
Tomarse la poesía en serio es tender puentes entre lo íntimo y lo colectivo, entre la observación minuciosa de lo cotidiano y la elaboración simbólica que lo trasciende. Es en esa intersección donde se mueve el venezolano Pedro Massaroni (Caracas, 1997), un autor cuyo proyecto poético, de largo y plausible aliento, se encuentra articulado en “llaves”, cada una de las cuales abre un espacio distinto de exploración: el yo, la sombra, la ciudad. Todo contenido en una estructura que, aunque rehúye la rigidez formal, se sostiene en un entramado de imágenes recurrentes y en un pulso rítmico inconfundible.
En Poemario, segmento que reúne las secciones 10, 11 y 12 de este sistema, Massaroni conjuga la experiencia de la vigilia y el sueño, la respiración de la naturaleza y el vértigo de la urbe, los símbolos que la tradición ofrece y la mirada personal que los renueva. Aparecen aquí animales reales y fantásticos, figuras geométricas, ciclos de erosión y renacimiento, objetos comunes convertidos en detonantes de conciencia: ingredientes todos de un tejido verbal irónico y lúdico que, además, se apoya en una mirada filosófica.
Hoy conversamos con este licenciado en Comunicación Social que decidió abrazar la literatura, formándose en talleres como los de la librería Lugar Común, la escuela de escritores Corrección Perpetuum de Álvaro D’Marco o el Diplomado de Apreciación y Reflexión Poética de la Fundación La Poeteca. Massaroni encara la poesía como un ejercicio de disciplina y de escucha y ha encontrado en la constancia y en la lectura dos llaves fundamentales para abrir su propia voz.
Poemario, una visión de la poesía como sistema
Con Poemario abres una secuencia que continuarías en volúmenes posteriores, y en la que destacan unos fuertes símbolos: sombra, mente y ciudad. Sé por conversaciones previas que primero escribiste el segmento “11: La sombra de la llave (Sueños y nubes)” para luego complementarlo con los otros dos: “10: La llave y la mente (Dormido sin descansar)”, y “12. La otra llave (Ciudad al despertar)”. Comencemos entonces hablando de la pulsión poética que se esconde detrás de estas llaves, estos códigos que dan forma a Poemario.
Poemario es el título de los libros, cambia sólo el número según la entrega. Del primero esas tres secciones hacen el abrebocas para las siguientes. Cada Poemario tiene, si no una, varias secciones. Se puede decir que son varios poemarios en una sola entrega de un Poemario. Hay algunos que sólo tienen una sección.
Las tres primeras secciones tienen esos símbolos, como bien mencionas, en el sentido de lo primario a tratar en mi poesía. La mente como sistema que categoriza e incluso desordena. La llave como herramienta para abrir y acceder, pero también para cerrar y ocultar.
Incluso esta misma llave y cómo parece que en su materialidad causa estragos en la mente. Su sombra, como la de todos, tiene otros aspectos de una misma unicidad. Como también, por no ser única, o no ser probada como tal, tiene otros iguales en esencia, otras llaves.
Haber comenzado por el segmento 11 es una casualidad. Nada más iba a ser ese segmento. Me pareció que “La sombra de la llave” sería un buen título para el segmento. Después saqué cosas que había escrito anteriormente y les puse 10, con el título “La mente y la llave”. Cuando tuve esos dos me animé al tercero, que sería “12: La otra llave”. De esa manera tuve ya un solo Poemario.
Para los siguientes Poemario hice otros segmentos como “13: Demente” o “18: Universo”.

A lo largo del libro aparecen ciclos naturales (agua, nubes, erosión) y ciclos de la experiencia (búsqueda, retorno, umbral), como si la materia del mundo fuera una gramática para leer la vida. ¿Puedes comentarnos qué planteamiento poético haces en ese paralelismo entre procesos geológicos y procesos de conciencia?
Verás, siempre me gustaron, en filosofía, los primeros filósofos, y cómo entendían el mundo por un solo elemento. Unos el agua, otros el fuego, tal vez la tierra, y así.
Con el tema ya centrado en el poeta, me pareció que todo el poema o incluso todo un poemario está también regido por un único factor. Puede ser grande como una sociedad o pequeño como una nube. De ahí que para mi poesía algunas cosas tenían que ser escritas con procesos naturales o con conciencias dirigidas hacia ciertos elementos o cosas que tuviesen un cierto devenir.
La unidad del poema me permite crear en versos una secuencia, un poco parecido a un visual, de un hallazgo o una cierta puesta en escena. Como también meramente un resultado de fuerzas o inercias, que escritas dan a conocer un evento.
Las tres llaves que conforman el libro proponen campos de experiencia distintos: introspección onírica, tránsito por la sombra, amanecer urbano. ¿Cómo concebiste esa arquitectura interna de Poemario?
Cuando me di cuenta de que había comenzado por la sombra y que en mí ya había una llave, supe que el anterior tenía que ser una llave ideal o una representación. No digo que la sombra sea mala, incluso es motivo de una tercera. Esta última culmina dando salida a lo que en ese momento vivía. Los poemas de ese último segmento son de temática cotidiana, algunos con humor, otros con fantasía, pero todos en sus versos con una muestra de mi día a día. Todo el Poemario está fechado. Son casi tres años de mi vida en poemas, y en esos años las ocasiones para escribir estaban dadas con continuidad a lo que estaba estudiando, que era Comunicación Social.
