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La epopeya de una derrota, de Luis Gonzalo Díez

sábado 16 de enero de 2021
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“La epopeya de una derrota”, de Luis Gonzalo Díez
La epopeya de una derrota, de Luis Gonzalo Díez (Galaxia Gutenberg, 2020). Disponible en Amazon

La epopeya de una derrota
Luis Gonzalo Díez
Ensayo
Galaxia Gutenberg
Barcelona (España), 2020
ISBN: 978-84-17971-68-7
184 páginas

Esta audaz editorial, que publica títulos de singular calado, ha lanzado el presente ensayo del profesor Luis Gonzalo Díez (en la universidad madrileña Francisco de Vitoria) en medio de una España sobrecargada, nuevamente, de política. Y el germen de esa saturación es el tema central del libro, que se detiene a analizar la filosofía civil de Galdós a través de los Episodios nacionales. El autor, sin embargo, no ha querido elucubrar entre líneas (en un ejercicio de especulación hueca) qué pudo haber sentido el autor canario, casi inconscientemente, sino identificar su verdadera intención intelectual.

El opúsculo viene a tratar el llamado “demonio de la política”, tal como lo delinea Galdós, desde su nacimiento, durante la Guerra de la Independencia, hasta el marasmo de la Restauración alfonsina. El primero de los protagonistas galdosianos estudiados, Gabriel Araceli, se da cuenta de cómo el pueblo español, que se bate contra la ocupación francesa, encarna ya un ente recién formado, que ha tomado cuerpo, puesto que la defección de los gobernantes ante la intromisión del ejército napoleónico ha dejado un vacío. Sobre la base de este reconocimiento, nace ya, al pasar a la segunda serie de los episodios, la dicotomía entre las dos Españas, la revolucionaria y la conservadora, recurrente expresión sabiamente eludida en todo el ensayo, pero que lo sobrevuela. Y esta es la piedra angular del ensayo. Aunque el autor no pretende atribuir a Galdós una clarividencia irreal, nos indica la intuición y la penetración que tuvo al escribir los episodios de Elterrorde1824 y Zumalacárregui. En el primero el escritor canario muestra los desmanes sistemáticos de un régimen que de absolutista se ha vuelto totalitario al intentar protegerse de las sediciones, verdaderas o supuestas. Anticipa, dice Gonzalo Díez, las persecuciones de los estados comunistas y fascistas del XX. En Zumalacárregui Galdós es capaz de describir con acierto el proceso psicológico de la deshumanización del adversario político, su animalización.

El ensayo sirve también, aunque no lo pretenda, como compendio o guía literaria de los Episodios. No olvida los personajes principales y secundarios, muchos de los contextos y la evolución y el contenido de cada serie.

El mensaje del ensayo, que resulta muy sugestivo, queda resumido en la página 101:

Galdós intuyó en la guerra y la revolución en que se engendró la España contemporánea mucho más que el paso de un sistema de gobierno y de un tipo de sociedad a otros, mucho más que el advenimiento de la idea moderna de nación. Lo que intuyó, tras un primer momento de unidad nacional, fue el cisma ideológico que dividió el país en facciones irreconciliables e inauguró toda una época de desorden e inestabilidad.

No es, sin embargo, la única idea del trabajo. La modernidad se inaugura con una dicotomía entre una nación, en sentido épico (y trágico: Trafalgar), pero también cotidiano (los trabajos de la gente común, sus costumbres, su toma de conciencia como pueblo), idea nacida de los cascotes del Antiguo Régimen, y el populacho violento y desenfrenado, a menudo exacerbado por la ideología. Pero luego siguen otras diferencias de matiz, como la que hay entre tres figuras políticas del primer momento: el doceañista, el mero afrancesado y el pueblo desarraigado de su pasado reciente, de sus creencias antiguas.

El pensamiento de Galdós es equiparado al del político irlandés Edmund Burke, que aborreció los dislates revolucionarios; al de Joseph Roth, que acuñó la feliz expresión “el Dios europeo rector de la política”; al de Herder, que creía en una idea de nación pura, previa a los espasmos de la política ideológica. Pero Gonzalo Díez advierte que Galdós no es ni un conservador ni un desengañado de la revolución. El colofón del ensayo es el análisis de Cánovas (1912), último Episodio. El autor canario había comenzado su colección en 1873, en pleno sexenio revolucionario, había vivido y estudiado el fracaso de los excesos ideológicos pero también había comprendido la inutilidad de los “tiempos bobos” de la Restauración. Como Orwell, Galdós estaba obligado a seguir anhelando el cambio, a pesar del escepticismo hacia los experimentos políticos inspirados por ese diablo disruptor. El título de este excelente ensayo concluye también, en cierto modo, el argumento: la España desjarretada del XIX pudo haber vivido muchas epopeyas, pero salió vencida. Es, por lo tanto, una advertencia (muy bien construida, nada banal ni predecible) para el presente.

Para acabar, cabe decir que en este opúsculo se echan de menos referencias a documentación galdosiana más allá de los Episodios así como, si toda no, al menos alguna bibliografía cruzada. Aunque hay que entender que cumple bien con el formato de ensayo tal como está escrito, quizá tales accesorios le hubieran dado más completas hechuras.

Daniel Buzón
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