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El rey definió a Rojas como el "prototipo del poeta buscador".
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El poeta chileno Gonzalo Rojas recibió el pasado 23 de abril, de manos del rey Juan Carlos I, el collar
con la medalla que simboliza el premio Cervantes, máxima distinción de las letras hispanas que se otorga
desde 1976, durante una solemne ceremonia celebrada en la Universidad de Alcalá de Henares.
El día anterior participó como primer lector en la lectura ininterrumpida de El Quijote,
tradición coincidente con la Semana del Libro que se celebra por octavo año ininterrumpido desde 1997, y
en el que los galardonados inician la lectura de la obra de Cervantes durante dos días en el Círculo de
Bellas Artes de Madrid.
El rey Juan Carlos calificó la entrega del premio como una "fiesta de la literatura", y se
permitió definir también al poeta: "Gonzalo Rojas encarna el prototipo del poeta buscador, alguien
que está siempre indagando el sentido de las cosas. La poesía de Rojas no admite prisas, requiere un paso
tranquilo y sereno".
En esa ciudad, cuna del autor de El Quijote,
Rojas agradeció el premio con un discurso en el cual defendió la espontaneidad que a su juicio caracteriza
a los buenos poetas, por ser la poesía un género literario que nace del ser humano como por azar. Durante
su discurso, que en sus diez páginas fue bastante breve en comparación con los que han pronunciado
ganadores de otras ediciones, Rojas justificó tal brevedad al explicar que ya Cervantes "lo dijo todo
en esta lengua de nacer y seguir naciendo, desde la meseta hermosa hasta los últimos parajes insulares, de
los trópicos a la Antártida".
El poeta chileno, de 86 años, tiene en su haber 20 libros en los que sobresalen como temática el
erotismo y la reafirmación de la vida, y posee otros importantes galardones, como el Premio Nacional de
Literatura de Chile y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, concedido también en España. Entre sus
libros más sobresalientes se encuentran Antología de aire, Contra la muerte
y Zumbido o Metamorfosis de lo mismo.
Nacido en la sureña localidad de Lebu el 20 de diciembre de 1917, en el seno de una familia de mineros,
Rojas fue uno de los cientos de miles de chilenos que debieron emprender el exilio tras el golpe militar del
11 de septiembre de 1973, que derrocó al gobierno socialista de Salvador Allende.
El premio Cervantes, dotado con más de 90 mil euros, le fue otorgado por un jurado de destacados
intelectuales, entre ellos Fernando Sánchez Dragó, Antonio Muñoz Molina, Enrique Krauze, Victorino Polo,
Rosa Montero y Arturo Pérez-Reverte. Al conocer de la decisión, Rojas dijo encontrarse fascinado con
"vivir la experiencia de un encuentro con un colega", como considera al autor de Don Quijote,
pues comparte la idea de que Cervantes fue también un poeta y que su novela sobre el caballero de la triste
figura se puede declamar.
El poeta inició su discurso haciendo referencia a los atentados de Madrid del pasado 11 de marzo.
Parafraseando a Huidobro, se definió como un "viejoven", y tras un paseo por su niñez y su
"reniñez", homenajeó a sus fantasmas literarios. "De niño aprendí solo que hay que mirar
hacia adelante y hacia atrás y no tenerle miedo al miedo. No es para tanto; nunca es para tanto".
Recordó el carácter efímero de los galardones: "Lo que fascina a la gente es el renombre y el
estruendo, pero nada más escaso que el ojo de leer".
"La patria grande de Cervantes es la lengua que nos une a todos y nos da oxígeno", sentenció,
agregando que "vivimos colgados del lenguaje, el que respiramos y vivimos a cada instante, lo mismo en
la península que en las cumbres andinas, o en la vastedad océanica o en las grandes ciudades de los
trópicos a los hielos". También habló ampliamente de la poesía y del don poético: "La poesía
encarna a uno como por azar, y es que uno no la merece, ¡qué la va a merecer!", y agregó que la
poesía "te da la palabra, que no mereces, y te pones a balbucear el mundo". En nuevas muestras de
humildad como creador de vejez envidiable, continuó: "Ese aprendiz interminable que soy yo mismo,
escribo cada día al amanecer. Siempre me funcionó esa hora. Y el silencio, que sigue siendo para mí la
única voz".
