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Tres relatos de Alejandro Eufrasio Mercado Martínez

martes 5 de mayo de 2020
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Agua azul y mar escarlata

Saluda el astro rey a la súbdita Tierra. Contesta la vasalla con su característico destello aturquesado. El azul cielo alza su flota de algodones nubosos. El azul agua desciende al bello jardín de las auroras florecidas. El amarillo tulipán levanta entre verdes espadas, relame sus dorados pétalos, abre sus fauces esmeralda y devora su radiante presa. Quisiera ser manjar de áurea aurora. Quisiera ser coronado rey de fieras. Cazar amarillos fulgores divinos. Custodiar roja sangre derramada sobre blanca nieve. Una gota le sigue a otra. Una llama le sigue a otra. Solo río y lloro. Solo avanzo y muero. A veces fluyo. A veces vuelo. Todo da vueltas. Quizás vuelva a caer engañado. Es posible que ya lo esté. ¿Por qué seguir? La noche cayó. La lluvia no volvió. Los frutos se marchitaron. Las llamas se apagaron. Los marineros anclaron. Los ríos desembocaron. La barca se fugó. El pozo se secó. Ya no hay rosas blancas y rojas. Ya no hay tulipanes verdes y amarillos. Los hierbajos rebosan. Las serpientes acechan. Dime, dueño: si el agua es vida, ¿por qué el mar es muerte? ¿Acaso lo permitimos con nuestra indiferencia? Si es así, me arrepiento. Nunca imaginé que ser más temible que ninguno era ser rey de fieras. Sólo quería rugir a los cuatro vientos el agua. Sólo quería rugir a los cuatro vientos el fuego. Ahora nada de eso importa. Perdimos el camino. Perdimos la humanidad. ¿Dónde quedan esos amores? Allí, donde no existe el deseo. Allí, donde penas y dichas no son más que nombres. Allí, sumergidos, están también los nuestros. Carentes de compromiso. Carentes de sentimiento. Meros caprichos corporales que saciar a toda costa en el menor tiempo posible. Meros impulsos que un día vivir y al siguiente olvidar. Meras promesas que desaparecen con el rumor de una brisa. Dime, dueño: si el agua es azul, ¿por qué el mar es escarlata? Carentes somos de misericordia. Carentes somos de corazón. Hijos que pierden padres. Padres que pierden hijos. ¿Cómo podemos ser tan crueles? Cada uno de ellos es hermano nuestro. Cada muerte es un hermano por el que llorar. Cada muerte es un hermano al que echar de menos. ¿Hasta dónde hemos llegado? Manchadas están nuestras manos. Manchados están nuestros mares. Somos auténticos monstruos. No somos reyes de nada.

 

Déjà vu

Hay amores tan fríos que queman. Hay esperanzas tan vacías que vuelan. No puedo olvidar ese dolor. No puedo perder algo que nunca tuve. Fui ahogado en prudencia. Fui enterrado en cordura. Todo amor es locura. Te quiero, lo siento. Volveré a caer. Jamás despertaré. No quiero soñarte, quiero vivirte. Hoy vuelven a flotar esas nubes oscuras que un día me inundaron. Hoy vuelven a brotar esas lágrimas marchitas que un día me sofocaron. Me dije que había cambiado, me equivocaba, todo se repite. Da igual lo que haga, mi corazón anula mi mente. Un soplo de realidad es suficiente para desplomarme. No soy lo suficiente fuerte para decirte adiós. La culpa es mía, lo siento. Te dejaría de amar si fuera capaz; así no tendría que fingir ser tu amigo. Quemaría cada ala del cuento de fantasía que escribí si pudiera; así empezaría desde cero. Mataría la misma esperanza si tuviera la suficiente valentía; así me dejaría ir y todo habría terminado. Dolor y placer alzarían vuelo, el cosmos quedaría reducido a escala de grises, el azul cielo quedaría descubierto a la oscura noche… Sé que estaría bien, pero estaría mal. Esos cavernícolas que dicen que todas sois iguales se equivocan, el mismo seré siempre yo. La culpa es mía, lo siento. No soy lo suficiente fuerte para decirte adiós. Sé que duele, pero es placentero. No se trata de semejanza ni de simetría. Si cada persona es un mundo, explorarte es lo que más quiero. ¿De qué me sirve visitarme de nuevo? ¿De qué me sirve mirarme en un espejo? Esas primaverales brisas de Luna disfrazadas de lluvia purificadora no tienen efecto en mí; besos sin amor son como piedras sin dicha. Prefiero desangrar mis quimeras en la desazón de mis pobres relatos esperando a la nada. Aquí seguiré, intentando creer que esta vez será diferente. Aquí seguiré, confundido eligiendo entre alborozo y pena. Los días pasarán, yo no podré hacer nada y tú sólo tendrás una tímida sospecha.

