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El robo de El grito tiene consternados a los noruegos.
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El domingo 22 fueron robados del Museo Munch, en Oslo (Noruega), los cuadros
El grito
y
Madonna,
del pintor noruego Edvard Munch, en una acción armada que desarrolló a plena luz del día un grupo de
hombres armados, quienes habrían aprovechado las aparentes fallas de seguridad de la institución.
Según testigos, tres individuos vestidos de negro y enmascarados "como ladrones de banco"
realizaron su incursión poco después de las 11 de la mañana, momento en que las salas estaban llenas de
visitantes, pese a lo cual simplemente descolgaron los cuadros de la pared. Uno de los ladrones amenazó con
un arma a un empleado del museo y luego el grupo se dio a la fuga a bordo de un automóvil negro marca Audi
A6.
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Los ladrones fueron fotografiados mientras huían.
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Nadie resultó herido durante la operación, que fue registrada por las cámaras de seguridad del museo,
aunque se produjo pánico puesto que los visitantes del museo creyeron que se encontraban ante un acto
terrorista. Uno de los visitantes fue llevado al hospital a causa de una crisis nerviosa.
Testigos dicen haber visto a cinco individuos que actuaban de manera sospechosa en una calle céntrica de
Oslo minutos previos al robo. El prestigioso diario noruego VG
publicó el miércoles 25 que la policía había hablado con una mujer que contempló, desde la ventana de
su apartamento, cómo dos hombres golpeaban violentamente un par de cuadros, con el fin de despojarles de
los marcos. Según la testigo, las pinturas deben de estar lastimadas, ya que los maleantes utilizaron toda
su fuerza para conseguir su objetivo.
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Un Audi de color negro fue utilizado en el robo.
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El testimonio de la mujer se ve confirmado porque justo enfrente de su vivienda se hallaron restos de los
marcos, así como el Audi en el que huyeron los ladrones. El conductor permanecía en el asiento del piloto
mientras sus compañeros se ensañaban con los cuadros. Los delincuentes vaciaron un extintor de incendios
en el interior del vehículo para dificultar la búsqueda de huellas.
Las obras no tenían seguro contra robos sino contra incendios e inundaciones. La ministra de Cultura,
Valgerd Swarztad Haugland, reclamó la falta de seguridad sobre "tesoros nacionales que tienen un gran
valor". Se calcula que sólo El grito
podría valer 87 millones de euros.
"Los cuadros sólo están asegurados contra daños por fuego y agua causados dentro del edificio del
museo, pero no contra robo", declaró a la prensa John Oeyaas, director de la compañía Oslo
Forsikring AS, encargada de asegurar las propiedades y valores del Ayuntamiento de Oslo. Agregó que su
empresa hizo una valoración de las pinturas que debían ser aseguradas contra robo y sustracción, pero el
Ayuntamiento de Oslo dijo que "sería demasiado costoso".
Por otra parte, agregó que este tipo de valores es "irremplazable", por lo que "no está
considerado un bueno uso de recursos" asegurarlos contra robos o hurtos, ya que aunque la galería
obtenga una compensación económica, no puede utilizar ese dinero para reemplazarlo.
Los expertos afirman que sería imposible asegurar económicamente cada una de las obras que contiene una
pinacoteca, pues se trataría de una cifra inasumible para un Estado. Las únicas ocasiones en las que se da
cobertura económica a una obra es cuando se ceden para exposiciones temporales en otros museos o forman
parte de colecciones permanentes.
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El Museo Munch abrió dos días después del suceso.
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Gunnar Sorensen, director del Museo Munch, declaró ante la ola de críticas que el sistema de seguridad
funcionó: la alarma silenciosa se activó inmediatamente y la policía llegó al lugar en pocos minutos.
"Tener campanas sonando o artefactos similares no tiene sentido", explicó Sorensen al defender la
utilización de alarmas silenciosas.
Agregó que, si hubiera comenzado a sonar una alerta, "los ladrones podrían haberse puesto
nerviosos y eso podría haber causado algún daño al cuadro". El espacio de exhibición tiene guardias
no armados y los cuadros están colgados de la pared con alambres que activan una alarma en una comisaría
cercana si se tira de ellos.
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La Madonna, el otro cuadro robado.
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El Museo Munch, fundado en 1963, fue establecido en base a la donación del propio Munch a la ciudad de
Oslo, a la que dejó cerca de 1.000 pinturas, 4.500 dibujos y 18.000 grabados.
Sorensen dijo desconocer qué podría pasar con el cuadro, pero expresó su confianza en que la pintura
de Munch pueda ser recuperada. "No sé que harán los ladrones con él, probablemente no puedan
venderlo en el mercado abierto así que habrá que ver, pero yo soy optimista".
Autoridades del museo pidieron a los responsables del robo que traten las piezas con cuidado. Se teme por
los daños que puedan ya haberse producido, pues los ladrones se deshicieron de los marcos, cuyos fragmentos
se hallaron en la calle.