"Los verdaderos poetas surgen de repente", afirmó el autor chileno de 86 años, quien
"hablando de niñez y reniñez" consideró que cumplidos los 80 sigue "intacto nadando en el
oleaje de las pubertades cíclicas". Y se definió a sí mismo: "Soy un poeta genealógico que
cree en la doble parentela, la sanguínea y la imaginaria, como lo dijo Cervantes".
Más adelante criticó el ritmo acelerado, en estos tiempos acelerados, de algunos escritores, y el
sinsentido de la simple "vitrina publicitaria": "Demórate demorándote todo lo que puedas.
Prisa para qué. Este oficio es sagrado y no se llega nunca. Se escribe y se desescribe todo el
tiempo". Parafraseando a Santa Teresa, hizo suyos algunos versos: "Tengo una y determinada
determinación / venga lo que viniese / suceda lo que sucediese". Y agregó, sobre sí mismo: "Ya
encima de los ochenta, ya destemporalizado y desespacializado, sigo intacto. Nada me desengaña".
Lorca, Cortázar, Quevedo, Borges, Cervantes y una larga lista de "leyendas literarias" fueron
mencionadas por el poeta chileno a lo largo de su discurso. También ha tenido unas palabras de elogio para
su compatriota Mata: "Lo incluyo porque es un poeta pura sangre, como Rulfo, aunque ninguno de los dos
haya escrito un verso. Es fino y rajado, como se dice allá".
El poeta es el segundo chileno en obtener el premio tras Jorge Edwards, que lo recibió en 1999. A la
ceremonia asistieron, además de los reyes de España y la flamante ministra española de Cultura, Carmen
Calvo, su colega chileno, José Weinstein, y otras personalidades del mundo de las letras y la política.
Tras la entrega del premio, Rojas permaneció en España para asistir, el 29 de abril, al acto de
presentación del I Festival Internacional de Poesía de Granada, donde realizó una lectura poética y más
tarde, ante la prensa, al ser preguntado sobre el papel actual de la poesía, afirmó que "el ejercicio
poético es decisivo y un ejercicio respiratorio vital" y que "el centro de la imaginación y del
amor es la poesía que no muere ni desaparece". Recordó, asimismo, que "en la II Guerra Mundial
ya se decía: ‘¿Para qué poetas?’ ".
En relación a la evolución de la poesía manifestó que ve cómo en el continente americano
"reverdece el prodigio de la palabra, desde México hasta abajo seguimos andando y balbuceando".
Indicó que pertenece "a esos poetas de la oreja", puesto que este sentido siempre le fue
"muy decisivo" y señaló que el ritmo es "realmente válido y necesario" en la poesía.
"Me atrevería a decir que todo mi ejercicio ha sido silabear el mundo, porque a mí me gusta la
sílaba y equivocarme y tener esas dificultades expresivas que tenía de niño cuando era tartamudo y
asmático de puro neurótico que era", enfatizó.
Recordó cuando en agosto de 1936 recibió la noticia de la muerte de Federico García Lorca mientras se
encontraba en clase y su vivencia de aquel "minuto central para un poeta como yo y para todos los
iberoamericanos que nos fascinábamos con Lorca". Según él, los iberoamericanos "no sabían
hasta esas fechas todo lo que era España, teníamos una imagen borrosa y absurda de una madrastra remota,
pero sólo cuando le vimos la cara ensangrentada a España empezamos a sentir y ser españoles".
El I Festival Internacional de Poesía de Granada, que se desarrollará entre los días 11 y 13 de mayo
próximos, incluye lecturas poéticas en las que participarán autores como Ana Rossetti, Francisco Díaz de
Castro, Jorge Richmann, Carlos Marzal, Amalia Bautista, Felipe Benítez Reyes o Vicente Gallego.
Al día siguiente, el 30 de abril, Rojas se trasladó a Málaga para participar con una conferencia en la
Sala Alameda dentro de los actos del centenario de Pablo Neruda organizados por la Diputación Provincial.