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Dejanira

martes 12 de diciembre de 2023
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Era un día excelente para tender los quitones. Soplaba una brisa fresca y Damián se sentía un poco tranquilo, a pesar de la incertidumbre. Rogó a los dioses, de modo constante, que permitieran que su amada regresara. Nadie en su familia lo intuía, pero se comportaba de manera peculiar. No permanecía encerrada en ninguna morada hilando el telar ni bajaba la cabeza ante los hombres. Pertenecía al reino de las amazonas y había ido al campo de batalla.

El muchacho suspiró, pensando en Dejanira. Recordó cuando la conoció en el bosque y… Se ruborizó. Su tía habría desfallecido, si se hubiese enterado. Según sus primos, una mujer jamás podría dominar a un macho. Sin embargo, sabía que sí. Y ya no quiso alejarse de la amazona. Por eso, le suplicó, se arrodilló, la buscó por todas partes hasta que la encontró de nuevo y Dejanira aceptó a duras penas. Entonces, él inventó una excusa y se anidó en esa casa a las afueras del pueblo para estar a su lado o, al menos, cuando ella le apeteciera requerirle amores.

Damián acarició uno de los quitones que su amada dejó la última vez que estuvieron juntos. Pensó en cómo ganó su confianza y amansó, de cierta forma, su ferocidad con el paso de los años. Sus besos eran más suaves, su mirada se tornaba dulce al cruzarla con la suya y sus palabras se volvieron menos hostiles. Le gustaba escucharla hablar sobre su tierra. Y atesoró la certeza de que lograría acompañarla y crear un hogar a su lado. Anhelaba abrazarla en ese momento… De repente, se limpió uno de los ojos. Había transcurrido el tiempo, seis meses para ser exactos. Su tranquilidad se desvaneció. Lo oprimió la tristeza. No era la primera vez que aguardaba. Tenían un lustro compartiendo sus vidas y sufrió muchas veces al verla partir para participar en una guerra. Si Dejanira se casaba con él en Temiscira, ella debería dedicarse a la caza y al cuidado de las siembras. Insistía en eso siempre, mas no quería oírlo o eso aparentaba. Por tal razón, la acusaba de no amarlo, argumentando que si lo hiciera ya habrían contraído nupcias. A lo que ella respondía, furiosa, que temía que lo violentaran.

Dejanira lo estrechó fuertemente entre sus brazos y él ansió mantenerse así, aferrado a su cuerpo hasta el fin de su existencia.

—¡Has visto cómo te traté en nuestro primer encuentro! ¡Las otras maltratan a los hombres de esa manera! ¡Allí no valen nada!

Damián se acordó de que, durante esa discusión, él contestó que no le importaba y acarició una de las mejillas de la amazona para persuadirla. A continuación, Dejanira lo estrechó fuertemente entre sus brazos y él ansió mantenerse así, aferrado a su cuerpo hasta el fin de su existencia.

El joven observó el cielo y cerró los párpados. Rogó a los dioses que no se la arrebataran. Luego contempló uno de los quitones y volvió a tocarlo. Supuso que si le preguntaba a su tía cuál era la mejor forma de confeccionar la indumentaria de una mujer, le partiría la nariz de un bofetón. Desechó la idea y tomó asiento. Duró una hora allí, admirando el paisaje. Después fue a acostarse. Permitió que la ropa se secara.

Se quedó dormido y soñó que daba un paseo a caballo con Dejanira. La tarde era soleada y la brisa tan fresca como la del día anterior tendiendo los quitones. De pronto, despertó al oír que una bestia relinchó. Siguió escuchando, alguien se acercaba a la puerta. Y permaneció quieto. Imaginó que podría ser un ladrón o uno de sus primos. No obstante, se equivocó.

Cuando vio entrar a Dejanira, sus ojos brillaron de júbilo.

Ivanna Zambrano Ayala
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Comentarios (4)

Excelente Ivanna, el amor siempre llega por lo mas inesperado, que por los quitones se atraigan dos seres es un detalle hermoso, que mujeres con gran fuerza física puedan atraer e ese joven temeroso y poder compartir su vida.

Responder

Hola, Emma:

Muchas gracias por su comentario. Me alegra que le haya gustado mi texto. Disculpe la tardanza en responder.

Un abrazo,
Ivanna

Responder

Ivanna, me alegra que te mantengas activa en tus escritos y publicaciones, son un regalo para los lectores y tus fans, como yo.

“Dejanira” es muy diferente a tus otros ensayos. Lo he leído tres veces… no sé en qué momento histórico ocurre el relato, tal vez no importe tanto, ni el lugar (¿Temiscira?)… es una relación de amor y punto. Con unas características particulares que trascienden el papel o los roles sociales del hombre y la mujer.

En tu bello relato esos sesgos son derribados.
Bravo por Dejanira, por Damián y los quitones.
Bravo por todos…!

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Hola, Mariela:

Agradezco mucho sus palabras. Gracias por su apoyo. Felices fiestas.

¡Un abrazo!,
Ivanna

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