“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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La persona que creó amor

viernes 15 de junio de 2018

El filósofo Arthur Schopenhauer solía decir que lo que tenemos ciertamente no nos hace felices, pero que extrañamente lo que no tenemos sí consigue hacernos infelices; esta frase de este filósofo resume a la perfección la vida de Johan Bevaqua.

Conozco toda la vida de Johan Bevaqua, conozco a su madre quien murió cuando él tenía apenas dos años, conozco a su padre que, a pesar de que amaba a su hijo más que a sí mismo, nunca pudo darle ningún tipo de lujo, conozco a su madrastra quien fue la que lo enseñó a leer y escribir y llenó patéticamente ese vacío que su madre había dejado, conozco a su profesor de sexto grado quien fue el primero que se percató del gran talento de Johan. Só, conozco toda la vida de Johan Bevaqua tal vez más que él mismo, se puede decir que soy su más grande admirador, no me he perdido ninguno de sus libros, todos los he leído con mucha atención, y es que son obras de una excelencia casi divina.

Como casi todos los escritores, Johan tuvo un principio pobre, pobre en muchos sentidos, y rico, rico en un solo sentido, tal vez el único sentido en que vale la pena ser rico. El padre de Johan no tenía dinero para darle ropa decente, estudios decentes, ni siquiera comida decente, el padre de Johan sin embargo lo que lamentaba más es que ni siquiera podía comprarle un libro, que era lo único que su hijo pedía. La verdad es que dejé pasar muchas oportunidades en las que pude ayudar a la familia Bevaqua, pero siempre que lo intentaba me daba cuenta de que Johan tenía algo más, Johan era rico en un solo aspecto y eso era el amor que recibía de su padre, su madre, su madrastra y su profesor; estas cuatro personas le daban más a Johan de lo que yo pude haberle dado, hoy en día no se conoce el verdadero valor del amor, pero yo lo conozco bien, yo sé que si tienes amor puedes hacer y obtener todo lo que quieras y por suerte Johan también lo sabía, o al menos lo supo cuando cursaba el sexto grado cuando el profesor de la escuela en la que Johan se encontraba les dio la más hermosa de las tareas, les pidió que realizaran un ensayo, sin esquemas, sin márgenes, con tema absolutamente libre, básicamente el profesor les entregó una hoja y sus alumnos debían llenarlo con lo que quisieran.

El profesor le propuso el trato de que él le iba a conseguir libros pero que a cambio Johan debía escribir historias para él, una historia por cada libro.

Johan vio su hoja blanca como una espesa nube, y comenzó a disipar esa espesura escribiendo una historia; la llamó “El niño del barco”, se trató de la vida de un chico que no le gustaba su vida en la tierra así que decidió probar suerte en el mar, logró entrar de polizón a un buque explorador y zarpó hacia un mundo acuático totalmente nuevo para él; eventualmente los marinos se percatan de su presencia, pero lejos de lanzarlo por la borda, todos lo adoptaron como un marino en entrenamiento.

La historia le pareció divertidísima e ingeniosa al profesor de Johan; sin embargo, no pudo evitar notar una excesiva cantidad de errores ortográficos, por lo que habló con su alumno después de la clase cuando ya todos los demás se habían ido; preguntó a Johan a qué se debían tantas fallas y Johan, de manera valiente, afirmó que su madrastra le había enseñado a leer pero que no había tenido la oportunidad de leer nada complejo, por lo que al profesor se le ocurrió una idea brillante.

La biblioteca era un lugar en donde sólo adultos podían entrar a leer o sacar libros, porque no era una biblioteca con muchísimos recursos y se temía que los niños dañen los no abundantes libros, por lo que el profesor le propuso el trato de que él le iba a conseguir libros pero que a cambio Johan debía escribir historias para él, una historia por cada libro. Es de esta manera que a una muy temprana edad Johan Bevaqua ya había averiguado la que sería su profesión y una de sus más grandes pasiones por el resto de su vida.

