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No es este tu reino, de Alfredo Herrera Flores
(selección)

viernes 25 de julio de 2025
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“No es este tu reino”, de Alfredo Herrera Flores
No es este tu reino, de Alfredo Herrera Flores (Navaja, 2025). Disponible en el Instagram de la editorial

No es este tu reino
Alfredo Herrera Flores
Poesía
Editorial Navaja
Iquique (Chile), 2025
ISBN: 978-956-6128-14-4

I

He sentido, en mitad de mi sueño, tu presencia,
¿o ha sido tu ausencia?
He despertado, sin embargo, de tal alucinación,
libre de angustias, sudores o agitación alguna.
No eras tú la mujer que se acercó en la bruma de la noche,
sigilosa, a besarme, rodeándome con sus brazos
.............y su tragedia,
a besarme con sus armas nebulosas,
.............sus barricadas,
pero estabas ahí, en el calor
y el aroma de ese abrazo brumoso,
en esos labios furtivos
y aquellas palabras ancestrales convertidas en cantos.
Son los tiempos, Antígona,
los siglos en que hemos abolido la distancia,
pero no la memoria.

 

V

¿Es este mi cuerpo insepulto?
¿Es mi alma? ¿Soy la sombra de una libélula?
¿Veré la tarde ser noche luego día?
¿Volveré para despedirme de Hemón?
¿Este es mi rostro, mi rastro, mi resto?
¿Tocaré las puertas de palacio, del laberinto?
¿Buscaré alianzas con el poder?
¿Abrazaré a los estudiantes detenidos por la policía?
¿A cuántos vivos enterraré luego?
¿Sentiré la luz derretirse en mi espalda?
¿Seré la piedra que va a dar al mar, el río, la nube?
¿Con quién celebraré las derrotas?
¿Pensaré dos veces antes de volver a la vida?
¿Desconectaré aparatos, instrumentos, herramientas, máquinas?
¿Cruzaré las fronteras alambradas, alumbradas?
¿Entraré, por fin, a la ciudad?

 

XVI

Había pasado tarde, noche y día,
otra vez, aún íbamos de la mano,
pero ya no sabíamos dónde estábamos.
La confesión de aquellos jóvenes detuvo tu corazón
por un instante, suficiente para entender una historia.
No hacías preguntas, nunca las hiciste, aun
cuando no preguntaron por ti al final de la batalla.
Pero aquellos muchachos, tristes y cansados,
te hablaban con los ojos, te señalaban la fosa común
en medio de las lomas, donde todavía esperaban,
tomados de la mano, la visita de sus padres.
Ah, Antígona, mira dónde viene a descubrir la fraternidad.

 

XX

Con la frente en alto, Bartolina Sisa te saluda
desde el otro lado de la niebla.
Tú la reconoces porque has visto la caída de Tebas,
/de Santiago, Managua, Cusco, San Juan/,
has visto el fin de los imperios,
has llorado con las mujeres y amamantado a hijos ajenos.
Nadie te habla en este desierto que es una patria nueva.
Pero te ven, mujeres venidas de África,
de la India, de las lejanas costas orientales,
de las húmedas tierras del norte, de las frías cordilleras andinas.
Tú saludas con aquella mirada fulminante
que enamoró a Hemón y envidiaba Yocasta
y enojaba a Creonte y enternecía a Polinecis.
Mis ojos serán mi tumba /dijiste/
ahora lo repites, perdida en este lejano desierto,
cerca del mar esquivo y profundo,
en las puertas no usadas de La Sagrada Familia.

 

XXIX

Los caminos estaban trazados desde antes.
/¿Antes de qué, de quién?/
Descubrí que los caminos estaban trazados
con palabras y más palabras.
Seguir las palabras era buscar un destino.
Las palabras podían mantener en pie un árbol.
Un árbol podía caminar sobre el mar.
El mar está lleno de palabras como de misterio la cordillera.
Cuando alguien se hunde en el mar el mar lo devora.
El mar no devuelve cuerpos, devuelve recuerdos.
La cordillera sepulta pueblos y palabras.
El hombresolosobrevive en el exilio contando palabras para volver;
mientras tanto, aprende a oír, a escuchar,
así, hasta el olvido.
La música aparece en el camino,
entre la ciudad del lago y la ciudad de los volcanes,
mal llamada blanca, pero se la lleva el viento;
la devuelve, años después, en voz de mujer.

 

XLII

Te preguntas, al final de la jornada,
cuando has medido la cuerda, la altura, el vacío.
Cuando estabas segura de no culpar a nadie.
Cuando estabas segura de no recordar a nadie.
¿Hay algún ruido?
.............¿Algún lamento /llanto/ suspiro que atender?
Son simples maneras de ver lo mismo.
Hurgar en el pensamiento
como quien husmea en la cloaca.
Imposible no disimular serenidad,
Antígona,
ahora que cuelgas.

Alfredo Herrera Flores

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