

Madrid, años setenta
Rafael del Pino Molina
Novela
Alianza Editorial Letralia/FBLibros
Caracas (Venezuela), 2024
ISBN: 979-8328603201
502 páginas
En 1973, España se encontraba bajo el régimen dictatorial de Francisco Franco, quien había gobernado el país desde el final de la Guerra Civil en 1939. Ese largo período que fue el franquismo estuvo marcado por una fuerte represión política, censura y la persecución de cualquier forma de disidencia. Aunque la economía experimentó un crecimiento significativo —el llamado “milagro económico español”—, esto no se traducía en mejoras equitativas para toda la población.
Socialmente, el país se encontraba en una tensión creciente entre la rigidez del régimen y los deseos de apertura y modernización de una nueva generación. El mundo cultural se enfrentaba a la realidad omnipresente de la censura, que afectaba desde la literatura hasta el cine, pasando por la música y el teatro, y que produjo como reacción un bullente movimiento subterráneo de creatividad y resistencia.
Es en este contexto en el que Miguel, el joven protagonista de Madrid, años setenta, la novela de Rafael del Pino Molina (Porcuna, Jaén, 1956) publicada por la alianza editorial Letralia-FBLibros, despierta a la realidad de España, a través de sus vivencias y de su experimentación de la amistad, el amor, la literatura y la inquietud política y social.
La novela nos lleva de la mano por los rincones de Madrid, desde los barrios obreros hasta los ambientes más politizados, mostrando cómo las experiencias cotidianas del muchacho se ven influenciadas por el clima político opresivo. A través de sus interacciones y reflexiones, el autor nos revela una sociedad fragmentada, donde los sueños y las aspiraciones juveniles chocan con la dura realidad del franquismo:
El sermón corre por un cauce previsible; uno de esos discursos contra los que estoy más que vacunado: la dictadura es odiosa, de acuerdo, pero nadie hará nada por ti si no lo haces tú mismo; hay que ganarse la vida trabajando, eso no lo cambiará ningún sistema; tus padres están desolados, gran parte de sus esperanzas estaban puestas en que tú llegaras a algo (...). La desolación de mi padre, lo único real del discurso, no necesita heraldos: la lleva grabada en la cara.
La vida en la ciudad, las conversaciones en las tabernas, las miradas furtivas y los silencios cargados de significado forman parte del retrato de una generación que lucha por encontrar su lugar en un país en ebullición. La narrativa de Del Pino Molina destaca por su habilidad para capturar estas tensiones, ofreciendo una mirada muy cercana al que fue un momento crucial en la historia de la nación ibérica.
La estructura de Madrid, años setenta, es un meticuloso trabajo de construcción literaria. El punto de vista es el de un narrador testigo que conoce no sólo las acciones sino también las emociones del protagonista (“Tres semanas antes les has dicho que te marchas, y este sábado por la tarde has reunido por fin el valor para hacerlo...”), pero además se alterna con un narrador omnisciente (“No quiere decir su edad cuando se le pregunta...”) y con uno de primera persona, el propio protagonista (“Escribir no sólo me alivia algunos males, siento que también me salva de algún peligro...”).
El lector se topará con esta alternancia de un párrafo a otro y a veces incluso en el ámbito de un mismo párrafo, y la pericia del autor impide que estos cambios produzcan confusión alguna. Además, se intercalan asimismo fragmentos de libros, canciones populares y otras creaciones que no son otra cosa que la lectura que les da la inquieta visión del joven.
Aunque Del Pino Molina utiliza un lenguaje detallado y descriptivo, con el estilo depurado de un hombre que ha dedicado su vida a la literatura, sabe también incursionar en el lenguaje coloquial propio de la sociedad española de entonces, un acierto para darle al lector un panorama tanto de la belleza que entraña el florecer de la juventud —esa etapa en que todo es un descubrimiento— como de las dificultades que la vida presentaba ante toda familia obrera de la época.
Como en un juego de espejos, el protagonista de la obra que estamos leyendo decide en un punto de la novela escribir su propia obra: un diario personal.
La vida que he emprendido está tan alejada de la mística como Dante lo estuvo siempre de Beatriz, salvo en los dos breves fogonazos que incendiaron su corazón. Pese a todo, tengo la convicción, acaso mística, de que este librito me enseña el camino, la necesidad de escribir y la manera de hacerlo. La Vida nueva y mi diccionario escolar, el último regalo de la Señorita Daría.
Ya está. Ya he desgarrado el velo de pureza del cuaderno chino, el cuaderno fetiche, el primero que compré.
(...)
El comienzo del cuaderno y el del nuevo año: he aquí la irresistible coincidencia que me impulsa, la que necesitaba para ponerme a escribir. Arriba están mis primeras palabras inspiradas por Dante, las que siguen a mi nombre escrito meses atrás. Son como una inscripción conmemorativa, el acto que he venido posponiendo hasta reunir el valor suficiente.
Este diario será de una importancia capital en la obra, pues funcionará como una ventana para que el lector se asome a los pensamientos, las emociones y las reflexiones de Miguel. Así, somos testigos de su evolución personal y de su lucha interna por encontrar su identidad en el duro contexto que le ha tocado vivir. Estas páginas escritas en la soledad de su habitación revelan su despertar político, sus inquietudes literarias y sus conflictos emocionales, proporcionando una dimensión adicional a su carácter y permitiendo una conexión más cercana con su mundo interior: sus sueños, miedos y deseos.
Madrid, años setenta, se lee con auténtico deleite. A través de su prosa, del profundo conocimiento del autor respecto a la cultura y la historia de su país, y de la mezcla juvenil de ingenuidad y empuje del protagonista, el lector es transportado a una época cargada de tensiones y cambios, pero también de humanidad y esperanza. La riqueza de los personajes, la profundidad de sus reflexiones y la autenticidad de los escenarios hacen que cada página resuene con fuerza, haciendo de esta novela una lectura insoslayable.
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