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Etimologías literarias:
acto
(… acción, actas, actor, histrión)

lunes 12 de junio de 2023
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Julio César
Los acta Caesaris eran las leyes que Julio César había aprobado y las que tenía proyectadas. Los acta eran las acciones de un magistrado en el Imperio romano. Julio César (1696), escultura de Nicolas Coustou (Louvre) • Fotografía: Marie-Lan Nguyen

El latín actus (de la cuarta declinación) es un sustantivo verbal formado, como el participio (actus acta actum), a partir del verbo ago, que significaba llevar, a menudo animales, o bien poner en movimiento, tratar o hacer. Lógicamente, de él se derivan muchas palabras actuales: del verbo, agenda, agencia, agente, agitar, ágil; del sustantivo o del participio, actual, activo, exacto, etc.

El étimo indoeuropeo *ag– en griego evolucionó igual, aunque significó fundamentalmente llevar, como puede también encontrarse en compuestos: el ped-agogo era el esclavo que educaba al niño; el demagogo el que conducía al pueblo, por el despeñadero…; el estratega, etc. En latín, actus era el movimiento de algo, el paso entre campos con el ganado o un carro y el derecho anejo o servidumbre: ius agendi o actus.

Fue crucial en el ámbito político y judicial. El cónsul agebat o trataba de algo ante el pueblo o el senado. De ahí que los acta (sustantivo neutro de la segunda declinación) eran las acciones de un magistrado, las leyes o decretos promulgados y, por último, el registro de todo ello así como de las sesiones del senado: por ende hablamos nosotros de las actas de alguna reunión más o menos oficial.

A la muerte de Julio César (44 a. C.), los acta Caesaris (actas de César, claro) eran las leyes que había aprobado y las que tenía proyectadas y, al quedar en poder de Marco Antonio, fueron una valiosa arma de chantaje e imposición legislativa al senado, como denunciaba Cicerón en las Filípicas, que le costaron la vida. Pero no revestían ningún carácter literario, no se conservan y no eran lo mismo que sus comentarios a la guerra de las Galias o la civil.

La actio era además una de las cinco partes de la retórica, la dedicada al modo de impresionar al auditorio con una buena declamación.

Ante un tribunal, un ciudadano privado poseía desde antiguo el derecho de hacer o tratar de iniciar una causa o pleito si se daban las condiciones jurídicas necesarias para que hubiera acción judicial: actio. Entonces, era el actor de la causa en cuanto acusador. Un abogado también era un orador que llevaba una causa: causam agere. La actio, pues, o pronuntiatio, era además una de las cinco partes de la retórica, la dedicada al modo de impresionar al auditorio con una buena declamación de la pieza oratoria previamente preparada.

Asimismo, la interpretación de una obra teatral era fabulam agere: llevar, poner en movimiento una historia. Los actus eran las actuaciones sobre el escenario, pero también las cinco partes de las obras teatrales (actos en sentido moderno), como manifiesta Horacio (Arte poética, v. 189):

Neve minor, neu sit quinto productior actu
Fabula.

Es decir, que una comedia o una tragedia (fabula) tenga cinco actos, ni más ni menos. En el teatro griego las divisiones habían sido otras: prótasis, epítasis, catástasis y catástrofe. Hay muestras hermosas de un empleo metafórico de acto escénico referido a la vida real. Cicerón, en su tratado sobre la vejez (2.5), la llamaba el último acto de la vida: aetatis… extremum actum. Hoy es un tópico manido, pero emociona leerlo en sus inicios.

En cuanto a los actores, el término usado era más bien el préstamo etrusco histrión, una especie de bailarín escénico. En griego era hypocrités, uno que finge, que naturalmente ha dado hipócrita. En 207 a. C. el dramaturgo Livio Andrónico creó la primera compañía de escritores y actores: collegium scribarum histrionumque. Que se llamaban, como se ve, histriones, no actores. Ya en latín histrio significó figuradamente jactancioso y vano. Y de ahí proviene histriónico.

Acción, en latín actio, también valía para la actuación tanto oratoria como escénica.

Actor valía sobre todo dentro del ámbito jurídico, como se ha visto, pero en sentido teatral se empleaba también, aunque mucho menos, porque venía a significar intérprete. Acción, en latín actio, también valía para la actuación tanto oratoria como escénica. Tenía asimismo un uso genérico en tanto que el mismo hecho de hacer cualquier cosa, y algún ejemplo hay referido a las acciones de una trama (Cicerón, Cartas a los familiares, 5.12.6). La teoría aristotélica define a la tragedia y su mythos, historia, como imitación, mímesis, de la acción, praxis, y una composición de acciones. Y este era un vocablo traducible en latín por actio. Sea como sea, la acepción actual de acción, como “en las obras narrativas, dramáticas y cinematográficas, sucesión de acontecimientos y peripecias que constituyen su argumento” (RAE), es una aplicación moderna dentro de la teoría literaria, así como en la terna formada por acción, descripción y diálogo. En latín no cuajó, sino que se hablaba del mismo argumentum o las res gestae o actae (cosas hechas).

La diferencia entre actus y potentia, como términos para traducir la energeia o entelecheia y la dynamis aristotélicas, es escolástica, de la Baja Edad Media. Los cinco actos escénicos, con este vocablo, se retomaron a partir del siglo XIII, al resurgir el teatro. Recuérdese que en el Medievo profundo poco se sabía de este género, como bien ilustra Borges en La busca de Averroes. Ni la Comedia de Dante ni la Comedieta de Ponza, del Marqués de Santillana, por más que voluntariosamente fueron tituladas así, son obras teatrales, si bien paralelamente renacía la escena en la liturgia, como el Auto de los reyes magos, en el arte popular que daría lugar a la Commedia dell’arte o en la representación tardomedieval de Plauto y Terencio, para la enseñanza del latín.

Daniel Buzón
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