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Dos textos breves de Thaís Badaracco Febres C.

domingo 10 de agosto de 2025
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Deshumanidad

Cuando Saint-Exupéry afirmaba que lo esencial es invisible a los ojos de los hombres, nos remitía a nuestra mirada interior, la que milagrosamente nos permite ver cosas profundas, diferentes, verdaderas.

Esa corriente de vida impenetrable, ese fluido invisible que misteriosamente nos anima, es idéntico para cada ser humano. Y así como un río no puede pretender ser más río que otro en cuanto a la naturaleza de su “acuosidad”, ni un árbol ser más árbol que otro por su diferente altura y grosor, asimismo ningún hombre puede aspirar a ser más hombre que otro en relación con su “humanidad”.

Saber esto, aceptarlo, y recordar a cada instante de su vida que todos tendrán idéntico final, debería bastar para hacerlo más fraternal y bueno con sus semejantes. Sin embargo, con asombro inconcebible vemos cómo ocurre todo lo contrario. Esta granítica verdad pasa a planos posteriores, y lo que predomina es el sojuzgamiento y el atropello de unos contra otros. De los que se consideran y sienten más “hombres” por ser más poderosos materialmente, contra los más desvalidos y necesitados.

Y desde los orígenes esto ha sido siempre así; a partir de la más brutal esclavitud primitiva, hasta la esclavitud sofisticada de hoy. Es decir, que siempre ha existido la constante confrontación entre opresores y oprimidos.

Así, la historia humana se agota, en cualquier tiempo, y bajo cualquier modalidad o diferente nombre, en una continua e infructuosa lucha por zanjar esta infamante brecha.

 

El poeta y la rosa

Dice el poeta: “La rosa, la corten o no la corten, igual se ha de marchitar, por tanto, córtenla”.

Y la rosa: “¿Estamos adheridas al tallo que nos dio la vida, que nos dotó de pétalos impregnados de fragancia y color, para que un tajo inclemente y doloroso nos separe luego de nuestro soporte natural, y terminemos como desteñida hojarasca dentro de cualquier basurero, lejos de nuestro venerado tallo?”.

“¡Oh, poeta! ¡Pudo más tu deseo de vernos amontonadas en un jarrón admirando nuestra belleza, que permitirle al fluir de nuestra naturaleza llegar hasta el final!”. Oh, poeta, ¡creí que tu sensibilidad daba para más!

“Las floristerías son el cementerio artificial de nuestra hermosa y efímera vida”.

Thaís Badaracco Febres C.
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