I
Dalí, Picasso, Breton, Tristán Tzara y... traspasan la quinta esencia del centelleo. Le temen a la noche embrujada de aullidos y al dedal en manos de quienes piden, desde tiempos inmemoriales, el hilo de oro para tejer la mañana del suicida.
El incoloro de la mariposa por escribirse revoletea una gota del oleaje. Todo está consumado en la hondura del espejo. Los surrealistas se abanican con el plumaje de la palabra viento.
Cantos de sirenas inyectan belicismo en oídos de personajes, nunca descritos por Homero. Penélope deambula, a lomo de caparazón, once mil seiscientas treinta y dos aguas y media en busca de Ulises. Llueve y aún se escuchan ecos de trinos disecados, desde épocas inmemoriales.
La lucecilla en el fondo del rincón, donde habitan los maldicientes, conduce a los agujeros negros de la sangre huérfana.
La bocina aún se escucha en el ejemplo descrito por el hombre invisible, en el pizarrón del viento.
Dalí... La persistencia de la memoria desempolva el espejismo de no haber nacido.
Picasso... El viejo guitarrista ciego va de la mano con El Greco a intuir el período azul de Cristo con su túnica color rojo.
Breton... Los vasos comunicantes en el sueño y la vigilia caen de manera perpendicular en el patio de la casa del soñador y de un único hombre despierto en el planeta tierra a las dos y cinco segundos, instante preciso en el cual vio florecer el jardín de doña Aurora.
Tristán Tzara... La capital del dolor sombrea la temporada del dios de la indiferencia mientras se desgarra, hombro a hombro, la humanidad. Seis fantasmas atraviesan el portón de salida hacia la oscuridad.
Dalí: Esa es la distancia perfecta para no observar la esfera.
Picasso: Pardo es el crujir de la caída.
Breton: Cierren sus bocas y aplaudan el deambular del desprevenido.
Tristán Tzara: La lluvia armoniza su séptimo eje de empuje y se reciclan alas de ánimas benditas. Pastean diablos en la divina comedia nunca escrita por Dante.
Breton: No den un paso hacia adelante urge retroceder porque el abismo viene hacia nosotros.
Picasso: Espanta. Usemos nuestros bastones de mando así podemos amedrentar el vacío.
Dalí: Puede ocurrir igual a como sucedió en el caso del agujero bloqueado a la novena plaga.
II
Carlos Alberto Agudelo Arcila: Basta una muleta para estremecer emociones. No me importa si la pata sola va de casa en casa en busca de su propio mito.
Breton: La puerta abierta del hoy me direccionó hacia el 14-02, entré y había un anciano, con sombrero, vanagloriarse de sus vivencias, le sentí un cinismo sin límites. Le incrustaba a su humanidad ínfulas de ser el más inteligente de los hombres. De pronto, en un descuido de la multitud, me miró amenazante, parecía una oveja asesina con deseos de devorarme. Por suerte, el sombrero dejó de cubrir la cabeza del hombrecillo quien se alejó del entorno mientras su narcisismo se disolvió.
Dalí: Ayer estuve en ese lugar. Una voz opaca me dio la bienvenida. Sonaron campanas de todos los sitios del orbe. Un psiquiatra me observó sonriente, le brindé de mi cantimplora la ilusión de mis años perdidos. Exhorté a las horas a no ir más allá del tiempo por llegar.
Picasso: ¿...?
Tristán Tzara: El dorso del dedo excomulga la acrobacia del fotógrafo de la cabellera hirsuta.
Breton: Un guayacán queda desnudo de sus flores, de sus hojas, de su tallo, de su raíz, la nada del vegetal crece en el espacio. El aire se torna difícil de absorber. Me siento junto al árbol sin sombra bajo el sol.
Carlos Alberto Agudelo Arcila: La brisa penetra la ausencia. Se despedazan bostezos. Asimilo mis glóbulos y mis huesos y mi piel. Encuentro cobijo bajo el arbusto intangible. Tres mosqueteros me invitan a proseguir el camino del misterio.
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