Pedro Massaroni, amor por la lectura
Varias piezas despliegan microfábulas y bestiarios —zorro, lobo, pez, pájaro, salamandra, incluso un caballo alado— junto a geometrías y colores (círculos/triángulos; amarillo/morado). ¿Qué papel cumplen estas familias de símbolos en tu poesía?
Has dicho bien, cumplen un colectivo de representación. Al abarcar los símbolos primerizamente tenemos que mucho de lo que está en los versos puede ser conocimiento básico sobre el mismo símbolo. La utilización de ellos, además de ser un juego entre la realidad y el imaginario colectivo, son una fuerza de resistencia a la llave. Como poeta los veía claros, pero como agentes dentro del poema son código de una acción. Entre eso, también destaco que mi papá me compró un Diccionario de símbolos, por lo que pasé unas noches revisando y escogiendo cuáles serían los mejores.
“Soy el vigilante de los vigilantes (...), el que vela por su vigilia tanto de día como de noche”, escribes en uno de los poemas. ¿Qué importancia le das a la vigilia en este planteamiento poético en el que el sueño —y no en una única acepción— tiene tanto peso?
Buena pregunta, responderé que es la toma de decisiones la que puntualiza una acción. En este caso si es en la vigilia parece que muchas de las acciones ya están dadas de primera mano. Uno puede ser protagonista de su propio mundo o de uno dado por los demás. Las decisiones terminan por concluir cosas o actividades que no tienen ni nuestra llegada o nuestra partida. Algo así como tampoco los sueños. Las decisiones en este caso nos hacen sentir o transportarnos. Es ahí donde un buen conocimiento previo, una buena lectura, una buena compañía, hace la diferencia en la vida de las personas, sean poetas o no.
Aunque en este libro hay un predominio del verso libre, es notable cómo vas experimentando a lo largo de sus páginas con diversas formas y lenguajes, “hablando” a veces a través de los elementos tipográficos y los espacios, hasta rozar incluso el caligrama. ¿Qué búsqueda expresiva se encuentra detrás de esta dimensión visual del poema?
En este caso debo decir que no son premeditados ciertos arreglos más que por inventiva. Mucho de lo escrito es amor por la lectura. Cada vez los patrones o incluso instrucciones ilegibles de un caligrama pueden surgir a simple vista. El esfuerzo es hacer un uso donde haya también una experiencia. Tal vez es un comienzo para pasar a poemas como los sonetos o décimas, pero no creo.
“Para mí ahora la poesía es mi género predilecto”
Este libro tiene ya cinco años de haberse publicado, un tiempo en el que has accedido a diversas experiencias formativas y, por supuesto, lecturas y recorridos como escritor. ¿Qué relación mantienes hoy con aquel yo fechado en los poemas? ¿Cómo has evolucionado? ¿Cómo ha incidido la formación adquirida en talleres y diplomados?
Han sido de mucho cambio, Jorge. Fíjate que he profundizado en otro tipo de lectura, como también en los talleres y en el diplomado he conocido autores nuevos. El yo de aquel entonces poseía, entre los privilegios dados y agradecidos, una suerte de destello propio. Algo así como un espejo o cristal. Ahora ha tenido que verse en otras circunstancias gracias a que toca expandirse o toca moverse en el eje. De leer a Baudelaire llegamos a la Obra entera de Cadenas y a Tranströmer. De manera que lo que se escribe tampoco es de la misma corriente. Creo que estamos en paz aceptándonos cada uno como un medio de algo más grande.
Titular Poemario los diversos libros de una serie de poesía —a este del que hablamos hoy le siguen cinco partes con similar título— es ya una declaración de principios. ¿Puedes decirnos qué propuesta hay detrás de esta aparente parquedad?
El título me da a mí satisfacción de manera en la que puedo, entre todo lo que está en cada uno, que por cierto es distinto y espero que haga un arco narrativo en vista a una vida poética actual y conocedora del arte que ejecuta, un capítulo o un estatuto. Me gustaba otro título que era “Ultimátum”, de manera que fuese el uno, el dos y así. Creo que Poemario busca, comenzando con Llaves y terminando en Puertas, recolectar o hacer visible una parte del momento en el que vivimos. Es un paso a paso que no por ser secuela deja incertidumbre en su secuencia, creo que despliega un abanico para refrescar.
Has incursionado también en la narrativa con libros de cuentos y novelas. ¿En qué género te sientes más a gusto como escritor? ¿Reservas temáticas u obsesiones específicas para cada género?
Para mí ahora la poesía es mi género predilecto. Después del diplomado he encontrado una verdadera pasión por ella. De manera que los otros géneros me llenan y sigo escribiendo cuentos y novelas cortas, pero quiero dejar una huella en la poesía. Pronto se publicarán nuevos libros que están revisándose en la editorial, como también uno que se llamará Block de notas, con algunos aforismos o pensamientos para discutir y discernir. Justamente las temáticas varían. En tal caso creo que el tema de lo onírico o el trance hace peso en mi literatura.
Con una decena de libros publicados, podemos decir que estamos ante un autor que se ha tomado en serio el oficio. ¿Puedes comentarnos en qué otros proyectos te encuentras trabajando actualmente?
Actualmente trabajo en dos novelas cortas que son secuelas de otras dos. La noche tendrá su secuela que será La madrugada. Totalidad tendrá su secuela en Nulidad. En poesía, aunque no estoy escribiendo, reviso y pulo constantemente mis poemas inéditos. Desde nuevos segmentos a cosas sin cabida y desligadas de mi trabajo. Incluso incursionando en écfrasis para colmar la creatividad.
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