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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

La autopista

• Martes 6 de noviembre de 2018

Esta mañana llegó la invitación, firmada por el gobernador en persona. Por fin una vieja reivindicación de la gente de Caleufú, nuestro pueblo, se hace realidad: el próximo lunes inaugurarán la autopista por la que tanto luchamos y sufrimos; y al final, vencimos.

Dicen que al acto irá el gobernador, y quizá, el propio presidente. Va a ser un día memorable. Pero bien merecido lo tenemos, fueron casi quince años de lucha. Me acuerdo que fue para el nacimiento de Carmen, la hija de los Ojeda, cuando decidimos comenzar. Sara se había puesto de parto anticipado un día de lluvia, y el camino a General Pico era de barro, y únicamente con el jeep del club y mucha paciencia y conocimiento de la zona pudimos llegar a tiempo al hospital, donde nació Carmencita. Esa misma noche nos reunimos y decidimos escribir al gobernador, y a los diarios, y a la televisión de General Pico, para pedir que asfaltaran los veintiocho kilómetros de ruta que llevaban a la ciudad.

Los primeros que vinieron fueron los del diario La Voz, y fue su nota la que leyeron los del canal 7 antes de venir también.

Treinta días después se hizo oficial el anuncio del llamado a licitación para construir la autopista Buenos Aires-Mendoza, con una salida —según nos confiaron en la gobernación— en Caleufú, nuestro pueblo.

Desde el principio se vio que nuestro caso les interesaba, porque mandaron a tres hombres en una furgoneta con el siete de colores pintado en los costados, y al llegar se pusieron a hablar con nosotros, y nos explicaron que Caleufú estaba injustamente postergado, que el gobierno estaba riéndose de nosotros, y que deberíamos exigir la construcción de una autopista para que el pueblo entrara definitivamente en el siglo XXI. Lo cierto es que nos pareció un poco exagerado, pero nos dijeron que desde hacia años existía el proyecto de la autopista Buenos Aires-Mendoza, y que nuestro caso podría servir para reactivar el tema, y así se beneficiaría mucha gente de muchos pueblos olvidados de la provincia. A esta altura, no es necesario decir que aceptamos.

Notas destacando la necesidad de la autopista aparecieron en varios medios locales, pero recién cuando vinieron dos diarios y un canal de Buenos Aires, nos llamó para una reunión un secretario de alguien del gobierno provincial.

El encuentro fue breve pero productivo: expusimos nuestras necesidades, y lo que pensábamos que era la solución, basándonos en los argumentos de los del canal 7; un allegado al señor secretario del gobernador nos aseguró convencido que el asunto iría adelante.

Efectivamente, treinta días después se hizo oficial el anuncio del llamado a licitación para construir la autopista Buenos Aires-Mendoza, con una salida —según nos confiaron en la gobernación— en Caleufú, nuestro pueblo.

El ambiente en las calles se transformó del todo. Fuimos obligados a relatar una y otra vez nuestro encuentro con el señor de la gobernación en todos los bares y casas de parientes y amigos. A cada nuevo relato, la historia variaba levemente, y adquiría matices que fueron convirtiendo en heroico un simple encuentro de siete minutos y medio.

Pero la euforia se volvió primero duda y luego desazón cuando al cabo de tres meses las notas sobre la autopista habían desaparecido de los diarios, sin que por eso las cuadrillas de obreros hubieran aparecido por el pueblo.

Las explicaciones del señor secretario fueron convincentes, un cálculo erróneo de los niveles del terreno había obligado a hacer unos cambios y a demorar el inicio de las obras. Mas tarde, una votación de la Cámara de Diputados determinó que la autopista pasaría por Realicó, lo que equivalía a una nueva modificación del trazado inicial.

El próximo lunes se inaugurará la autopista y estamos especialmente invitados.

Después una huelga, y el hallazgo de unas ruinas quichuas, y una expresa petición del gobernador, provocaron nuevas e imprevistas curvas y contracurvas.

Nunca nos preocupamos, porque con cada alteración de planes recibíamos puntualmente una nota tranquilizadora del señor secretario, asegurándonos que, a pesar de los cambios y demoras, que lamentaba profundamente, la última fecha fijada para la inauguración de la autopista no variaba, porque siempre se prevén problemas en la construcción de este tipo de vías, que contribuyen al engrandecimiento de algo. Y debemos reconocer que ha cumplido su palabra. El próximo lunes se inaugurará la autopista y estamos especialmente invitados.

Sin embargo, no vamos a poder ir todos los que queremos, porque desde esta tarde está lloviendo con mucha fuerza, el camino que nos lleva a General Pico se está haciendo un barrizal, y en el jeep del club sólo podemos ir cuatro personas con paciencia.

Fernando Blasco

Fernando Blasco

Escritor argentino (Buenos Aires, 1966). Residió en Barcelona (España) de 1991 a 2012 y actualmente vive en París (Francia). Es periodista y locutor formado en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (Iser). Trabaja como profesor de español en la Université Cergy Pontoise. Ha creado y dirige la emisora en línea lit&jazz, kb94.fm. Dictó el curso “Introducción a los medios de comunicación” en la Universidad de Granada. Dirigió y presentó el programa El tren en Ràdio Ciutat de Badalona (1994-2011) y el programa Late un corazón (2012). Ha colaborado con medios como Página/12, Revista Catalina y Radio Continental. Ha estrenado las obras Hábitat (Buenos Aires, 2009) y Carrer dels Enamorats (en catalán; Barcelona, 2012). Ha publicado las novelas Los suicidas van al cielo (Piso 12, Buenos Aires), Padre Santiago (Piso 12) y Las demás estrellas (Polisemia, Barcelona, 2013), la novela en blog Al sur del cielo y los libros de poesía Pasos (Polisemia) y Transatlánticos (antología grupal; Consulado Argentino, Barcelona). Ha obtenido diversos reconocimientos en certámenes literarios.
Fernando Blasco

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