El director del museo reconoció que la administración del centro recibió en marzo medio millón de
coronas noruegas (unos 61.000 euros) para mejorar la seguridad del centro, y ese dinero no se utilizó.
Para Tony Russell, experto en recuperación de cuadros que contribuyó a recuperar esa versión en 1994,
es posible que los ladrones intenten cobrar un rescate por la pieza, al museo o al gobierno, o la utilicen
para negociar con otros criminales.
De cualquier manera, Russell indicó que poco pueden hacer las galerías cuando los asaltantes llevan
armas de fuego. "Es muy difícil establecer un sistema de seguridad infalible cuando la gente está
preparada para utilizar violencia de ese tipo para conseguir sus objetivos".
La crítica de arte Raquel Tibol suscribe la opinión de Russell. "No, no puede atribuirse el hecho
a la falta de vigilancia ni a la carencia de seguro, pues en este caso el dinero no cuenta. Es el carácter
de símbolo nacional lo que importa. Hoy por hoy, el latrocinio de piezas de arte apela al máximo ingenio
criminal. Se han producido hurtos en el Museo Van Gogh, en el Louvre, ¿dónde no?".
El Museo Munch sólo abrió sus puertas el miércoles 25. Aunque la institución dispone de una segunda
versión de la obra —también de Munch—, sus autoridades han decidido no exponerla, y los espacios que
ocupaban las obras sustraídas permanecerán vacíos. El museo resguarda además, en cajas fuertes, las
placas originales de las obras, pues el artista dejó una prohibición expresa en su testamento referente a
impedir las reproducciones.
Noruega ha lanzado una cacería en todo su territorio para recuperar una de las cuatro versiones del
cuadro. Las fuerzas policiales de Oslo mantienen la teoría de que las obras de arte se encuentran aún en
la ciudad, ya que consideran irrealizable que los maleantes pudieran sacarlas por tierra o aire, debido a
los controles que se establecieron nada más producirse el suceso.
La policía sigue varias pistas. Según la prensa noruega, los motivos responderían a una de tres
hipótesis: un robo por encargo, un "secuestro" destinado a obtener un rescate y una acción
espectacular con el objetivo de llamar la atención. "Está claro que puede haber varios móviles.
Seguimos tres pistas pero puede haber otras", declaró Iver Stensrud, inspector de la Policía de Oslo.
Hasta ahora "no hemos recibido ninguna petición de rescate", agregó.
Al parecer los inspectores noruegos se han puesto en contacto con sus homólogos suecos, más
experimentados en este tipo de robos. Charles Hill, antiguo inspector jefe de Scotland Yard para crímenes
relacionados con el arte, quien cooperó en la recuperación de El grito
en 1994 tras su primer robo, considera que la policía noruega debería ofrecer algún tipo de recompensa
para favorecer nuevas pistas.
Una revista noruega, Se Og Hor,
por su parte, ha llevado esta idea a la práctica ofreciendo una recompensa de 100.000 coronas noruegas
(unos 12.200 euros) por los dos cuadros robados. "La policía no quiere, en estos momentos, ofrecer una
recompensa", dijo el inspector jefe Iver Stensrud. Pero, cuando en 1994 robaron el otro original del
cuadro en la Galería Nacional de Oslo, las autoridades ofrecieron una recompensa de 500.000 coronas. Según
Leif A. Lier, investigador jefe de la policía en el caso, la recompensa ayudó a localizar el cuadro.
"No creo que sea tan fácil sin dinero", dijo.
Un grupo de millonarios noruegos, amantes del arte, está considerando ofrecer una recompensa con dinero
procedente de sus propios bolsillos. La propuesta ha sido liderada por Petter Olsen, el hijo menor de un
armador noruego, que tiene en su poder una de las cuatro versiones que Munch hizo de El grito
a partir de 1893.
Una investigación del canal noruego TV2 ha arrojado que, semanas antes de que se efectuara el robo de
los famosos lienzos, entre los criminales de los bajos fondos de Oslo corría la voz de que los jefes de
Noka, una conocida banda de delincuentes profesionales, ofrecían cientos de miles de coronas a quien
cometiera el robo de los cuadros, para así poder mantener ocupadas a los cuerpos de seguridad y evitar, por
un tiempo, el acoso policial al que estaban sometidos.
Noka atracó a finales de marzo una oficina de cambio en la ciudad de Stavanger. Los ladrones actuaron de
forma profesional y huyeron con un botín de casi 100 millones de euros en moneda extranjera. La policía
noruega inició entonces una caza sin cuartel y, siempre según el canal de televisión, aparte del dinero
que la banda pagó a los ladrones por robar los cuadros, éstos piensan pedir "una recompensa como
bonificación por las molestias", pasado un tiempo prudencial para que los miembros de Noka tengan un
respiro.