El tiempo pasó y Johan comenzó a ganar una audiencia, un público cuando comenzó a cobrar por sus cuentos; Johan nunca paró de leer y a sus 16 años ya era bien recibido en la biblioteca a pesar de no haber cumplido la mayoría de edad, haciendo que la presencia de su profesor ya no sea necesaria; a pesar de eso, Johan cada semana lo iba a visitar y cada mes escribía una historia sola y exclusiva para su querido amigo; yo mismo leí todas esas historias que nunca fueron publicadas y puedo dar fe de que Johan ponía más esfuerzo en las historias para su profesor que en las historias que le hacían ganar dinero; para él la mejor de las audiencias era una sola persona.

Todo el dinero que ganaba de inmediato se lo entregaba a su padre, al crecer sin dinero Johan no sabía qué hacer con él; poco a poco Johan comenzó a ganar más dinero que su padre y después de algunos años ganaba tanto que era ridículo que su padre siguiera trabajando, y así fue como a sus 24 años Johan ya tenía suficiente dinero para mantenerse a sí mismo y a su padre y madrastra; Johan no escatimaba, trataba a sus padres con los mejores lujos que podía pagar, él estaba convencido de que si no fuera por ellos él no habría podido explotar su talento, sentía una gratitud infinita.

A los 28 años explotó la fama de Johan cuando publicó El país de las Rosas, que era una historia que se centraba en la segunda guerra mundial y que se trataba de un hombre que escapó de un campo de concentración con el único objetivo de ver a su nieto, una grandiosa peregrinación de un hombre que se ve obligado a ver los horrores más grandes de la guerra. Con este cuento Johan no sólo ganó fama sino que logró obtener una pequeña fortuna, suficiente como para no preocuparse por dinero en varios años. Como de costumbre Johan pasó por la casa de su profesor y le entregó la primera copia de su libro; él siempre debía tener las primeras copias de sus libros.

Por supuesto que yo no me perdía ninguna de las obras de Johan, además de su profesor dudo que haya tenido un admirador más grande que yo, yo conocía absolutamente toda la vida de Johan y esperaba con anhelo sus siguientes obras, pero lo que hizo el profesor y lo que sus acciones provocarían en Johan a continuación ni siquiera yo, que había sido testigo de todo, lo pude haber previsto.

Johan recibió un mensaje del profesor en donde le pedía que por favor pasara por su casa lo más pronto posible; sin perder tiempo Johan caminó a la casa de su amigo; una vez ahí, el profesor le sirvió chocolate caliente y le hizo una pregunta a Johan.

“Tus obras tienen una gran variedad de temas, hay guerras, viajes, descubrimientos, estudios, pero no hay romanticismo. ¿Por qué evitas este tema en tus libros?”.

Johan conocía a la perfección la respuesta a esa pregunta, me gusta pensar que yo también la conocía pero aun así esperaba con ansias la respuesta que Johan le daría al profesor.

“En mi último libro exploré el amor paternal, se me dio muy bien porque lo conozco a la perfección, no sólo de mis padres, hablo de mi madrastra y de ti, por supuesto, ustedes me han amado como a un hijo y yo los he amado como si fueran mis padres, supongo que no hay romanticismo en mis cuentos debido a que no lo conozco, nunca he estado en una relación que me haya mantenido despierto, que me haya causado desvelos, que me haya hecho despertar con una sonrisa, he leído muchas historias de ese tipo de amor y nunca he tenido algo parecido, no puedo escribir de algo que no conozco”.

Fue una respuesta sincera, una respuesta que tanto el profesor como yo esperábamos; por supuesto, los sentimientos del profesor y los míos son distintos; él amaba al escritor, yo sólo sus escritos.

Por fin Johan pensó en qué utilizar su dinero, por fin le vio utilidad, lo iba a utilizar para viajar, viajar en búsqueda de su amante.

