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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Sin luces

martes 22 de diciembre de 2020
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A Ivonne Ayala

Estimada M:

De nuevo te escribo en la noche porque parece que no hay otro momento en el que desee comunicarme. Sigo aguantando esa sensación de vacío mientras pasa el tiempo y me vuelvo más vieja. En ocasiones me pregunto qué he ganado en mi vida para llegar siempre a la misma conclusión. Sólo quiero echarme en la cama para no salir de allí, mas siempre termino escapando de su red. Tengo la mala costumbre de “levantarme”. Interpreta esa frase como quieras.

No tengo apetito de leer, escribir ni de dibujar. No surgen “milagros” aunque lo intente. De cualquier modo, carezco de la motivación suficiente para persistir en esas tonterías, los oficios del alma que ya no me interesan…

Recuerdo cuando era joven. Me encontraba llena de ilusiones que ahora están rotas por la cantidad de rechazos y burlas que he sufrido desde pequeña. ¿Cómo podría haber sabido que me sucedería en ese instante, y en público? Nadie tuvo la molestia de oírme. Fui ignorada incluso por ti.

Y te escribo en la noche, soportando esa sensación de vacío mientras pasa el tiempo y me vuelvo más vieja. Siempre has omitido algún comentario sobre eso. A veces supongo que Dios me abandonó… Imagino que te acuerdas del episodio del tren, donde la gente también se rio de mí por culpa de esa maldita pastilla. En fin, tú sabes el resto. Todavía no me he curado.

La noche luce una inmensa oscuridad. Creo que tengo una “negrura” semejante en mi interior después de esos “eventos” tan desagradables. Nadie me comprendió. Luego ocurrieron los rechazos que causaron que al fin me recluyera para redactar tediosos artículos de mil palabras.

Y como los lobos que ansían devorar al sol y la luna, los recuerdos dan vueltas en mi cabeza… En un mensaje me sugeriste que buscara a Dios, pero qué podría brindarme Él. Te confieso que he pretendido ir a la iglesia, pero me llega a la mente lo del vagón y mis ganas se esfuman.

Insisto en esto, M: ¿qué he logrado yo? Estoy sin luces, apagada como la aurora que brotará luego para anunciar la llegada del día.

¿Y qué he alcanzado yo, M? Sí, ¿qué he alcanzado yo? No tengo ganas de moverme y sólo pienso en el ayer y en el paso del tiempo que me ha hecho más vieja.

Sí, carezco de luces y sólo tengo el boleto al mundo de la remembranza que me ofrece una minúscula llama a pesar de lo que te acabo de comentar…

Y el día y la noche danzan su eterno vals, mientras los lobos que corren por el cielo intentan atraparlos. Yo trato de volar con ellos porque tengo la mala costumbre de levantarme. Así huyo de las fauces de esa tristeza que me buscará para que te mande estas cartas entintadas con esa pequeña luz y esa fastidiosa oscuridad.

T.C.

Ivanna Zambrano Ayala
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