciones. Ya desde hace años, cuando estaba recopilando información acerca de los sucesos históricos más importantes de Atlixco para una recopilación que titulé Solares, recopilación de sucesos históricos en Atlixco, quería hablar al menos de las salas de exhibición del séptimo arte a través de la poesía, ya que hay muy poca información acerca de estos lugares, que desde mi punto de vista fueron muy importantes para los trabajadores de las diferentes fábricas que existieron en Atlixco, ya que estos lugares eran un escaparate para romper con los trajines del día a día. Y bueno, ya de los cines, sale de hablar de forma poética de las antiguas fábricas que existieron en Atlixco; existieron muchas y quería rendirles un sencillo homenaje a través de mis versos. Estas fábricas en verdad fueron reconocidas a nivel nacional; no por nada en la época Atlixco ha tenido privilegios reconocidos a nivel nacional, en la época colonial fue conocido como “el granero de la Nueva España”, esto gracias a sus aguas ricas en nutrir la tierra; fue un lugar propicio desde la época prehispánica con el maíz, en la colonia con el trigo; más tarde empezaron a existir muchas haciendas, y después con la existencia de las fábricas, ubicadas en diferentes puntos estratégicos del municipio de Atlixco, y repito, gracias al agua, que hacía posible esto, aunque ya no existen en la actualidad estas fábricas pero aun así es una herencia que no debemos ignorar. Es cierto que cuando nos hablan de cualquier lugar nos enfocamos sólo en conocer lo más cercano, es decir, nos quedamos sólo en visitar lo céntrico de una ciudad o de un poblado, pero aquí viene una pregunta que un verdadero turista se debe hacer: ¿por qué no nos atrevemos a conocer más allá del centro de la ciudad o del poblado? Quizás pueda ser por el tiempo, pero siento que nos perdemos de otros lugares que nos pueda ofrecer la ciudad o el poblado; con “Unión de raíz” fue hablar de las juntas auxiliares que conforman el municipio de Atlixco, ya que cada junta auxiliar tiene su propia historia; dejar a un lado eso era para mí ignorar su raíz porque, repito, la ciudad o el poblado no lo conforma solamente lo céntrico, lo más cercano por decirlo así, sino más bien esas juntas que en lo prehispánico fueron asentamientos indígenas que con el paso del tiempo congregaron el municipio de Atlixco. Y así es como llegamos a la parte final del poemario con “Los tesoros”, donde hablo del antiguo distrito de Atlixco, ya que antes el estado de Puebla se dividía por distritos —en la actualidad son municipios—, y el distrito de Atlixco se conformaba de seis municipios actuales, todos ellos como el propio Atlixco, que lo reflejo con el nombre de “Solares” ya que ahí existió el antiguo asentamiento prehispánico conocido como Cuauhquechollan, y después hermanándose con Huaquechula, Tochimilco, Tianguismanalco, Atzitzihuacan y Nealtican; vaya, era rescatar de lo que no se habla, de esas voces ocultas que hay entre nosotros.

—Muchos de los textos revelan un territorio atravesado por la fe, la historia obrera y la herencia indígena, donde el pasado no es una reliquia, sino una presencia activa. ¿Qué papel tiene la noción de memoria en tu escritura y cómo dialoga con la historia oficial de Atlixco y sus municipios vecinos?

—Tiene un papel relevante, ya que al escribir mis poemarios reflejo un diálogo con la historia oficial y la no oficial de Atlixco y los otros municipios. En su momento leí muchos libros tanto impresos como digitales, y eso me permitió en un momento dado realizar recopilaciones de diferentes sucesos: uno, el que mencioné en la pregunta anterior, otro como Las guerras floridas en el Valle de Atlixco, a través de fuentes bibliográficas, y el ultimo, recién hecho, es más una antología poética de poemas y poetas locales, lo que me conllevó a tratar de comprender la historia de Atlixco escribiéndola de una forma poética, hablando de lo que se habla muy poco, o más bien de lo que se conoce; algunos dicen que la historia oficial no es así, que es una mentira, pero como lo dije, es el hecho de indagar, analizar y tratar de comprender para que uno pueda conocer su pasado; mis poemas tienen eso, el diálogo con la historia.

—En la mayoría de los poemas se percibe un tono ceremonial, donde la escritura parece participar de un rito colectivo, como si la poesía sustituyera a la liturgia. ¿Concibes tu escritura como un acto ritual? ¿Crees que entre el lenguaje poético y los actos de fe —ya sean religiosos o culturales— puede establecerse algún tipo de relación?

—Sí, porque de hecho el acto ritual se concibe en la cosmovisión que le da la sociedad; dicha cosmovisión es a través del espacio y el tiempo, en mis poemas se reflejan los diferentes paisajes que existen o existieron en Atlixco, que vienen siendo paisajes naturales transformados en paisajes culturales, determinados en diferentes épocas, dándole a cada generación un valor significativo.