Lo siguiente que hizo el profesor fue sincerarse con su antiguo alumno, le dijo que tiene un gran talento, pero que no va a poder explotarlo hasta que haya explorado esa clase de amor, hasta que tenga tantos pensamientos por alguien que escribir ya no sea un placer sino que sea una necesidad, una necesidad del escritor para no explotar, hasta que no quiera expresar la belleza de su amante en todo lo que escribe, hasta que no quiera que sus palabras sean el reflejo de un sentimiento excitante y cariñoso.

“Hasta que ames a alguien con todo el romance del que un escritor es capaz de ofrecer, a tus libros siempre les faltará algo, siempre tendrán un poco de mediocridad”.

Por supuesto, en cuanto el profesor pronunció esas palabras yo me percaté de sus intenciones ocultas, el profesor ya tenía 75 años a sus espaldas y le preocupaba el hecho de que después de su fallecimiento, y el del padre y la madrastra de Johan, su alumno se quede solo en el mundo, por eso quería que encontrara a alguien con quien pasar su vida, alguien para que lo cuide, y alguien a quien cuidar.

Johan no se percató de eso; él sinceramente creyó que las intenciones de su querido profesor eran hacerlo un mejor escritor, y después del éxito que había tenido se alegró al saber que aún había camino por recorrer, tomó las palabras de su profesor como un nuevo objetivo de vida y salió de la casa decidido a encontrar a alguien a quien entregarle sus escritos, sus noches, sus días y su vida.

Por fin Johan pensó en qué utilizar su dinero, por fin le vio utilidad, lo iba a utilizar para viajar, viajar en búsqueda de su amante, y así lo hizo, prometiendo escribir a sus tres seres queridos con la mayor frecuencia posible partió sin saber cuándo iba a volver.

Fue aquí cuando por primera vez la vida de Johan Bevaqua me resultó más interesante que una de sus obras, me tenía muy intrigado de lo que iba a encontrar, viajó y viajó hasta que llegó a una biblioteca gigantesca, pertenecía a una universidad muy grande, entró y buscó dónde sentarse. Antes buscó un libro de sus favoritos, le hizo un poco de gracia encontrar algunos de sus propios libros en los estantes hasta que encontró Cándido.

Una estudiante lo reconoció y muy emocionada se acercó a saludarlo, Johan saludó a la chica muy atentamente, intercambiaron un par de palabras más y ella se fue, dejando a Johan solo. Se puso a pensar en algo, esa chica era muy bonita, era muy agraciada, era elegante, era estudiante, ¿sería posible que ya la haya encontrado?; pero después su pensamiento fue a otro lugar en donde, a pesar de todas esas características, esta chica no le despertaba nada de inspiración, ni se acercaba a lo que su profesor le había explicado, lo que era el amor romántico, y el tren de pensamientos continuó, y se volvió a preguntar algo, ¿qué le hacía falta a esa chica?

De inmediato sacó un pedazo de papel, de un lado puso las características de la chica que acababa de conocer, y de otro lado puso las que él consideraba le faltaban, características que él encontraba atractivas. Cambió el cabello rubio de la chica por cabello castaño, cambió la altura de la chica para que sea un poco más pequeña, cambió sus ojos para que sean más grandes y oscuros, casi cafés, dejó su elegancia, dejó su carisma, dejó su sentido del humor, dejó su actitud.

Este ejercicio le tomó horas, pero al final terminó con una lista de características en las que podía confiar; puede que en esa biblioteca no esté la persona que estaba buscando, pero al menos ya sabía lo que estaba buscando y entonces fue que en verdad empezó su travesía.

Viajó durante muchísimo tiempo con esa lista en el bolsillo; en cada lugar al que iba agregaba alguna otra característica y seguía con su viaje; esto duró meses y en cada lugar al que iba escribía cartas de decepción a su padre, madrastra y profesor.