 

¿Dónde estás?

Tu sombra se desvanece. Lo sé desde hace tiempo. Tu camino llega a su fin. Tenía ese escalofriante presentimiento. Despierta tu insondable letargo. Levanta esa lápida temprana. Abre los ojos y recuerda esos días de primavera regando el huerto, esas tardes aburridas de verano recogiendo sabrosos frutos, esas lluviosas noches de otoño fantaseando con el incierto porvenir… Toda una vida erigida en buscar la razón de ser para encontrarla y volverla a perder en la muerte. ¿No es frustrante? Cuando uno muere, una parte de otro se desvanece. Amistad y amor caen derrotados. Sin amigo no hay amistad. Sin amante no hay amor. El muerto se esfuma de la vida del superviviente al igual que la conexión que una vez los unió. Lo único que quedará será el recuerdo. Éste, efímero, terminará también por desaparecer. Compañeros, amigos y familiares se desvanecerán en un suspiro. ¿Realmente importa? Tú aquí sigues. Tu memoria se fue antes de tiempo. Tú no lo sabes ni lo sabrás. Eres tú, pero no el de ayer. Eres tú, pero no el mismo. ¿Realmente importa? Tú aquí sigues consumiéndote como vela marchita en recelo contemplando cómo se pasa la vida. No lo sabes ni lo sabrás. Eres tú, pero no el que recuerdo. Eres tú, pero no eres tú. ¿Realmente importa? Tú aquí sigues sofocándote como antorcha desgastada en vilo contemplando cómo se viene la muerte. No lo sabes ni lo sabrás. Así seguirás hasta olvidar la propia habla, así seguirás hasta olvidar el primer llanto, así seguirás hasta olvidar el puro amor… Y no te darás cuenta. Yo para ti soy hombre muerto, pues en ti mi recuerdo murió. Tú para mí sigues vivo, pues en mí tu recuerdo permanece. ¿Murieron esos sentimientos que un día nos vincularon? Tú aquí sigues, pero sin ellos. Tú aquí sigues, pero te fuiste. Lo sé, jamás volverás. Lo sé, no es tu culpa. Te fuiste en el olvido antes de abandonar este mundo de sombras. Te fuiste en el ayer y me dejaste solo con tu espectro. Te esfumaste, llamarada carmesí. Te esfumaste, sólo quedó esa triste ceniza. ¿Dónde estás? Ese aliento se desdibujó en la borrosa humareda del anochecer. Esa aura se deshizo y ahora sólo persiste en mí. Ahora todo son espejismos e ilusiones. ¿Dónde estás? Fantasmas imaginarios se me aparecen en tu vacío. Estabas conmigo de nuevo. Asomaste a la fuente y no hubo reflejo. Mis ojos están cerrados por ti. No quiero soñar para vivirte. ¿Qué otra forma me queda? No puedo olvidarte. Déjame disfrazarme con tu recuerdo una última vez. No te preocupes, a la muerte de la noche despertaré y mis ojos abrirán. No te preocupes, a la muerte de la noche perdonaré y mis lágrimas brotarán. Déjame soñarte una última vez para vivir. ¿Dónde estás?

Alejandro Eufrasio Mercado Martínez
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