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Hermann Hesse escribió Demian para adultos y luego fue asimilado por los más jóvenes.
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El grupo español Peonza acaba de publicar
Cien libros para un siglo,
una guía que sirve de orientación a los padres y que informa sobre los cien títulos, de literatura para
niños y jóvenes, más representativos de cada año entre 1901 y 2000. Algunos títulos, como
Kim, El faro
del fin del mundo, El principito
o
Historia de Babar,
son muy conocidos; otros fueron escritos para mayores pero han sido absorbidos por el público más joven,
como
El guardián entre el centeno
o
Demian.
Peonza fue creado sobre la base de la revista homónima, en la que desde hace dieciocho años este grupo de
profesores y maestros informa de las novedades editoriales de literatura infantil y juvenil a las escuelas
rurales. El colectivo está compuesto por Encarna Espinosa, Paco Díaz, Juan Gutiérrez, Diego Gutiérrez,
Pachi Merino, José Luis Polanco, Javier Sobrino y Javier Flor.
El libro puede servir de guía a los padres para orientar en la lectura a sus hijos, pero también puede
ser leído por los adultos por placer. Se trata de un recorrido por las páginas literarias que fascinaron a
muchos lectores y que aún reverberan en la memoria colectiva.
Juan Gutiérrez, uno de los miembros de Peonza, afirma que el colectivo no quiso reunir notas sobre los
cien mejores libros, sino sobre el mejor libro de cada año. Pero en el libro hay mucho más, como lecturas de
Hermann Hesse y J. D. Salinger que nadie pensaría que son para adolescentes, pues originalmente fueron
escritos para adultos pero luego han sido asimilados por los más jóvenes.
El libro está estructurado en décadas, y cada una cuenta con una introducción que sitúa al lector
frente al contexto político y social, lo que permite establecer un paralelismo entre los acontecimientos
históricos y la literatura. Cuando el protagonista es la guerra es imposible no hablar de Ana Frank, acota
Gutiérrez. Cuando nos referimos a los 60, al pacifismo. Los libros se identifican con la historia.
Gutiérrez conoce muy bien cómo inciden las nuevas tecnologías en la formación de lectores: los niños
leen bastante, y con un mínimo esfuerzo se enganchan a la lectura. La televisión y los ordenadores son
fundamentales para ellos; pero si se les presenta un libro que les interesa, disfrutan más.
"Es en la adolescencia cuando necesitan más apoyo", advierte. "No es bueno enfrentar la
lectura a la televisión. La imagen y la letra deben mantener su espacio". Según él, han crecido los
lectores respecto al pasado. "Antes leíamos menos. En una escuela de hace 40 años no había casi
libros. Se lee más ahora. Hoy en día, los niños se llevan todos los viernes un libro a casa. Aquí es muy
importante la colaboración de los padres para que después los lean".