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De O’Connor y otras aficiones de Eduardo Sacheri
en La noche de la usina, Aráoz y la verdad y La odisea de los giles

lunes 4 de diciembre de 2023
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Eduardo Sacheri
Sacheri maneja el uso de la repetición intertextual de material de uno de sus textos en otros para crear suspenso y para redondear su mundo ficticio. Alfaguara

Con La noche de la usina, la novela ganadora del premio Alfaguara de 2017, el argentino Eduardo Sacheri, reconocido por su primera novela, La pregunta de sus ojos (2005), y el éxito internacional de su versión cinematográfica, El secreto de sus ojos (2009), volvió al espacio literario del pueblo de O’Connor que cultivó en su segunda novela, Aráoz y la verdad (2008). En 2019, llegó a la pantalla grande La odisea de los giles, una adaptación de La noche de la usina dirigida por Sebastián Borensztein, quien colaboró con Sacheri en la producción del guion. Lo interesante de la coincidencia de espacio, personajes y trama entre las dos novelas es que, aunque ocho años separan la publicación de la primera novela de la segunda, la acción de Aráoz y la verdad transcurre en el año 2006, cinco años después de la de La noche de la usina. Es decir que, como lo caracteriza Sacheri, La noche de la usina es una precuela de Aráoz y la verdad (Página 12).

En este ensayo se examina cómo Sacheri maneja el uso de la repetición intertextual de material de uno de sus textos en otros para crear suspenso y para redondear su mundo ficticio. Luego, se discute la representación del espacio y los personajes de las novelas en la versión cinematográfica. También se señala la presencia en estos textos de una afición que Sacheri comparte con sus compatriotas —el fútbol— y otra, esta más personal de él —el cine.

 

Aráoz y la verdad

La acción de Aráoz y la verdad ocurre durante cinco días en O’Connor, un pequeño pueblo que años antes se había llamado Ciudad Hermandad. Según Lépori, uno de los protagonistas de la novela, aunque O’Connor había experimentado una época de gran prosperidad en el pasado, ya es un lugar “donde no hay un carajo” (93). La obra comienza con la llegada a la estación de tren de O’Connor de Ezequiel Aráoz, un porteño de cuarenta y dos años. Desde que lo abandonó su esposa Leticia cinco meses antes, Aráoz ha pasado la mayor parte del tiempo en cama y ha salido muy poco de la casa. En este estado de depresión e inactividad, se le está acabando su capital.

Aráoz recuerda un episodio de su niñez, de hace treintaicinco años, cuando su ídolo Fermín Perlassi, un jugador de fútbol profesional, aunque tuvo la oportunidad de hacerlo, no hizo lo necesario para impedir que un rival, el “Tanque” Villar, anotara el gol que derrotó a su equipo. Animado a averiguar lo que realmente pasó ese día ya lejano en el pasado —si su héroe se había vendido y dado la victoria al otro equipo a propósito o no—, Aráoz viaja en tren al pueblo de O’Connor en busca de Perlassi para averiguar directamente de él “la verdad”.

Mientras que Aráoz espera a que vuelva Perlassi, Lépori le alquila una habitación de la estación de servicio y le prepara las comidas durante su estancia en el pueblo.

En los cinco días que dura su estancia en O’Connor, Aráoz sólo habla con dos personas: Belaúnde, el jefe de la estación de tren, con quien conversa brevemente al llegar al pueblo, y Lépori, el encargado de la estación de servicio que Perlassi compró cuando volvió al pueblo con el dinero que logró juntar durante su carrera futbolística. Lépori le dice a Aráoz que Perlassi no está, que está de viaje y que a lo mejor tarda mucho tiempo en regresar. Mientras que Aráoz espera a que vuelva Perlassi, Lépori le alquila una habitación de la estación de servicio y le prepara las comidas durante su estancia en el pueblo. Lépori habla con Aráoz, quien al principio finge ser un periodista deportivo de La Crónica, de Perlassi, su carrera futbolística y su vida en el pueblo.

Aparentemente, Lépori sabe todos los detalles de la vida de Perlassi, tanto que el lector fácilmente podría sospechar que Lépori y Perlassi son la misma persona; a Aráoz no se le ocurre que esto puede ser el caso. Curiosamente, Lépori dice que Perlassi y él ya no son hinchas (101), cosa que parece inverosímil tratándose de dos argentinos. Aunque esto podría ser el caso de Perlassi dado el episodio con el “Tanque” Villar, Lépori, si no es el mismo Perlassi, no tendría motivo para estar desencantado con el fútbol.

