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Semprún: vuelta al castellano.
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El escritor Jorge Semprún obtuvo, con su novela
Veinte años y un día,
el premio Fundación José Manuel Lara Hernández, que en su tercera edición está dotado con 150.000 euros.
El veredicto se dio a conocer el 15 de abril, tras una postergación suscitada por los atentados terroristas
en Madrid el 11 de marzo —fecha que estaba pautada originalmente para la lectura del fallo.
El premio es promovido por la fundación de igual nombre y creado por las editoriales Anagrama, Destino,
Espasa, Lengua de Trapo, Mondadori, Planeta, Plaza y Janés, Pre-Textos, Seix Barral, Siruela y Tusquets. Veinte
años y un día,
de Semprún, se impuso a las cuatro finalistas: Las trece rosas,
de Jesús Ferrero; Jardines de Kensington,
de Rodrigo Fresán; Los amigos del crimen perfecto,
de Andrés Trapiello, y El tiempo de las mujeres,
de Ignacio Martínez de Pisón.
Ex ministro de Cultura y ex dirigente comunista, Semprún se felicitó por el hecho de que la premiada haya
sido su primera novela escrita totalmente en lengua castellana, a diferencia de sus anteriores libros —escritos
en francés—, y no descartó que en el futuro vuelva a escribir en nuestro idioma.
"Para mí es importante volver a la novela en castellano, en la que he escrito dos libros con el
protagonista Federico Sánchez", explicó el escritor. "No obstante, eran libros en los que lo
predominante no era lo literario, sino haber tratado de una memoria política, la práctica de una
experiencia, la polémica, etc. Esta novela es un texto literario escrito totalmente en castellano".
Beatriz de Moura, responsable de Tusquets —sello que editó la novela—, señaló que lo más importante
del libro es que es la primera novela con la que Semprún vuelve a su idioma materno, el castellano.
"Vuelve a los 80 años y por la puerta grande, porque en España no se considera a Semprún escritor en
castellano, ya que todas sus novelas han sido escritas en francés".
La novela es un relato basado en la memoria con el que Semprún toca una vez más la posguerra, tema
recurrente en su obra junto a la experiencia en los campos nazis, la guerra civil y su paso por la lucha
antifranquista. La trama de Veinte años y un día
recupera una historia a medio camino entre la realidad y la ficción: Domingo Dominguín le contó hace muchos
años una siniestra historia familiar que Semprún ha trasladado en la novela al pueblo toledano de Quismondo
en 1956.
Ese año, los Avendaño montan una singular representación teatral sobre el asesinato del hermano menor de
la familia a manos de los campesinos durante la guerra civil. La trama va desvelando cómo se fragua esa
ceremonia macabra con los testimonios de personajes reales (aparece el propio escritor, que es a la vez autor,
narrador y personaje, el célebre dirigente del PCE en la clandestinidad Federico Sánchez) y otros
inventados.
"El sonido y los colores de una historia así sólo los podía contar en español", explicó el
autor. "Fue una decisión visceral. Y si el lector acoge bien la novela escribiré alguna historia más
en español, aunque es un poco presuntuoso prever muchos más libros a los 80 años".
Quitó importancia al hecho de que el alcalde de Quismondo, localidad donde se desarrolla la novela, se
haya quejado de esta obra. Semprún aseguró que su libro está inspirado en hechos que le contó Domingo
Dominguín, familia de toreros que tenía una finca en la citada población.
El autor de Veinte años y un día
dijo que su libro se desarrolla en una finca imaginaria denominada "La Maestranza" que no existe y
los hechos que narra no dejan mal a Quismondo y, en cualquier caso, son ficticios. "El alcalde no ha
leído bien", señaló.
Semprún acaba de terminar una obra de teatro que concibe como "una gran tragedia europea". Se
trata de Gurs,
pieza ambientada en el campo de concentración francés del mismo nombre, donde fueron deportados muchos
españoles y judíos detenidos por el gobierno de Vichy. El montaje abrirá en Eslovenia el Festival de Teatro
de la Unión Europea, e irá después a Sevilla. Por otra parte, el escritor acaba de ser nombrado vocal en el
patronato del Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC) en representación de la Generalitat.