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El Diablo prefiere hablar inglés, de Eloy Fisher

domingo 22 de septiembre de 2024
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“El Diablo prefiere hablar inglés”, de Eloy Fisher
El Diablo prefiere hablar inglés, de Eloy Fisher (Caligrama, 2024). Disponible en Amazon

El Diablo prefiere hablar inglés
Eloy Fisher
Novela
Editorial Caligrama
Sevilla (España), 2024
ISBN: 978-8419808202
180 páginas

La pandemia de Covid-19 provocó un repliegue global hacia el interior. El confinamiento y la interrupción abrupta de la rutina diaria produjeron en muchas personas un estado de introspección profunda. Enfrentados a la incertidumbre constante, aislados de forma total —los que se quedaron en sus casas— o parcial —los que por trabajo u otras razones debían salir en medio de exhaustivas medidas preventivas—, los seres humanos nos vimos de pronto confrontando nuestros pensamientos más íntimos o reevaluando nuestras prioridades y el sentido mismo de nuestras vidas.

Es sobre ese telón de fondo que se desarrolla El Diablo prefiere hablar inglés, novela del escritor panameño Eloy Fisher que explora la compleja intersección entre la realidad contemporánea, marcada por la pandemia, y el cuestionamiento existencial, al tiempo que reflexiona sobre la naturaleza del bien y el mal, la percepción de la realidad y las tensiones entre la política, la religión y la ciencia.

La relación sentimental entre una periodista y un funcionario gubernamental marca, ante los ojos del lector, un contrapunteo de personalidades que se extiende a todo lo largo de la obra. Ella, María Alejandra, es una joven apasionada y reflexiva que se encuentra en un momento importante de su carrera y, también, de su vida personal; él, Marco, es un burócrata pragmático con formación en física, atrapado en el engranaje político y administrativo de un país en crisis. La diferencia de edad entre ambos, por otra parte, jugará un papel relevante en el desarrollo de la historia.

Los preparativos para la transición de mando en la Presidencia de Panamá y las dificultades burocráticas que ella encarna, y que Fisher detalla con minuciosidad de conocedor, atraviesan toda la novela como un reflejo del caos y la incertidumbre que marcan el ámbito político y se reflejan en la vida personal de los personajes.

El proceso, que debería ser de reorganización y renovación, se presenta como una fase tortuosa y prolongada —dura siete meses—, cargada de complicaciones y rivalidades políticas. Una suerte de purgatorio para los personajes involucrados, en especial para Marco, quien trabaja estrechamente con el Vicepresidente del país a través de la lucha por el control del poder, donde las decisiones se toman en medio de una crisis sanitaria que amplifica las tensiones y las fallas de liderazgo.

Diversos personajes introducen en su conversación frases o palabras en inglés, a veces de forma incorrecta, recurso que, lejos de ser casual, está cargado de intencionalidad. El inglés es la lengua franca de la modernidad, especialmente en el contexto de la globalización, pero al fin y al cabo es una lengua distinta y su uso, que llega a lucir forzado en ciertos momentos, permite profundizar en temas como la alienación o la autenticidad. Fisher satiriza a aquellos que adoptan el inglés de manera superficial, como una moda o un intento de parecer más cosmopolitas de lo que realmente son, aunque lo que evidencian en última instancia es una falta de profundidad o una desconexión con la realidad local.

Otro tanto se puede decir de los emojis que usan en sus comunicaciones electrónicas los personajes de la novela, un elemento recurrente del que en muchos casos se vale el autor como una capa adicional de significado que le permite mostrar intenciones y sentimientos complejos que no siempre son fáciles de comunicar sólo con palabras. Emblema de la cultura contemporánea, su uso en la novela refuerza su conexión con el presente, al tiempo que invita a una reflexión sobre cómo la tecnología ha transformado la forma en que nos comunicamos y, por ende, nos relacionamos.

La física, campo de estudio del que proviene el hoy burócrata Marco y del que se siente decepcionado, motoriza en El Diablo prefiere hablar inglés una serie de profundas reflexiones sobre la realidad, conformando una metáfora de las transiciones en que están envueltos tanto el trabajo como la relación del protagonista. “Acumulé teorías sobre sistemas estáticos que no explicaban un mundo en proceso de transformación, en metáforas numéricas tan forzadas como mi deseo de ser creíble, de no sentirme como un farsante”, declara.

Marco, quien compara la física con la contabilidad y sugiere que, al final, la ciencia se reduce a un balance de débitos y créditos en el universo, recuerda una conferencia en la que Stephen Hawking reconoció que la cosmología era vista por muchos como una pseudociencia para físicos que se vuelven místicos en su vejez. Este comentario resuena con la propia experiencia del personaje, que se siente perdido entre las teorías abstractas y la realidad tangible que enfrenta en su vida cotidiana.

María Alejandra, por su parte, está constantemente equilibrando su vida profesional con su vida personal. Su carrera como periodista está marcada por las dificultades propias del medio, especialmente en un contexto de crisis, pero también por sus aspiraciones y el deseo de avanzar. Ella es la primavera —así la llama Marco—, representa la renovación, la esperanza, los nuevos comienzos; se mueve en un entorno globalizado pero mantiene una conexión con sus raíces culturales. Es, asimismo, una figura de resistencia, que equilibra su vulnerabilidad con una notable fortaleza interna.

Como buena novela de transiciones, la estructura fractal de El Diablo prefiere hablar inglés refleja no sólo los cambios del ámbito político, sino también los que permean las experiencias personales, emocionales y filosóficas de los personajes, convirtiéndose en un fuerte hilo conductor. Una estructura que se apoya, además, en la alternancia de narradores —María Alejandra y Marco cuentan en primera persona, un capítulo a la vez, la mayoría de los hechos— y en un recurso, el gedanken —la proposición de una lectura alternativa cambiando el orden de los capítulos, bien conocido por obras como Rayuela, de Julio Cortázar—, con el que la novela rompe la cuarta pared y, desafiando las convenciones narrativas tradicionales, hace un llamado directo al lector para que participe activamente en la construcción del significado de la historia.

Abogado y sociólogo con maestrías en Administración de Empresas, Análisis de Riesgo Político y Economía y Finanzas, y doctorados en Economía y Ciencias Políticas, Eloy Fisher ha publicado en revistas especializadas como Cambridge Journal of Economics, Review of Political Economy o Revista Centroamericana de Ciencias Sociales. Ha sido becario Fulbright y ha trabajado como consultor, diplomático y en diversas posiciones en el sector público y académico, tanto en Panamá como en Estados Unidos. Actualmente, es funcionario en la banca multilateral. Ganador de la cátedra Florestan Fernandes del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) y el Premio Jesús Silva Herzog de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam).


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El Diablo prefiere hablar inglés, de Eloy Fisher

 

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Jorge Gómez Jiménez

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