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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Poemas

viernes 28 de octubre de 2016
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Triturar las semillas

El silencio se interpuso
como roce de las aguas cuando estás hundida

Todos comían sus uvas
con el dulzor del deseo que se puede atrapar
y tú no evitabas triturar
con ellos las semillas
en su amago de quedarte sola
…. apartada de la algarabía
por el ancla agónico del tiempo
…. evaporado frente a ti
…. en las luces que estallaban y se apagaban
………….. detrás de la ventana

A las doce
o cinco minutos después
con las campanas —
porque ya no importaba
(y no había que volver a decirte
…………que no era navidad)

…. Tú sola
…. frente al tiempo y sus luces
……………… en claraoscura repetición de tus recuerdos


Niños

Estas piernas rotas
como leño de carne
gangrenado y roído

jugaban ayer a pisar charcas
a llevar en los pies el tibio polvo de la Tierra
ignorando
…………a sabiendas
el cautiverio de su hogar

memorizaban
temblores de súplicas a Alá
que manaba papá del corazón

mientras mamá en silencio
guardaba tras el manto la libertad de todos

A este niño de la fotografía
lo vemos
…………
…………yo
…………las aves de rapiña

…………de este lado


Piedra

No hay nada mal…. pero estar entre esta acuosidad que ondea….bajar amielada…. revolverme……chocar contra la arena……rasgándome el oído tras los dientes….con los granos que suben…… rebotan y me dejan abajo

Este ser de piedra entre las piedras….dulce

……o grano entre los granos……de las constelaciones……frente a ellas

Tampoco estar en ningún lado……..ni el ser inútilmente……pesa más…. sino estar en el peso……donde el anzuelo ya no puede conmigo……y agonizo en el muelle……de agitarnos……de aletear con el pez……mirando al otro lado……desde el exilio de su boca


La senda había sido señalada con flores inexistentes que daban al mar.

Por eso la seguí durante días, aunque en las breves posadas que tomé, supe de anfibios, sanguijuelas que se adherían a la gente y luego eran confundidas entre ellos.
Jamás llegó a mis oídos ruido extraño, no me invadió resentimiento ni me temblaron las pupilas.

No entendía aquella desconfianza generalizada que decían hablaba de un firme adultez.
Por eso estoy aquí: hueso en astillas, ojos vueltos de azul hasta la boca rota.

Mi cráneo abierto que se llena con mares sabe muy bien ahora del tren que nadie mencionó.


El agua abandonó la Tierra, y todo, de las plantas al suelo mismo, se hizo material leñoso, desmoronable. La luz gris fue de un sol apagado, raíces tostadas, cuero, lenguas secas, vientres estériles.
Abandonamos el aura, el mundo mágico religioso, el día de la muerte de Dios, cuando le cerramos la puerta en la cara. Inermes, sin pasado, sin futuro, sin utopía, sin vientre.
Maquinas y cucarachas en un planeta desértico.

Carla Sofía Citterio
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