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Terra alta, de Javier Cercas

• Domingo 18 de octubre de 2020
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“Terra alta”, de Javier Cercas
Terra alta, de Javier Cercas (Planeta, 2019). Disponible en Amazon

Terra alta
Javier Cercas
Novela
Editorial Planeta
Barcelona (España), 2019
ISBN: 978-8408217848
384 páginas

A fines del siglo XIX, el dramaturgo catalán Àngel Guimerà estrenó su obra maestra, Terra baixa. En ella, Sebastià, un potentado que domina la comarca así llamada, tiene una amante, Marta, y para guardar las apariencias decide casarla con un pobre pastor, Manelic, ignorante del apaño. Cuando éste lo descubre, intenta volver a la terra alta, de donde proviene, lugar pirenaico limpio de las falsedades de la terra baixa. Marta, que acaba enamorándose de él, quiere acompañarlo y, como la retiene Sebastià contra su voluntad, Manelic lo mata. Este es, simplemente, el argumento.

No hay concomitancias claras con Terra alta, de Cercas, premio Planeta 2019, pero su título retrotrae por fuerza al drama de Guimerà y alguna intersección sería observable. Esta otra terra alta es una comarca real del sur de Cataluña, también con su punto de aislamiento y pureza, adonde es destinado el protagonista de la novela, el mosso d’esquadra Melchor Marín (una especie de Manelic a la inversa, proveniente de una terra baixa, Barcelona), para ocultarlo tras su heroica actuación durante los atentados islamistas de agosto de 2017. Allí conoce a una bibliotecaria, Olga Rivera, su Marta, también atrapada en una existencia algo errada, a causa de relaciones amorosas tóxicas, violentas y fallidas. No parece que sea posible ir mucho más allá en la comparación sin caer en la especulación fútil (practicada a veces en los departamentos de literatura comparada), pero algo más en el pasado de Olga, que conoce uno de los policías de la zona, queda inexplicado y podría ser el cabo suelto que falta por atar.

La obra que realmente planea sobre Terra alta es Los miserables de Víctor Hugo (1862), en su momento un alegato a favor de la reinserción y contra el ostracismo y la punición desproporcionada de los pobres, que fácilmente caían en la delincuencia menuda. Marín es hijo de una jienense que trabaja de prostituta en Barcelona, y se identifica con Valjean. Como él, empujado por el medio entra en prisión, donde la novela de Hugo le resulta una lectura analgésica y redentora. También su ser más querido desaparece para siempre de su vida mientras está privado de libertad. Una página de Los miserables acentúa el horror de la pérdida absoluta en el curso de la existencia, mitigado sólo por una noticia fugaz: en el penal de Tolón, sabe Valjean de oídas que su hermana vive en París, con un hijo, lo cual “fue un momento, un destello, como una ventana bruscamente abierta sobre el destino de aquellos seres que había amado y luego se cerró; no oyó más hablar de ella, nunca jamás. No supo nada más, jamás volvió a verlos, ni los reencontró ni volveremos nosotros a encontrarlos durante esta dolorosa historia”.

La técnica y el estilo de Javier Cercas son elegantes, envolventes, impecables, aunque el genio artístico y el frescor de su pluma no sean los de otras novelas.

Marín, aunque lo intenta, no puede desentrañar todos los detalles del terrible homicidio de su madre, acaecido en un descampado. Estas son las características que conforman al personaje: falta por decir que es el mismo villano de Los miserables, el contrahéroe Javert, quien le impulsa a entrar en la policía, tras cumplir su condena, porque con su irrefragable voluntad de justicia Marín lo considera un “falso malo”, es decir, un verdadero bueno.

La trama de la novela de Cercas se desarrolla alrededor del asesinato de unos empresarios, Francisco Adell (una especie de Sebastià sin Marta) y su esposa, además de una criada rumana. La investigación constituye el hilo argumental del presente narrativo de esta historia situada entre Gandesa, en el corazón de la Terra alta, y Tortosa. Marín sigue, como Javert, con la investigación más allá de lo razonable, cuando ya se le ha dado carpetazo. Pero, al reaccionar instintivamente cada vez que tiende a tomarse la justicia por su mano, actúa como su verdadero y definitivo modelo, Valjean, convertido en un animal a causa de la iniquidad de su situación: “Lo que consiguen las penas de esta naturaleza (…) es embrutecer, por una especie de transfiguración estúpida, a un hombre en una bestia salvaje, a veces feroz”.

La técnica y el estilo de Cercas son elegantes, envolventes, impecables, aunque el genio artístico y el frescor de su pluma no sean los de otras novelas. Resulta algo abusivo el trenzado de capítulos retrospectivos, que nos da cuenta de la vida anterior de Marín. Sólo el retorno de alguna figura, tras su muerte, gracias al flashback, viene a sedar agradablemente al lector. La pléyade de personajes secundarios es muy rica y están perfectamente dibujados, si bien se comportan de un modo algo inane, como actores mal pagados de teleserie. Sólo se destaca el entorno inmediato de Marín, su madre, el abogado Vivales, Olga, la hija de ambos, Cosette; y el subinspector Blai, mosso bonachón, independentista y cumplidor de la legalidad constitucional, también durante el referéndum del 1 de octubre de 2017. Como esta, hay algunas alusiones leves al proceso independentista: el autor de artículos tan emotivos y profundos como “La gran traición” (El País, 16 de junio de 2019) soslaya el asunto en relación con una comarca quizá más nacionalista que otras. Y probablemente acierta. Se puede entresacar sin embargo que su héroe “miserable”, Marín, es hijo de una andaluza, ciudadano en principio marginal de indudables cualidades, que parece al margen del debate independentista (lo de “españolazo” pueden aplicárselo en provincias a cualquiera venido de Barcelona que se muestre neutral con el “procés”). No es gran cosa y puede no implicar nada.

Por último, llega a hastiar que todas las tramas conduzcan a la guerra civil del 36-39, ese trauma en forma de cráter sociológico, que aquí también viene a aquilatar la novela. La Terra alta fue el escenario de la batalla del Ebro y Olga recuerda además el estrago de la lucha entre los dos bandos durante toda la contienda. A pesar de la insistencia de Cercas y de otros autores, no todos los lectores españoles de clase media tienen marcado a fuego en su propia familia el desgarro histórico del 36 y, para quien lo necesite, no estaría de más tratarlo con una sana terapia de variedad temática: el contubernio de Múnich, la transición, el terrorismo o —qué se yo— el proyecto Islero pueden ser de ayuda. Por fortuna, lo más sólido de la novela, Marín, es en cierto modo ajeno también a esas tediosas muletillas argumentales. Esta notabilísima aportación de Cercas, pues, como reflejo atenuado de la novela de Víctor Hugo, si bien con una ambientación actual y efectiva, se centra en un héroe que sólo vive su presente, asaeteado por el infortunio, y que bracea y brega dentro de una superior escala de valores tangibles y dicotómicos, de cierto arraigo filosófico, exactamente igual que un personaje del siglo XIX.

Daniel Buzón
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