Una noche perdió un tren que había planeado tomar así que decidió quedarse en un hotel, era un hotel de cinco estrellas, así que la habitación era de mucho lujo, con una cama gigante, una vista asombrosa, con todas las comodidades que una pareja necesitaría para pasar la mejor de las noches. Se sentó en la cama y con un aire de cansancio puso la lista de características a un lado y empezó una actividad ridícula pero hermosa, comenzó a hablar con su lista: “Cómo me gustaría que estuvieras aquí”, incluso él mismo resultó sorprendido por sus propias palabras, pero más que sus palabras le sorprendió un sentimiento muy dentro de él que de repente había aparecido, un sentimiento de nostalgia.

El tiempo pasó, tanto padre, madre y profesor murieron, pero Johan nunca más estuvo solo, tenía a su mejor personaje, y nunca la dejó morir, siguió escribiendo sobre ella.

Johan comenzó a sentir nostalgia, la misma nostalgia que siente un enamorado cuando está lejos de su amor, sólo que el amor de Johan no existía, no había nadie con esas características, no había nadie a quien extrañar, por eso le resultó tan extraño que él tuviera esos sentimientos, pero decidió aprovecharlos, miró la lista de características, había estado junto a él por meses y había crecido junto a él; Johan decidió darle una característica más, al menos en la cabeza de Johan su amor ya tenía rostro, ya tenía cuerpo y ya tenía esencia, sólo le faltaba una cosa, sólo le faltaba un nombre.

Decidió ponerle Mercedes y decidió darle su propio apellido, Mercedes Bevaqua; era el personaje que había aparecido tanto en la cabeza como en la vida de Johan, era algo muy extraño pero tenía sentimientos por este personaje, había apreciado a todos sus personajes, pero estos sentimientos eran distintos, no se podía detener ahí, de inmediato, casi como si fuera a explotar escribió una historia para agregar un escenario a su amada.

E incluso eso no fue suficiente, continuó escribiendo y escribiendo, no paró incluso al día siguiente, sólo se detuvo para escribir una carta a su profesor, una carta que indicaba que por fin había encontrado a alguien, alguien que quitará todo rastro de mediocridad de sus obras, una carta tranquilizadora, también indicaba que iba a permanecer en ese hotel durante unos días más.

La pasión con la que escribía nunca la había sentido, las páginas se terminaban y debía comprar más papel, porque las historias seguían y seguían fluyendo, y toda esta tormenta de sentimientos, después de un tiempo, dio lugar al libro que yo guardo como mi favorito, llamado La travesía de Mercedes, en donde se veía un mundo alterno en donde Mercedes se enamoraba de un autor anónimo que escribía sobre ella, que la conocía más que ella misma, un cuento fascinante.

El tiempo pasó, tanto padre, madre y profesor murieron, pero Johan nunca más estuvo solo, tenía a su mejor personaje, y nunca la dejó morir, siguió escribiendo sobre ella, sólo sobre ella. Johan no pudo encontrar el amor que le hacía falta, por eso decidió crearlo él mismo. Creó y amó más de lo que muchos han amado, amó durante toda su vida, Mercedes sólo dejó de existir con la muerte de Johan Bevaqua.

Es verdad que pude ayudar a la familia de Johan, pero desde que era un niño yo sabía que iba a ser un gran artista y como gran egoísta no quería interferir, para que todo ese arte se produzca, pero ahora mi artista está muerto, y ya no veo razones para no interferir, me dio a mí y al mundo una vida de obras literarias, creo que se merece un favor de mi parte.

Johan Bevaqua ahora está aquí, conmigo, y mi regalo para él es darle a su Mercedes, sacarla de su cabeza para que él la pueda besar, acariciar y amar; después de toda la felicidad que las obras de Johan me dieron creo que se lo debo, después de todo en este lugar no hay reglas y después de todo yo soy el único con el poder de darle ese regalo.

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