En un momento, cuando Aráoz le dice a Lépori que Perlassi y él son amigos, Lépori responde que “lo de amigos lo puso usted” (44), y luego, cuando Aráoz le dice que Lépori conoce bien a Perlassi porque los dos trabajan juntos, Lépori responde lo siguiente: “‘Conocer’ a alguien. ‘Ser amigo’ de alguien. No sé. A veces me parece que son cosas que uno no puede decir ni de uno mismo, ¿no le parece?” (44). Estas palabras ambiguas de Lépori y otras pistas en el texto contribuyen a que el lector concluya que tal vez Lépori y Perlassi sean la misma persona. En un tuit de 2012 a uno de sus lectores que le preguntaba si Lépori era Perlassi, Sacheri le contestó lo siguiente: “¡Uh, Agustín, qué pregunta difícil! ¡Tenés que elegirlo vos!” (de @EduardoSacheri a @AgustinShaw). Evidentemente, el autor prefiere dejar a sus lectores con la duda y la opción de llegar a su propia conclusión.

“Aráoz y la verdad”, de Eduardo Sacheri
Aráoz y la verdad, de Eduardo Sacheri (Alfaguara, 2008). Disponible en Amazon

Hacia el final de la novela, Lépori y Aráoz hablan de nuevo de la jugada fatal de Perlassi que tiene obsesionado a Aráoz. Poco a poco, Aráoz cree llegar a una conclusión que nunca hubiera querido ponderar, que Perlassi sí se había vendido. Entre los detalles que Lépori comparte con Aráoz se incluyen los siguientes: el “Tanque” Villar fue amigo de la niñez de Perlassi, y ya fallecido, descansa en el cementerio del pueblo (182). Finalmente, después de muchas discusiones, Lépori le revela el motivo verdadero de por qué Perlassi dejó que Villar anotara el gol: anteriormente, Villar había defendido a Perlassi en un pleito con un entrenador que lo había echado del equipo de los dos. Entonces, lo que hizo Perlassi fue saldar una deuda que tenía pendiente con Villar. Lépori lo caracteriza así: “Qué podía hacerse, a veces cuesta cara la lealtad” (218). Al final, Aráoz parece aceptar esta explicación que le concede cierto grado de dignidad al ídolo de su niñez venido a menos.

Aráoz y la verdad, con su enfoque en la obsesión de su protagonista con el fútbol, es otro ejemplo de la presencia del fútbol como motivo recurrente en las obras de Sacheri, quien ha publicado varias colecciones de cuentos de fútbol que destacan la importancia del deporte en la vida de sus compatriotas. Los que han visto la película El secreto de sus ojos recordarán el discurso del colega de Benjamín Espósito, Pablo Sandoval, sobre la importancia de la afición al fútbol en la vida del asesino: “¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión” (Campanella, 60:16-60:32). Y la gran pasión del asesino Isidoro Gómez es el fútbol, una pasión que lleva a las autoridades al estadio de fútbol donde por fin dan con él y lo aprehenden.

Otro motivo recurrente en las novelas de Sacheri es el cine, y en Aráoz y la verdad, Lépori es un aficionado al cine que siempre está viendo películas en la televisión, y las películas sirven como un tema de conversación que acerca a los dos protagonistas.

Al final de la novela, Aráoz le paga a Lépori el alquiler de la habitación y las comidas, y abandona el pueblo sin esperar el regreso de Perlassi. Los ecos de la obra Esperando a Godot de Samuel Beckett son obvios, y sirven para destacar cómo la centralidad del fútbol en la vida de muchos argentinos puede llegar a extremos irracionales y absurdos. Sin embargo, para Sacheri el deporte se relaciona mucho con la vida y es algo que le da sentido a la existencia para muchos de sus compatriotas.

Un motivo más en las obras de Sacheri que encontramos en Aráoz y la verdad es el interés de sus narradores en la gramática y las ambigüedades de la lengua española y su variante argentina.

Otro motivo recurrente en las obras de Sacheri es la literatura, y la presencia de escritores y de textos literarios es un elemento importante en Aráoz y la verdad. Aráoz lleva consigo un libro de cuentos de Julio Cortázar que había robado de una librería de Buenos Aires, y la relación de este autor del absurdo con la situación vital de Aráoz no puede pasar inadvertida. El robo de los cuentos de Cortázar y la inclusión de citas del cuento “Carta a una señorita en París”, además de tener paralelos con la vida absurda del protagonista, Ezequiel Aráoz, quien se siente agobiado por su situación, son una admisión de la naturaleza prestada de la literatura, es decir, que Sacheri reconoce su deuda con el maestro argentino de la literatura del absurdo.

