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Etimologías literarias:
prosa
(… prosaico, versículo, versificar, verso; dístico)

lunes 23 de enero de 2023
Etimologías literarias: prosa, por Daniel Buzón
La síncopa de pro y versus o vorsus da prorsus, que como adverbio significa hacia adelante y, como adjetivo, vuelto hacia adelante o, lógicamente, recto. Prosa era, pues, un adjetivo que acompañaba a oratio (discurso, habla): prorsa oratio. Es decir, discurso recto o en línea recta. Héctor J. Rivas • Unsplash

En latín, la preposición y prefijo pro significaba delante o antes y así se mantiene en palabras como prometer, pronosticar, proponer, etc.

Un derivado de dicha preposición era el adverbio porro: adelante o, con valor consecutivo, pues. Nada que ver con el pitillo de marihuana, como algún guasón ha querido interpretar en un pasaje del evangelio (Lucas 10:40). Jesús se aloja en casa de Marta y María. Ésta última le escucha a sus pies, mientras Marta se desloma con las tareas del hogar, hasta que se harta y reprocha a su hermana su desidia. Jesús defiende a María y le dice a Marta que sólo una cosa es, pues, necesaria: se entiende, escuchar la palabra divina. Pero en el latín de la Vulgata resulta: porro unum est necessarium. La verdad es que esto suena como: lo que hace falta es un porro. Y si pensamos pícaramente que Jesús hallaba en las dos hermanas, no un paradigma de las vidas activa y contemplativa, sino de la voluptuosa, podríamos creer que estaba pidiéndole a la pobre Marta el cigarrito de Cannabis que culminase el buen revolcón recién disfrutado con María. Pero eso es anacrónico y blasfemo, y porro ahí sólo significa pues.

A pro o a porro se le añadió el adverbio versus (que proviene del verbo verto: girar) y quería decir hacia. Existía una variante arcaica con la o: vorto y vorsus. Hoy día se usa el latinismo (realmente es un anglicismo, por ser un préstamo a través de la lengua de Shakespeare) para decir contra: Argentina versus Francia. Versus también es el participio de verto y significa girado o vuelto. Lo usamos como otro latinismo al hablar de las dos caras del folio de un manuscrito: recto y verso. Recordemos, asimismo, las dos superficies de una moneda: anverso y reverso.

La síncopa de pro y versus o vorsus da prorsus, que como adverbio significa hacia adelante y, como adjetivo, vuelto hacia adelante o, lógicamente, recto. Compárese con transversal, que significa cruzado y oblicuo, y otras variantes: través, travieso, revés, inverso, perverso, diverso, adverso, controversia, versátil, versado, conversación, universo, etc.

Para referirse a la prosa, en latín, se empleó mucho también el sintagma oratio soluta (discurso suelto), porque no estaba ligata por la métrica del verso.

Prosa era, pues, un adjetivo que acompañaba a oratio (discurso, habla): prorsa oratio. Es decir, discurso recto o en línea recta. Luego perdió la segunda r y se sustantivó.

Verso proviene igualmente de verto y su participio versus, pero dio lugar a un término empleado para decir surco, haciendo hincapié en el modo como los abre el arado al girar al final del campo (era más habitual de todos modos sulcus: surco). Se sabe que los romanos se consideraban un pueblo de campesinos y los tópicos agrarios tenían gran relevancia. Por similitud versus se utilizó también para los renglones en una página (muy tardíamente empezó a decirse linea). Y finalmente viene a significar el verso, porque los poetas volvían antes el estilete en las tablillas de cera o los copistas en la página del papiro. Materialmente, esta división en versos queda demostrada en la lírica conservada en los papiros de Oxirrinco. En griego, el término es stichos, que sólo quiere decir línea u orden, pero ha dado lugar al vocablo dístico (dos versos), como el elegíaco, propio del griego Solón y de los romanos Catulo, Tibulo, Propercio, Ovidio. En cuanto a versificar (versi-, versos, -ficare, hacer), nació hacia el siglo I de nuestra era.

Para referirse a la prosa, en latín, se empleó mucho también el sintagma oratio soluta (discurso suelto), porque no estaba ligata por la métrica del verso, aunque la prosa clásica ciceroniana también empleaba cláusulas rítmicas. El gramático Donato (siglo IV d. C.) afirma que la prosa (el discurso recto) es llamada así porque no la dobla o flexiona la cantinela, se entiende, de la métrica: non inflexit cantilena. Apuleyo hablaba de la elocuencia tanto recta como doblada o vuelta, es decir, prosa o verso, y empleaba el arcaísmo para conseguir una consonancia: Ac jam et prorsa, et vorsa facundia.

Ya entonces existía el adjetivo prosaico, que sólo calificaba a un texto en prosa o a su autor. El sentido que aporta la RAE de 1884, “dícese de la obra poética, ó de cualquiera de sus partes, que adolece de prosaísmo”, se desarrolló, parece, hacia el siglo XVIII. Asimismo, la aplicación del calificativo a elementos extraliterarios, como situaciones reales, personas, etc., dando a entender que son tediosas u ordinarias, es propio de la exquisita alta sociedad francesa que vivía ya en el prerromanticismo, necesitado de emociones fuertes.

En cuanto a versículo, es obvio que es diminutivo de verso. En Cicerón a menudo significa rayita de escritura, como cierta vez que reprochaba a Bruto haber sido demasiado lacónico en tiempos turbulentos para la República (año 43 a. C.): “Muy breve tu carta. ¿Breve digo? Más bien nada. ¡Tres rayitas me escribe Bruto en este momento!” (1.14).

Catulo usaba el término ya con el sentido irónico de versito:

Aurelio rijoso y Furio cinedo,
Que me juzgasteis poco honesto
porque mis versitos son más bien delicados…

El poeta de Verona se refería descaradamente al tipo de poesía neotérica que escribían él y otros de su cuerda. En el latín eclesiástico, versículo se vino a referir a los versos de la liturgia y versiculario era el que los cantaba en el oficio divino. Pero, por último, pasó a significar las breves divisiones o frases en el texto de la Biblia, en el siglo XVI, con la edición de Robert d’Estienne.

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