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Tambores de fuego retumbaron en Chacaíto.
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El XV Festival Internacional de Teatro de Caracas concluyó el 10 de abril, tras más de ocho jornadas en
las que los amantes de las artes escénicas de la capital venezolana, así como de los estados Aragua,
Carabobo y Zulia, disfrutaron de lo mejor de la escena mundial.
Esta entrega contó con el concurso de grupos de España (país homenajeado), Argentina, Colombia, Israel,
Lituania, Bélgica, Francia, Polonia y Venezuela, entre otros. El Flamenco de Sara Baras con su Mariana
Pineda
dieron inicio a una semana llena de intensa actividad artística. La gaditana hizo levantar de sus butacas al
público, que durante varios minutos aplaudió de pie.
La compañía israelí de danza Inbal Pinto continuó cosechando seguidores en esta parte del Atlántico
con su representación de Oyster.
Colombia, por su parte, siguió con la tragicomedia Mosca,
que con una escenografía que evoca la edad medieval presenta y a la vez hace testigo al público de las
negociaciones de paz entre dos familias rivales. La puesta en escena de la Compañía de Teatro Petra se
desarrolla alrededor de tres mesas, donde los personajes comen, bailan y realizan varias acciones que
representan la violencia de una manera muy sugerida.
El Teatre Lliure de España también arrancó efusivos aplausos tras su especial montaje de Julio
César,
de William Shakespeare. La compañía catalana lleva a escena esta obra, con el propósito de explorar a fondo
hasta qué punto es posible hallar hoy en día un espacio real para la ética dentro del mundo de la
política, logrando rescatar los elementos modernos y plenamente actuales de una pieza de hace más de cuatro
siglos.
Nanny Cogorno, integrante de la organización privada Payasos sin Fronteras, trajo una divertida
improvisación de calle intitulada Jurujujaja, el desastre continúa,
que con malabares de fuego, humor y mucha alegría entretuvo de lo lindo por más de una hora a grandes y
chicos. Cogorno utilizó en su presentación la técnica de la carcajada catástrofe, en la cual el personaje
comete errores todo el tiempo para darle gracia a sus acciones, amén de introducir elementos propios del
país donde se presenta en la búsqueda de la interacción con los participantes.
También de Argentina, el grupo Cercano Oriente presentó La Caja, un drama que a través del absurdo nos
narra las peripecias de dos hombres que viven dentro de lo que fue el embalaje de un refrigerador y que ante
la muerte de uno de ellos reflexiona acerca del reencuentro de las almas. Producto de un riguroso trabajo de
investigación teatral, esta obra fue creada renunciando a las ideas actuales sobre el valor del tema y su
tratamiento escénico, dando lugar a una muestra de cierta absurdidad, que genera en el público diversas
interpretaciones, oscilantes entre la confusión y la incertidumbre.
Con la obra Les tambours de feu (Los tambores de fuego),
a cargo de Deabru Beltzak de España, el FITC se despidió de los caraqueños en medio de música en vivo,
pirotecnia y extravagantes efectos especiales en la Plaza Brion de Chacaíto, al este de Caracas.