Un motivo más en las obras de Sacheri que encontramos en Aráoz y la verdad es el interés de sus narradores en la gramática y las ambigüedades de la lengua española y su variante argentina. Los lectores de La pregunta de sus ojos recordarán los comentarios sobre varios aspectos del español de Benjamín Chaparro, el protagonista dentro de la novela, quien, recién jubilado, decide que por fin es su oportunidad de cumplir su sueño largamente acariciado de escribir una novela. Él, como el protagonista de otra novela de Sacheri, Ser feliz era esto (2015), aspira a ser un escritor reconocido y comenta varias veces sobre la gramática y el español argentino.

Aráoz y la verdad es una novela que rebosa de ambigüedades, que sugiere más que explica y que deja muchos cabos sueltos. Entre estos, Sacheri nos regala varias pistas que desarrollará en La noche de la usina, que es, en realidad, el preámbulo de Aráoz y la verdad, y su lectura lleva al lector a una mayor comprensión y apreciación de las dos novelas. Aparte de Perlassi, se mencionan otros personajes de Aráoz y la verdad que también encontramos en La noche de la usina, como los hermanos López, Eladio y José, que son dos choferes de camiones; Manzi, el rico del pueblo; Lorgio, el dueño de una flota de camiones, y Medina, un hombre que vive con su familia cerca de la laguna.

También averiguamos en Aráoz y la verdad que, después de que Perlassi regresó al pueblo y compró la estación de servicio, Manzi construyó una estación de servicio en otro lugar del pueblo un poco antes de que se construyera una carretera que pasaría con la mayor parte del tráfico del lugar cerca del negocio de Manzi, quitándole así gran parte de su negocio a Perlassi.

Más tarde, Perlassi y unos amigos deciden comprar unos silos agrícolas para poner un negocio de acopiadora de granos con el nombre de La Metódica. También descubrimos que en la estación de servicio de Perlassi se saca gasoil de los camiones cisterna sin pagarlo antes de que se dirijan a la estación de servicio de Manzi. Esta práctica, descrita en la novela como “latear” (114), es una manera de robarle a Manzi algo de lo que le ha robado a Perlassi (117). Por este detalle deducimos que Perlassi odia a Manzi, pero la novela no nos proporciona más detalles sobre la relación entre ellos. Otro detalle que le revela Lépori a Aráoz es que a Perlassi, quien está de viaje, no le gusta manejar. Lépori menciona “un accidente”, pero cambia de tema sin ofrecerle a Aráoz más datos sobre la desgracia (79).

Del pueblo de O’Connor se revelan escasos detalles, con su rasgo geográfico más destacado siendo la laguna que, con las lluvias, se desborda e inunda la casa de la familia Medina, que se entiende que no son de los más listos del pueblo. También se menciona una fábrica de antenas que había sido una fuente importante de empleo antes de que se tuviera que cerrar cuando el gobierno abrió el mercado nacional a productos importados de otros países (97). Todas las dudas e incógnitas alrededor de estos detalles se esclarecerán con la lectura de La noche de la usina.

 

“La noche de la usina”, de Eduardo Sacheri
La noche de la usina, de Eduardo Sacheri (Alfaguara, 2017). Disponible en Amazon

La noche de la usina

La usina del título de la novela fue la pequeña planta eléctrica del pueblo. El título, La noche de la usina, se refiere a la noche en que se destruyó —se dinamitó— la usina de O’Connor, acontecimiento que permitió que Perlassi y sus amigos se vengaran de Manzi.

En el prólogo a la novela, “Un hombre sentado en un banco viejo”, el narrador habla de Arístides Lombardero, un cuentero y dueño de un circo que en el pasado llegaba al pueblo cada año. El narrador también comenta el estilo de Lombardero y como él, si le tocara, narraría los eventos relacionados con la noche de la usina:

Diría que en ella hay un villano, un accidente de autos y un gerente de banco que huye, pero termina alcanzado por la muerte. Un tipo que sumerge una topadora en la parte más profunda de la laguna y un muchacho que escapa para siempre. Una chica enamorada, unos cables eléctricos enterrados a lo largo de kilómetros y un hombre que llora porque sabe que jamás será feliz. Un albañil rencoroso a punto de morir y una estación de servicio en el empalme de la ruta (14).

