“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Noche astro-naranja

viernes 5 de junio de 2020

Si las fantasías se materializaran, me habría hecho famosa en un “tris”. Tú me aconsejas paciencia y persistencia… No obstante, ya estoy cansada de jugar… La luna y las estrellas no me dicen nada mientras que el tren del hoy y del ayer, que surge en mis sueños, tampoco me brinda algo trascendente… Lo intento y sólo surgen títulos tontos que me preparan para el “descarte”… La aurora, con sus torpes dedos, me anuncia la entrada del día… Y los astros se desvanecen para no presentarse más hasta la llegada del anochecer…

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Me quedé dormida en el escritorio, pensando en el posible contenido de un relato, A. Si bien no logré desarrollarlo y ahora estoy frente a la computadora otra vez, hablando pistoladas… Te confieso que soñé algo que tenía que ver con la aurora, los astros y no sé qué más… Alguna vez insististe en que usara el tren del hoy y del ayer porque te pareció que me daría luces para escribir el cuento… Por eso acabo de imaginar lo siguiente: una mujer se sumerge en el mundo onírico y allí nota que es una niña de nuevo. Observa que su mamá discute con un psiquiatra sabrá Dios por qué y de repente hay un giro. Se encuentra de la nada en el tren que ella nombra del hoy y del ayer… Y se acabó el “viaje” porque la idea es ridícula y no sé cómo proseguir… A pesar de eso tengo otro tema… Creo que ya lo abordé… También utilicé el de la metamorfosis, el del amor imposible y un largo etcétera de tópicos que plasmé cuando me hallaba en mi “auge”… Mejor voy a leer…

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Evidente: Drácula era todo un caballero y Jonathan Harker un grandísimo imbécil… ¿Cómo no se dio cuenta de que no era humano desde el principio? En fin, volví al ordenador para redactar esta frase que resume mi impresión de la lectura… ¿Cómo los grandes escritores habrán obtenido tanta imaginación para edificar los libros que los catapultaron en vida o de manera póstuma? Me pregunto el motivo por el que no puedo escribir… No sé por qué me dan ganas de soltar una carcajada cada vez que te comento eso…

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Todavía carezco de “luces”… Hace poco se me ocurrió un título y una trama “suculenta” que no llegó a ningún lado. No supe cómo desarrollarla… Sólo veía un bosque, un cielo, un río… Ah, y un personaje con ojos, nariz, boca… Lo llamé “El rostro” y luego lo descarté…

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Seguí leyendo Drácula. Ha sido lo más interesante que he realizado. Es de noche y la luna está color naranja. Siento algo peculiar en el ambiente… Tal vez logre narrar una historia en algún momento (día o crepúsculo)…

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Y el tren del hoy y del ayer, que sólo surge en mis sueños, no me brinda nada… La aurora con sus torpes dedos me anuncia la entrada del día, mientras que la luna y las estrellas se desvanecen para no presentarse más hasta la llegada del anochecer…

A., quiero que sepas que regresó mi inspiración cuando lo intenté una vez más esa noche astro-naranja… Tuviste razón, ahora estoy escribiendo un texto que podría gustar… Por otro lado, trato de conseguir un título en mi cabeza que no sea “El tren del hoy y del ayer”, sería demasiado obvio… Sin embargo, es mucho mejor que “El descarte”, que lo tenía como un as bajo la manga… Necesito más imaginación en mi vida…

Ivanna Zambrano Ayala
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