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Entre el jardín de rosas

sábado 1 de febrero de 2025
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Estábamos pasando las vacaciones, por primera vez, en una villa de mi tía Ángela. Carlota y yo conocimos, al fin, a la hermana de nuestro padre en agosto del año pasado. Cuando le preguntamos a mi madre por qué nunca nos había visitado antes, ella respondió que en esa época se encontraba ocupada encerrada, trabajando.

—Además, siempre ha sido así, tiende a aislarse —añadió.

Aquel agosto del año pasado, mi hermana y yo nos sorprendimos porque la tía Ángela era una mujer bella y elegante. Contó que era escritora y que, gracias a sus obras, obtuvo el suficiente dinero para comprarse la villa en la que estábamos pasando nuestras vacaciones escolares. Recuerdo que cuando terminó su visita, mi padre, con un dejo de envidia, nos reveló a Carlota y a mí que no sólo tenía esa villa a su nombre, sino muchas más. Era inmensamente rica.

—Qué suerte tuvo su tía solterona, perdón, la “escritora”—dijo mi padre con un resentimiento tan evidente que me desagradó.

Meses después, mi madre comentó que pasaríamos las próximas vacaciones con la tía Ángela. Y, al entrar en la villa, mi hermana y yo quedamos asombradas. Parecía un paraíso y lo que más me gustó, aparte de la piscina y la biblioteca, fue el jardín de rosas.

Carlota, que era la más joven, no se despegaba de la tía, y yo tampoco. Nos contentaba cuando hablaba de sus novelas, los cuentos que escribió, las personas en las que se había inspirado y sus lecturas. También mencionó algo que me encantó: a la tía Ángela le fascinaban los mitos y leyendas.

Una tarde en la que caía una agradable lluvia de verano, mi hermana, sentada en la alfombra de la sala de estar, le preguntó a la tía si vio alguna vez un unicornio.

—Isabella, papá y mamá dicen que no existen, pero yo creo que sí —exclamó Carlota con los brazos cruzados.

Yo casi me reí. Mi hermana gozaba de una gran imaginación. Pero me sorprendió la respuesta de nuestra tía.

—No les hagas caso. Te voy a contar un secreto al igual que a ti, Isabella. Nunca me atreví a decírselo a nadie, hasta ahora.

Mi hermana y yo quedamos boquiabiertas. Y esperamos a que nos revelara el secreto. Carlota se acercó al sillón, algo que delató su enorme interés por saber. La curiosidad la estaba matando como a mí. Después de un breve silencio, nos contó.

 

***

 

Nuestros padres nos buscaron en la villa en septiembre. Carlota y yo los recibimos sin entusiasmo, pues íbamos a extrañar la casa, a la tía Ángela y sus historias. Cuando la miré para saludarla con la mano, ella acercó un dedo índice a sus labios. Y entendí y asentí. Guardamos el secreto desde entonces. En ocasiones, adoraba recordar las palabras de mi tía, que una década después decidí plasmar en papel:

Una tarde soleada de agosto, muchos años atrás en esta misma villa, tuve una oportunidad increíble. Caminando entre el jardín de rosas, lo descubrí. Y lo que ningún cazador logró capturar en vida, yo sí, a través del lente de mi cámara. Dicen que sólo algunas mujeres, las más puras de corazón, pueden tener una suerte así. Yo estaba en la terraza cuando tomé la foto, pero luego la criatura escapó y la imagen también desapareció.

La criatura que vi, mis queridas sobrinas, fue un unicornio. Y eso responde tu pregunta, Carlota. Tal vez tú e Isabella puedan tener esa maravillosa oportunidad, mientras se mantengan puras de alma y corazón.

Mi hermana y yo, por mucho que vigilamos el jardín de rosas de la villa, no tuvimos la misma suerte. Luego crecimos y, sin importar cuánto quisimos regresar a la casa de recreo, la respuesta de papá siempre fue negativa. Hasta que cumplí veintiún años y le escribí a mi tía, quien me dio permiso para volver. Lamenté que Carlota no pudiera acompañarme.

Mientras observaba la tarde soleada en la terraza de la villa, recordando lo contado por la tía Ángela durante esas vacaciones escolares de agosto, decidí ver hacia el jardín. Y, de repente, a lo lejos, creí descubrir algo con luz propia. Pero al mirar en esa dirección una vez más, me decepcioné. Nada había. Tal vez fue mi imaginación o, de verdad, un animal blanco y brillante se hallaba allí. Quise pensar en lo segundo y hacer como mi tía: darle esplendor y vida a través de un cuento.

Ivanna Zambrano Ayala
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Comentarios (2)

Hola Ivanna, excelente relato, mantiene la atención para saber si realmente vio el Unicornio o lo imagino, en el jardín de rosas. Excelente.

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¡Hola, Emma!

Muchísimas gracias por su comentario. Me alegra que le haya gustado mi relato.

Un abrazo grande,
Ivanna

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