 

Emir Brando Tepepa Esquivel: dándole voz a su entorno

—A lo largo de tu libro se percibe una tensión poética entre lo mesoamericano y lo cristiano, que conviven en las imágenes, en los espacios y en los rituales. ¿De qué forma tus investigaciones sobre la arqueoastronomía y la historiografía regional influyeron en el modo en que construyes las metáforas y eliges los escenarios del libro?

—Influyeron más mis investigaciones historiográficas regionales; poder tocar y ver un libro reciente o antiguo, ya sea impreso o digital, me permitió en su momento plasmarlo en poemas; así como realizaba mis recopilaciones, así también quería plasmar algunos lugares de Atlixco ya fuera en versos o en haikús. En lo que es la cuestión arqueoastronómica, pues en sí en su momento no conocía esta disciplina, ya que cuando termino mi poemario empezaba a conocerla.

—Los poemas dedicados a fábricas, cines y otros espacios expresan una conciencia clara sobre el deterioro de la memoria material. ¿Cuál es tu mirada sobre la pérdida de estos patrimonios en tu región? ¿Cómo buscaste reflejar esa ausencia en tu obra sin caer en el lamento nostálgico?

—Pues como poeta sí sentía que tenía esa obligación de hablar de esos lugares que en su momento dado le dieron fama a Atlixco; sí es lamentable que en su momento hubo personas que tenían las herramientas para rescatar algunos lugares que hoy en día ya no existen, pero no hicieron nada por rescatarlos. Era una obligación hablar de manera poética de esos lugares que ya no existen o están en abandono, no con la finalidad de causar lástima, sino de concientizar a la población de lo que tuvimos, y de lo que aún tenemos, porque si no, pues caemos en esas lástimas que no nos llevan a un lugar deseado.

—Es notorio que muchas de tus composiciones concluyen con una pregunta, lo que otorga a los textos un carácter reflexivo, incluso inacabado. ¿Qué significa para ti esta insistencia en cerrar con interrogantes y cómo crees que eso condiciona la relación del lector con los poemas?

—Es un llamado a ser más analíticos con nosotros mismos y con nuestro entorno, y eso condiciona aceptar lo que pueda uno cambiar y lo que uno no pueda cambiar.

 

Leer más para analizar con mayor profundidad

—Aunque no hay personajes en el sentido narrativo, el libro está lleno de presencias: trabajadores, ancianos, niños, comerciantes, músicos. ¿Cómo construyes estas figuras anónimas que habitan tu poesía y qué función cumplen en la representación de la vida cotidiana del valle?

—Las construí a través de la mirada, ya que cada persona es única, es un mundo, el trajín que cada persona realiza día a día representa la cotidianidad del valle; claro, siempre y cuando se mantengan los pies sobre la tierra, ya que hay algunas personas que hacen tal o cual acción y sienten que fue lo máximo; lo presumen como si idolatraran ese ego, cuando hay otras personas que están realizando acciones fuera de lo común o fuera de lo normal y no andan presumiéndolo, simplemente las realizan por el gusto de ser felices, y eso también es algo cotidiano del valle.

—En una conversación previa nos comentaste que fue de adulto que comprendiste realmente el lugar de dónde vienes. ¿Puedes hablarnos de cómo fue este proceso? ¿De qué manera influyó en tu escritura esa toma de conciencia personal?

—Lo que pasa es que cuando era niño no leía mucho, ya empecé a leer libros estando en la preparatoria; con el pasar de los años me fui interesando en otros géneros literarios. Esas diferentes lecturas que he tenido en estos últimos años me han permitido ser más analítico, y ese análisis conlleva a una concientización profunda y tratar de comprender lo que sucede a mi alrededor, no para cambiarlo, sino para aceptarlo.

—Has publicado anteriormente otros poemarios, pero Voces del valle parece tener una ambición más amplia, cercana a lo documental, casi como una obra de rescate cultural. ¿Qué diferencia a este libro de tus trabajos anteriores?

—En Faz de Puebla trataba de mirar esas faces ocultas que hay entre nosotros. En Miradas quise darles nombre a las miradas que nos suceden en la cotidianidad. Ya para Armonía de palabra intenté jugar con nuestras palabras y crear conversaciones con nuestro entorno, mientras que Voces del valle es más un esfuerzo por rescatar esas voces ocultas que existieron —algunas aún existen—; como lo dije anteriormente, hay que educarse para tratar de comprender lo que aún existe; educarse, que no es más que leer e indagar, permite hacer un rescate no solamente cultural, sino también histórico.

Jorge Gómez Jiménez

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