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Una escena que se repite

sábado 16 de julio de 2022
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Es una escena que se repite, en el fondo glacial del último círculo Ugolino roe infinitamente la nuca de Ruggieri degli Ubaldini y se limpia la boca sanguinaria con el pelo del réprobo, la impetuosa y vibrante Danza Infernal de King Kastchei va cayendo en un letargo disímil sobre la ciudad de las mezquitas rojas, llena de sepulturas, pozos, despeñaderos, pantanos y arenales, y cercada por una muralla de hierro que la envuelve, allí las dolientes sombras sacan del hielo las lívidas cabezas, en el temblor de sus labios se manifiesta el frío y en sus ojos la tristeza de sus corazones, mientras sale el soberano del reino del dolor, fuera de la helada superficie a conquistar el mundo, abandonando así un ámbito prístino donde el paisaje muta a diario ajustándose a la forma del fondo, creciendo por un lado y desprendiéndose por el otro, precisamente donde me encuentro ahora, en Aqueronte, el primero de los ríos que baja de la montaña de Sion, claro, límpido, crudo y torrentoso donde el fitoplancton es tragado por los copépodos y las eufasias alimentan a las ballenas del mar interior, ese azul mentiroso que circunda las montañas, preñado de soles y residuos orgánicos donde supimos ayer jueves que un gigantesco bloque de hielo comenzó a desprenderse y los científicos consideran que esto es una evidencia contundente de las consecuencias del calentamiento global que nos amenaza hace cincuenta años, donde un sinfín de fenómenos atmosféricos parece acelerar la extinción de la humanidad, cada vez más acorralada en su apuesta por la consecución de un final trágico que me hace sonreír mientras sorbo un trago de whisky escocés con hielo de millones de años y disfruto este lugar limpio y transparente como el agua que se derrite en los glaciares y confunde a los pájaros bobos y a las focas en su eterno trajinar por la sobrevivencia de los más aptos como mi amigo D. B. Wong, el de los ojos rasgados, que alumbran su mirada diáfana cuando llega jadeando y me dice “fue una capa de hielo de 41 kilómetros de largo y 2,5 de ancho que proviene de la plataforma Wilkins que se está desintegrando”, nada anormal en los tiempos de turbulencias y catástrofes que hacen a los humanos víctimas de batallas perdidas murmurando su expiación cotidiana, absurda forma de ver su mundo extraño y que está lejos de esta serie de vastísimas altiplanicies configuradas por la enorme acumulación de hielo y en cuyos bordes sobresalen cadenas de considerable tamaño como el monte Vinsor y conos volcánicos como el Erebus y el Terror que al invertirse forma nueve círculos decrecientes y en el quinto, en el fango de la laguna Estigia, donde se hallan sumergidos los iracundos, encontré al inefable Wong, el de los ojos rasgados, con un frío casi intolerable que congela los huesos y encabrita las asaduras, que casi me impide escuchar su voz cavernosa que me dice tras un remolino de nieve “incluso con los ojos abiertos, no puedes ver lo que no se puede ver”, justo a tiempo en que nos introducimos en el albergue que resguarda nuestra integridad, una caverna natural de suelo escabroso con sus paredes cristalinas, relucientes y rectas que caen en un abismo inconmensurable y voraz desde donde se escucha el lamento de Sísifo, hijo de Eolo y Enarete, rey de Éfira, padre de Odiseo y Glauco, esposo de Mérope, el más astuto de los hombres pues engañó a la muerte poniéndole grilletes, el que convenció a Hades para huir y fue devuelto por Hermes para ser obligado eternamente a empujar una piedra enorme cuesta arriba sin lograrlo pues ésta rueda siempre hacia abajo para empezar de nuevo, esfuerzo inútil e incesante que consume los años del hombre avaro y mentiroso, inspirador del pintor Polignoto, del escritor Camus, cuya filosofía de lo absurdo mantiene que nuestras vidas son insignificantes y no tienen más valor que el de lo que creamos por lo que no nos quedaría otra alternativa que abandonar el aterido recinto a través de un alumbrado camino que recorrí en un día para volver al mundo hermoso donde el “amor mi mosse, che mi fa parlare” y “sin permitirnos sosiego alguno, fuimos subiendo él delante y yo detrás hasta que por una redonda claraboya alcancé a ver las maravillas que ostenta el cielo, saliendo por fin a contemplar de nuevo las estrellas” titilar de luces fulgurantes y remotas donde a un grado por encima del cero absoluto la Nébula Boomerang es el lugar más frío conocido en el universo, donde la vida es una propiedad muy flexible y nunca ha dejado de regar semillas primigenias y vitales que manifiestan señales como la Wow, la cual fue grabada en 1977, descubriéndose después de una sombra de misterio que provenía de un sistema estelar a doscientos años luz de distancia, apenas perceptible en un telescopio radial en el estado de Ohio pero inmensa cuando retumbó en el laberinto que conduce al trono del príncipe del manto nacarado, “el gusano que horada el mundo”, traspasó las paredes del séptimo círculo donde el ruinoso fondo sirve para castigo de los falsarios y “temblaba yo en medio de las perpetuas sombras”, evocando el paso fugaz de James Cook, el desembarco de John Davis, la navegación de Weddell, la odisea de Amundsen y Scott, legendarios e intrépidos exploradores de antaño que expusieron sus vidas para entender que es mejor el sacrificio o el castigo que ser condenado a ser quien eres, magnífica ocasión para recordar la mañana del 13 de abril del año 1300, en el día penúltimo de mi viaje, cumplidos mis trabajos, vi a una mujer velada aparecer con un traje del color de la llama viva, el aire se ha poblado de ángeles, lloro y me humillo con espantoso amor, es la fe, mi sueño inaccesible desaparece, un gigante y una ramera usurpan el lugar de la mujer, he abjurado de la astronomía ptolemaica y del dogma cristiano, he escrito más de “lo que de mujer alguna se ha dicho” y me conformo, “nessun maggior dolore che ricordarsi del tempo felice nella miseria”, reflexión que agudiza mis sentidos para recordar que en 1984 unos cazadores de meteoritos encontraron una extraña roca, la roca más importante jamás hallada, que desató una gran controversia porque estaba compuesta de carbono, minerales y fósiles microscópicos de bacterias marcianas, todos indicios de presencia de vida, unos expertos exclamaron que éramos parte de una supernova, otros más escépticos que era un cuerpo contaminado por un proceso no biológico, prevaleciendo la última opinión y dándole a la piedra el número en el catálogo ALH84001 con 3,6 billones de años, existencia efímera comparada con los agujeros negros, la enana blanca, el bosón de Higgs o “la partícula de Dios” que ha permitido la formación de todo lo que existe, incluyéndonos a nosotros, Wong y yo, mientras funcionaba la transmutación de carnes divinas a terrenales con la esperanza de vivir a plenitud cada segundo inmaculado de estos tiempos, perpetuar la especie, cumplir el séptimo mandamiento e incorporarnos al quehacer urbano en una ciudad cualquiera, ubicada en el mejor hemisferio, entonces alcancé a oír una voz estentórea que conozco, es un rumor antiguo y sugerente que se expresa desde la penumbra y que inspira nuestra salvación, ahora veo a lo lejos a Wong que yace sobre una acera iluminado por la luz mortecina de un farol, nunca pensé en una vida tan efímera, yo que estuve cerca del único ser capaz de precipitar o impedir el apocalipsis, de rodillas, crispado, veo la gélida mirada del delincuente mientras siento el frío del cañón de la pistola que me congela la sien, ahora que es una escena que se repite.

Dante Fontana
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