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Días del desasosiego

miércoles 24 de junio de 2020
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Estos días de recogimiento obligado.
Este momento de primavera escondida.
Esta hora de insospechadas tribulaciones.

 


 

Y a un día gris le sucede otro.
Noto, empero, un pálpito de esperanza, ¡esperanza!
De sentir de nuevo las flores en el parque.
Deseo, deseo pasar pronto esta penitencia,
para acercarme a ver un retoño brotar,
por las praderas, en las arboledas,
cuando un poco de sol nos expone a su beneficio.

 


 

Desde mi refugio, oculto a las miradas indiscretas,
ataviado con la ropa informal de estar por casa,
apagada la televisión, la radio,
todo aquello que trae noticias del exterior.
Encogido espero tiempos mejores,
cierro los ojos para no ver, y no tener miedo.

 


 

La parca que ronda si eres hombre, si eres mayor,
si eres de riesgo, si tienes patologías.
Ahora no somos tan orgullosos, prepotentes y ufanos.
Ahora es tiempo de pesadillas.

 


 

Imagina una conspiración de fuerzas ocultas.
Piensa a quién beneficia.
Por la flaqueza del hombre.
Un discurrir independiente.
…Y confabularon.

 


 

He de reconocer su valía en el diseño del gran plan maestro.
pusieron toda su imaginación a trabajar
para diseñar un nuevo mundo a su medida.
…Y crearon el virus.

 


 

Un virus que prefiere al hombre,
que pasa por los más jóvenes sin apenas rastro
y los demás caen,
todos aquellos que eran tradicionalmente atendidos:
los viejos, los decrépitos, los enfermos.

 


 

Así conseguirán liberarse del yugo,
del dominio de esta sociedad.
En el camino de su conquista, como en toda revolución,
se cubrirá la tierra con cuerpos fenecidos,
muertos que le sobran.

 


 

La parca que ronda.
Ahora, no tan orgullosos y ufanos.
Ahora, tiempo de pesadillas.
Esta hora de insospechadas tribulaciones.
¡Este tiempo de penitencia!

 


 

La triste, hollada y maltratada Tierra. ¡Está harta!
¡Excedente de humanos depredadores, y ruines!
Ella, Gea, la gran matriz de donde nacen los Titanes,
la madre de Dioses y Cíclopes,
del tiempo y del mar Océano,
henchida de justa ira,
ha decidido mandarnos un escarmiento,
creando a su pesar, una corona de muerte,
cebándose en los hombres, estos,
que tanto tiempo llevan pisoteando la Tierra,
extrayendo comida y riquezas,
sin dar nada a cambio, al menos los antiguos
la ofrecían sacrificios, la trataban como una madre.
¡Ay, de su ira! Ella, conocida como
Gaia, Gaya, Gea, la Creadora.

 


 

Transformada en Furia, nos hace escondernos
en cuevas modernas: casas, edificios, pisos.
Diminutos o enormes, siempre encerrados.
A lo sumo permite pasear a la mascota,
a fin de cuentas, criatura suya,
libre de ofensas, de las vejaciones de sus amos.

 


 

Sólo un principio.
Depende de nosotros conseguir su perdón.
¡Depende de nosotros!

 


 

En estos días de recogimiento obligado.
En este momento de primavera escondida.
En esta hora de insospechadas tribulaciones.

Felipe Fernández Sánchez
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