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La llamada

jueves 16 de abril de 2020
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Cuando sonó la alarma de mi teléfono ese día, dije “ya me llevó la gran puta”, porque una llamada de la oficina a esa hora no presagia nada bueno. Eran las 8:20 de la mañana y traté de hacer voz amable: “¿alóó?”. Entonces escuché la voz de la jefa que alarmada decía “¡¡¡Tito!!! Te está esperando la Viceministra”. “¿Y qué quiere?”, pregunté, pero con voz suave como de ultratumba me dijo “llamala, es urgente, llamala”, sólo pero… alcancé a decir antes de que ella cortara la comunicación.

Mejor no hubiera ido a la oficina, pensé, porque después de tres días de parranda el cuerpo se resiente.

Puta, pensé, pero como una expresión y no como si me estuviera refiriendo a alguien, y paré el carro, hice la llamada y nadie respondió. Que coman mierda, pensé, es la pura gana de chingar, y arranqué de nuevo, pero a las dos cuadras me dio cargo de conciencia y volví a llamar. Esa vez sí me respondieron: “¿aló, licenciado?”. Fíjese que me acaban de llamar y dicen que la Viceministra quiere hablar conmigo, le solté a toda velocidad. “Permítame, licenciado, se la comunico”. Se tardó tanto que estuve a punto de colgar, pero de repente oí la vocecita decir: dice que ella no lo llamó, licenciado, cuando venga comuníquese con su jefa para ver de qué se trata. Muchas gracias, dije, pero pensé ¡¡¡son una mierda!!! Y me fui tranquilo en busca del parqueo.

Mejor no hubiera ido a la oficina, pensé, porque después de tres días de parranda el cuerpo se resiente. Estoy cansado. Pero ya en el carro y con una llamada misteriosa de por medio, pues voy, a ver qué quieren. Puse mi programa radial de todos los días y me fui manejando despacio, no fuera a ser que me fallaran los reflejos y no quería accidentarme.

Cuando llegué, dije “buenos días”, como me enseñaron que debía hacerse cuando era chiquito, aunque ese día no tenía nada de bueno. En lugar de contestarme el saludo, la secretaria soltó: “Están esperándolo como agua de mayo en el salón mayor”. ¿Y para qué?, dije con rudeza. ¿Qué hay en el salón? Pues reunión de viceministros de Centroamérica, me dijo mirándome como quien dice “este pendejo no sabe ni a lo que viene”. Pero a mí no me dijeron nada, le dije, ella me miró como suele hacerlo cuando está como la gran puta y espetó: baje luego, porque su tema se va a ver ahí. Puta y… ¿qué tema?, dije para mis adentros, pero ni modo, dejé mis cosas en el escritorio y bajé con un resumen del taller al que había ido la semana anterior.

Cuando entré al salón lo primero que vi fue la cara descompuesta de la jefa que soltó de golpe: ahorita se está viendo tu tema. Pasá adelante. Viceministra, el licenciado Tito está aquí. Entré viendo a todos los compañeros con caras compungidas que tenían la expresión de “ahora sí te llevó la gran puta”. Buenos días, dije, saludando a la Viceministra que estaba sentada a la cabecera de la mesa.

¿Leíste las observaciones de Costa Rica?, soltó de golpe. ¿Qué observaciones?, dije totalmente perdido. ¿Las leíste o no? Entonces afloró mi goma y le contesté: ¡Pues ni siquiera sabía que hoy había reunión! ¿Y usted sabía, Mario?, dijo a uno de mis compañeros. Yo sí, contestó. ¡Pero yo estuve fuera toda la semana y no sabía nada!, dije con cara de “y aquí qué pasó”. Te mandé un correo, dijo la jefa con una vocecita que apenas se escuchaba. ¡Pues no lo vi!, yo no tengo máquina portable y por eso no veo correos cuando estoy fuera de la oficina. Y menos los fines de semana.

Yo entiendo que es fin de semana, dijo la Viceministra con su agradable voz, pero tienen que estar atentos al trabajo. Puta, pensé, ella porque no tiene nada que hacer, pero yo tengo familia. Me quedé callado escuchando el desarrollo de la reunión y ella de vez en cuando decía cosas como “mire, Lorena, apunte ahí que hay que enviar una carta al Ministerio de Finanzas”. Lorena la volvió a ver seria y apuntó. La veía tan aplicada tomando nota, que dije para mí “esta no es la Lorena que yo conozco”.

Llené el salón con olor a guaro y sin embargo la Viceministra no me dijo nada.

Cuando salió Lorena a hacer pipí, me dijo algo al oído que no entendí y la Viceministra se volteó para decirme: leé esto y me decís si puedo contestar que estoy de acuerdo. Hice como que leía y dije sí, podés decir que Guatemala acepta las observaciones de Costa Rica. Para analizar babosadas estaba yo.

De repente me di cuenta: la Viceministra no tiene tan feas piernas. Son blancas, gruesas y permite ver bastante de ellas con su manera de sentarse. En ese momento la reunión me valía. Las piernas eran lo más importante y de donde no se movían mis ojos. Hasta sentía un olor agradable. Lo malo se daba cuando volvía a ver, porque su cara no es muy agraciada. Pero ni modo, nunca falta un pelo en la sopa.

Me salí antes de terminar la reunión. Ya no podía más. Después mis compañeritos me dijeron que llené el salón con olor a guaro y sin embargo la Viceministra no me dijo nada. Ha de ser porque algún cariño me tiene, dije, y considera a los parranderos. Pero ante eso… ¿qué puedo yo hacer?, les dije levantando las palmas de las manos hacia arriba. Es buena la Viceministra, concluí, y con que no me chingue… ¡es suficiente!

Antonio Cerezo Sisniega
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