El narrador también comenta que el público de Lombardero quedaría con muchas dudas después de oír este resumen del argumento, pero que Lombardero contaría con los recursos narrativos para contar esta historia:

Diría que ve la confusión pintada en los rostros de su público. Así exactamente, lo decía: “Veo la confusión pintada en vuestros rostros”. Y agregaría que no se preocupasen. Que él disponía de las claves para contar esa historia. Y que, si había que ponerle algún título a esa historia, el título podría ser… “La noche de la usina” (14).

Sacheri sí, como Lombardero, cuenta con las claves para contar esta historia y desvelar los misterios que había sembrado en Aráoz y la verdad.

Fermín Perlassi —en esta novela Sacheri les ha puesto nombres a sus personajes—, su esposa, que aquí se llama Silvia, su hijo Rodrigo, un grupo de amigos, incluyendo el jefe de la estación de tren Alfredo Belaúnde, el gallego Francisco Lorgio y su hijo Hernán, Antonio Fontana, el dueño de la gomería del pueblo, y los hermanos López, José y Eladio, deciden juntar su dinero para comprar un negocio que antes había sido avícola para poner una acopiadora de granos. La situación económica es muy difícil en el pueblo. Por las políticas económicas del gobierno, muchos sectores de la economía nacional han sufrido. En O’Connor la fábrica de antenas se ha cerrado y los otros negocios no andan bien. Perlassi junta el dinero de él y de sus amigos, un total de 242.000 dólares, y lo deposita en el banco de la ciudad cercana de General Villegas un poco antes del “corralito” de 2001, cuando el gobierno puso controles sobre las cuentas bancarias y limitó la cantidad de dólares que los clientes podían sacar cada semana. Resulta que el mismo día que Perlassi deposita el dinero, Fortunato Manzi, con la ayuda de Alvarado, el director del banco, saca una cantidad superior a la depositada por Perlassi en dólares del mismo banco. Poco después, se da una conversión de los dólares en pesos y hay una devaluación.

La novela narra las maniobras de Perlassi y sus amigos para recuperar el dinero robado por Manzi.

La novela narra las maniobras de Perlassi y sus amigos para recuperar el dinero robado por Manzi, quien lo tiene escondido en una bóveda reforzada que hizo construir en unas tierras alejadas del pueblo. La novela también narra las vidas, sueños, desesperación y pérdidas de Perlassi y sus amigos. Describe la muerte de Silvia, la esposa de Fermín, quien falleció en un accidente de auto. Cuenta el amorío entre Rodrigo, el hijo de Fermín y Silvia, y Florencia, la secretaria de Manzi. Relata la vida de Francisco Lorgio, quien llegó con su familia a la Argentina de España a la edad de dos años, y cómo sufre con la cuestión de su identidad como emigrado y también como padre que tiene un hijo que ha salido mal.

Como en el caso de Aráoz y la verdad, Sacheri hace referencia en La noche de la usina a otros textos narrativos, incluyendo la novela corta Cavar un foso, de Adolfo Bioy Casares, y a varias novelas de Jean Lartéguy, incluyendo Los centuriones. También el cine desempeña un papel importante en esta novela. Fermín Perlassi, el cerebro detrás del plan de recuperar el dinero robado, recibe su inspiración, después de ver muchas películas en la televisión, de Cómo robar un millón de dólares (Wyler, 1966). Esta película, protagonizada por Audrey Hepburn y Peter O’Toole, le da a Perlassi la idea de cómo burlar la alarma que Manzi ha instalado en la bóveda para proteger su dinero.

Otra clave de La noche de la usina que nos a ayuda a interpretar Aráoz y la verdad es la obsesión de Fermín Perlassi con las películas que ve por televisión. La afición cinematográfica de Fermín Perlassi se describe así en la novela:

Si a Perlassi le gusta una película la ve tres, cinco, veinte veces. Se aprende los diálogos, los movimientos, los ritmos y los espacios. Y cuando otra persona la ve junto con él Perlassi no puede evitar actuar como un anfitrión, un buen anfitrión. Es una especie de director de orquesta que, en esa voz baja y cargada de emoción —la voz de mirar películas—, anuncia los momentos culminantes, los planos imperdibles, las vueltas de tuerca del guion, las mujeres hermosas (183).

