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Palimpsesto, de Eduardo López Moreno

domingo 13 de octubre de 2024
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Eduardo López Moreno
En Palimpsesto, del mexicano Eduardo López Moreno, la tensión constante entre recordar y olvidar, aparte de definir a los personajes, refleja también el conflicto con un pasado que tiene su peso específico y que no puede ser borrado del todo.

La identidad, ese concepto fundamental mediante el cual nos definimos como individuos en el mundo, es el conjunto de características, experiencias y valores que nos otorgan una singularidad. Sin ella nos enfrentamos a un vacío existencial que puede conducir a la alienación o la pérdida de sentido en nuestras acciones. La identidad no sólo se construye a partir del pasado, sino que se reescribe constantemente en función de nuestras decisiones e interacciones, así como del contexto en el que nos encontramos. A través de este proceso dinámico, encontramos la posibilidad de transformación, un camino hacia la autoafirmación que nos permite navegar entre las expectativas externas y la verdad interna que define quiénes somos.

Eduardo López Moreno es fotógrafo profesional y escritor, dos facetas de una identidad basada en reconocer elementos comunes en la vasta diversidad de caracteres que pueblan la cotidianidad. Trabajó por un cuarto de siglo como investigador en la Organización de las Naciones Unidas y vivió un tiempo en Luanda, Angola, cuando concibió la estructura argumental de Palimpsesto, una eternidad a la medida, una novela en la que explora la identidad no como un estado fijo, sino como un proceso continuo de transformación, marcado por la memoria, el olvido y la capacidad de reescribir el propio destino.

Palimpsesto es una reflexión sobre cómo la identidad se construye y deconstruye en un mundo donde las cicatrices del pasado y las incertidumbres del futuro obligan a los personajes a buscar nuevas formas de ser y de pertenecer.

Le ha tomado esos veinticinco años “de notas y cavilaciones” prepararse para escribir —ya retirado— una obra compleja, profundamente introspectiva y simbólica, sobre personajes cuya lucha por definirse es central en su existencia. En el contexto de una Angola marcada por el conflicto y la colonización, la identidad se presenta como algo frágil y fragmentado, constantemente desafiado por las fuerzas externas de la historia y las internas de los traumas personales. Palimpsesto es una reflexión sobre cómo la identidad se construye y deconstruye en un mundo donde las cicatrices del pasado y las incertidumbres del futuro obligan a los personajes a buscar nuevas formas de ser y de pertenecer.

En la cultura angoleña, al igual que en muchas otras culturas africanas, el nombre de una persona tiene un peso significativo y está profundamente relacionado con el destino y la pertenencia social. Un nombre no es simplemente una etiqueta, sino que puede reflejar la historia familiar, las expectativas de los padres o la comunidad, y las creencias espirituales. Saber esto es fundamental para comprender las tribulaciones de uno de los personajes principales, la joven Kintu, cuyo nombre no es en realidad un nombre sino la denominación de algo, de un objeto, de un cuerpo carente de identidad. Dicho de otra manera, Kintu es invisible; a través de la novela perseguirá resolver esta situación y forjar una nueva existencia, donde el acto de nombrarse se convertirá en un gesto de poder y autonomía.

Problemáticas similares enfrentarán otros personajes, quienes lucharán constantemente por definirse a sí mismos en medio de sus pasados traumáticos: una joven que persigue el conocimiento ancestral en el cual ha enfocado su vocación; un hombre que enseña a otros cómo es vivir en poligamia y ve su futuro amenazado cuando desaparece su vigor sexual, que es su marca identitaria, o el escribano que se ha aprovechado toda su vida de una supuesta doble personalidad —una cara olvidadiza y la otra astuta— y que será acusado de usar su escritura como arma delictiva. La memoria, lejos de ser un refugio, es una carga que los personajes intentan reinterpretar o borrar pues, para muchos de ellos, redefinir su pasado es la única forma de reclamar un futuro.

Y están también, claro, los “despachos de guerra” que un personaje misterioso pone en manos de otro, y que constituyen el palimpsesto al que alude el título de la novela. Un palimpsesto es un manuscrito donde se ha borrado un texto anterior para escribir uno nuevo, aunque los rastros del escrito original siguen presentes. Este concepto no sólo alude a la estructura narrativa del libro, sino que también refleja cómo los personajes están inmersos en procesos de reescritura continua, aunque, como es de esperar, el pasado nunca es completamente borrado y sigue interfiriendo en el presente. En este punto la obra roza lo metanarrativo:

La bella escritura del escribano nos enseña cómo, bajo palabras borradas o tachadas, se esconden existencias múltiples, que vivieron gozos y sufrimientos, pero también torturas. Las alusiones a tantos nombres y personas son tentativas por mantener algunos sucesos indelebles, tal vez como una forma de hacerle frente al infortunio.

La novela subraya que la memoria no es sólo un acto pasivo de recordar, sino una forma activa de resistencia y autoafirmación. Al contrario, el olvido, aunque puede ser un refugio momentáneo, a menudo conduce a la desintegración de la identidad, dejándola vulnerable a ser manipulada o perdida. En Palimpsesto la tensión constante entre recordar y olvidar, aparte de definir a los personajes, refleja también el conflicto con un pasado que tiene su peso específico y que no puede ser borrado del todo. La memoria, por tanto, se erige como la base de la identidad, mientras que el olvido representa su mayor amenaza.

Jorge Gómez Jiménez

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