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De Cancionero y rimas burlescas

lunes 3 de agosto de 2015
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Cancionero y rimas burlescas Fulgencio Martínez Ed. Renacimiento Sevilla, España, 2014
Cancionero y rimas burlescas
Fulgencio Martínez
Ed. Renacimiento
Sevilla, España, 2014

Los condenados por elegancia

“Par délicatesse
j’ai perdu ma vie”.
Arthur Rimbaud
(…7 de cada 10 encuestados perciben que ha empeorado su vida.
El resto no tiene vida, o no contesta)

En el último tenedor
almorzó tres veces… sin hambre,
en el mismo día, a la misma hora.
Comió como diez hombres.
Devoró el trabajo de mil obreros.
Devoró, digirió, y volvió a comer
hasta alcanzar nunca la saciedad.
Era evidente su nivel de vida
elevado. Elegante, distinguido;
refinado aunque modesto
en dar propinas —ese costoso
gesto superfluo lo tildaba
de despilfarro—, siempre iba
a la mejor barra de Madrid
para encontrarse con él mismo.
Que eran otros igual que él,
recalzados en la crisis, asquerosos
millonarios cursizampos, perras
sin dientes, ansiosos de fornicar
mas convocados a siempre comer
defecando los placeres y trabajos
de otros.
                 Pobrecitos, pobres…

 

Un furtivo deseo

“Iguala con la vida el pensamiento
y no la pasarás de hoy a mañana”.
el capitán de difuntos, Epístola moral a Fabio

A veces no me cabe más deseo
en mi loca servilleta
que vivir, o eso que la gente llama vivir.
Así sordo como un pato,
se trata de seguir el estanque lleno de patos,
de horrísono cua-cua-cua, que ellos no oyen.

Prescindiré de mis expectativas,
me bajaré los humos, iré a clases de yoga:
o me haré católico, amoral, imbécil, poeta lírico;
o (y no es lo último ni más abyecto que estoy dispuesto a hacer)
me leeré un libro de Prada creyendo que es buena literatura.

A lo mejor me debería detener antes
de hacer más concesiones,
pero estoy dispuesto a todo, a experimentarlo todo,
¿no dije que jamás me haría un tatuaje?
Mentí. ¿Prueba suficiente?
Se trata, más o menos, de no ser intolerante
con el prójimo, aun si el prójimo grita como yo
y es una bestia sucia que apenas puedo dominar.

En el fondo de mi resistencia, si la analizo,
hay algo de verdad —un poco
muy poco, reconozco,
una china en la cadena es suficiente
para detenerme en pleno vuelo de patito
y echar a pique mis ensayos llenos de buenos propósitos.

Admitiré que es un error
mantenerse puro en el canto de una teja
(eso es filosofía de cisne, y no sabiduría
de gansos y de patos, mis semejantes).

Negaré lo que pienso por lo que deseo,
pues el deseo señala a aquello que nos falta
–como cantó Platón antes de que Freud supiera
que aflora nuestra auténtica verdad reprimida.

Platón lo absuelve cuando mendiga y cuando conquista.
Pero ustedes saben y yo sé…
Me sumaré, en fin, al entusiasmo platónico, y concederé,
patónico con los patos, que insisto en el error;

y volveré atrás, intentando convencerme
de que es una piscina
—no un estanque de patos— adonde voy.
Una piscina como aquella
donde nadamos desnudos, una noche
con los amigos, borrachos casi todos,
en la irrecuperable inocencia de la felicidad.

Fulgencio Martínez
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