Hay una escena hacia el final de La noche de la usina cuando Rodrigo visita a su padre, Fermín, quien está viendo una película. Esta escena se parece mucho a la de Aráoz y la verdad cuando llega Ezequiel Aráoz a la estación de servicio y encuentra a Lépori, quien como hemos visto bien podría ser el mismo Perlassi, viendo una película.

 

La destrucción de la usina provoca un apagón en el pueblo y sirve como distracción para que los giles puedan recuperar su dinero de la bóveda de Manzi.

La odisea de los giles

La versión cinematográfica de La noche de usina no incluye la introducción de la novela que habla de los cuentos de Arístides Lombardero y cómo él narraría los eventos que sirven de señuelo para captar el interés de los lectores.

El título de la película incorpora la expresión argentina “gil”, que define así el narrador de la película —el mismo Fermín Perlassi— al comienzo: “Según el diccionario, gil es una persona lenta a la que le falta viveza y picardía, aunque ya sabemos que laburante, gente honesta, gente que cumple con las normas, terminan siendo sinónimos de gil” (Borensztein, 01:33-01:49). Es la gente que sufre a manos del gobierno y de la gente poderosa como Manzi, pero según Perlassi estos abusos tienen un límite y algún día los giles buscarán vengarse. En sus palabras: “Pero un día, el abuso al que estamos acostumbrados los giles se convierte en una patada en los dientes y uno dice basta y se encuentra haciendo algo que nunca se hubiese imaginado capaz de hacer” (Borensztein, 01:50-02-09). Perlassi pronuncia estas palabras como narrador al principio de la película mientras los espectadores son testigos de la destrucción de la usina —los “giles” la dinamitan. La destrucción de la usina provoca un apagón en el pueblo y sirve como distracción para que los giles puedan recuperar su dinero de la bóveda de Manzi.

La versión cinematográfica de La noche de la usina hace un buen trabajo al trasladar el texto literario a la pantalla grande, aunque presenta algunos pequeños cambios en cuanto a la acción y los personajes. Quizás el cambio más notable sea del espacio, del pueblo donde se sitúa la acción de la historia. El pueblo ficticio de O’Connor de Aráoz y la verdad y La noche de la usina pasa a ser Alsina, un pueblo real, en la película. Villa Alsina es una población pequeña de unos mil quinientos habitantes que queda a 127 kilómetros al noroeste de Buenos Aires (Pueblos de Buenos Aires). En la película aparece el nombre de O’Connor, el pueblo ficticio de las novelas, en un letrero en la estación del tren de Alsina, como una parada entre Alsina y Buenos Aires.

Los cambios en cuanto a los personajes son superficiales. Por ejemplo, el español Lorgio de La noche de la usina es mujer, Carmen Lorgio, en la película, y la esposa de Perlassi, Silvia, es Lidia. Belaúnde sigue como el encargado de la estación del tren, aunque ya no hay servicio porque los trenes no paran en la estación. Eso no impide que él pase los días ahí, echando una siesta en el andén.

Otro elemento agregado a la película es una estatua de Fermín Perlassi, la pasada gloria local del fútbol nacional del pueblo. La estatua, que se encuentra en muy mal estado por el paso de los años —está sucia y le falta un brazo—, refleja el estado de decadencia del pueblo y de la actividad económica de Perlassi.

 

Conclusiones

Aquí hemos visto cómo Eduardo Sacheri incluye y desarrolla varias de sus aficiones —su interés en el cine, el fútbol y su espacio ficticio de O’Connor— a través de las novelas Aráoz y la verdad y La noche de la usina, y la película La odisea de los giles. Otra afición que hemos encontrado en estas obras de Sacheri, un profesor de historia, es su interés en el pasado de su país. Sus libros más recientes se enfocan en el pasado reciente y lejano de la Argentina. Los días de la revolución: una historia de Argentina cuando no era Argentina (2022) es la historia de los últimos años del virreinato del Río de la Plata y Nosotros dos en la tormenta (2023) es una novela sobre el conflicto violento que vivió Argentina a mediados de la década de los setenta.

La presencia de estas aficiones —o pasiones— de Sacheri en sus obras las hermana, dándole unidad a su mundo narrativo. También hace que los lectores y espectadores conozcan más a fondo el espacio y la naturaleza de ese mundo. En fin, les ayuda a sentir que están pisando un terreno conocido, un espacio con el que ya se pueden identificar.

 

Obras citadas

Edward Waters Hood

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