—¡Ayuda!
Bajas prestamente las escaleras mientras ese hombre te sigue. Saltas los escalones, corres y corres, pero cada vez está más cerca. Hueles a miedo y él lo percibe.
—¡Ayúdenme!
Los vecinos no atenderán tu llamado de auxilio, ningún héroe lo detendrá. El monstruo grita y ríe a carcajadas. Tú brincas los escalones para llegar más rápido a las puertas del edificio.
Las lágrimas se resbalan por tu rostro, tiemblas. Tus llaves caen al suelo. Escupes una maldición y las recoges. Corres otra vez mientras oyes sus pasos.
Alcanzas las puertas del edificio, intentas abrirlas una y otra vez. Bajó los últimos peldaños. Las llaves caen. Escuchas su risa aviesa.
Te atrapó.
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