Por su parte, Erik el Belga, como se conoce a René van der Berghe (Nuiville, Bélgica, 1940), el ex
ladrón de arte más famoso de Europa y hoy retirado en Málaga, recibió con sorpresa las hipótesis
policiales sobre el destino del cuadro. El Belga, que inauguró la pasada semana un museo de imágenes
religiosas pintadas y donadas por él, en Cúllar Baza (Granada), ha copiado esa obra en numerosas
ocasiones.
"La policía tiene a veces mucha fantasía", ironizó Erik, para quien la desaparición sólo
puede vincularse a un coleccionista privado. "Detrás de un robo así siempre hay uno", insiste,
al tiempo que descarta Oriente Medio como destino, porque "un árabe no compra este tipo de cosas, ni
actúa así". A su juicio, El grito
es una de las pocas obras capaces de suscitar aún el deseo de alguien de poseerlo en exclusiva. "Tiene
una gran carga esotérica y mística, una espiritualidad no vista desde el gótico", asegura.
"Ojalá me equivoque, pero no creo que el cuadro vuelve a aparecer".
El Belga indica que tales características podrían ayudar a esclarecer el perfil de la persona que
encargó el robo. "Ha tenido que ser una persona con una personalidad similar a la de Edvard Munch.
Alguien enfermizo, casi rozando la locura". Según él, quien encargó el robo "debe de ser una
persona atormentada" que lo ha adquirido para su disfrute privado. Esta personalidad obsesiva del
posible coleccionista evitaría que el cuadro viera la luz algún día, al no tener ningún objetivo
material. "Lo quiere sólo para él, no para pedir un rescate. Y cuando esa persona desaparezca, el
cuadro posiblemente desaparecerá con él".
El Belga ha dedicado su vida al robo y la falsificación, actividades delictivas que él interpreta como
"salvar miles de obras que estaba tiradas en la calle". En los años 80 robó numerosas piezas del
patrimonio románico catalán, lo cual le llevó a pasar 37 meses en la Cárcel Modelo. Actualmente asesora
a coleccionistas y museos, y pinta escenas religiosas que regala a conventos.
El viernes 27, la policía informó que su última línea de investigación se dirige hacia el sur de
Europa, exactamente hacia la Costa del Sol, donde los criminales adinerados han fijado su residencia en los
últimos años. Según las fuentes policiales, se comenta en el círculo hamponil noruego que cada ladrón
recibió 500.000 coronas noruegas por apoderarse de las dos obras de Munch.
El autor intelectual del encargo podría ser un nuevo rico de Noruega, afincado junto al Mediterráneo,
que habría acumulado su fortuna en los años 80 con el contrabando de alcohol y droga. Se cree que este
individuo tendría pactada su venta a una persona en Dubai. Aunque la policía, y la misma sociedad noruega,
no quiere descartar otras.
Las dos obras sustraídas se encuentran entre los trabajos más valiosos de la colección del museo
Munch. Otra versión de El grito
—pues Munch realizó varias— ya había sido robada en 1994. En aquella época, dos ladrones cometieron
el robo en la Galería Nacional, tras saltar la valla del edificio y entrar por la ventana sin barrotes de
la sala en la que se encontraba su objetivo, valiéndose de una escalera de mano. La acción sólo les
llevó 50 segundos. Mientras, el país celebraba la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de
Invierno de Lillehammer.
Tres meses después de su sustracción, El grito
fue localizado en el Hotel Aasgaardstrand. Las investigaciones policiales determinaron que el autor del
delito era Paul Enger y éste fue condenado a seis años de prisión.
Enger, quien también había robado la pintura en 1988, negó estar implicado en esta oportunidad.
"Las armas no son mi estilo", aseguró, "soy un caballero".
Con este robo se incrementa el número de obras desaparecidas en los últimos años. Ante el crecimiento
del mercado negro del arte, el FBI y la Interpol crearon páginas web que ofrecen informaciones sobre las
piezas extraviadas en el mundo, y que pueden visitarse en http://www.fbi.gov/hg/cid/arttheft
y http://www.interpol.int.
Del mismo pintor han sido robadas también la obra El vampiro,
en 1988, y la litografía Madonna
en 1990. En todos los casos anteriores las obras fueron recuperadas. La versión de El grito
sustraída el domingo data de 1893. Según expertos en arte, tiene para la capital noruega la misma
significación que la Mona Lisa
para París. Algunos expertos consideran que el valor de la obra puede ascender a unos 500 millones de
coronas (unos 62 millones de euros). La reina Sonia de Noruega expresó en TV2 que "es muy triste que
algo así pueda ocurrir con reliquias nacionales. Debemos pensar cómo asegurarlas mejor".
Esta versión de El grito
mide 83,5 por 66 centímetros y fue pintada en 1893 con ceras, pastel y témpera sobre papel cartón. Con su
marcada expresión de conflicto y tensiones, es un símbolo de la enajenación del hombre moderno. La obra
forma parte de una serie llamada El friso de la vida,
que Munch calificó como "un poema de vida, amor y muerte". Es una de las obras más reproducidas
industrialmente y se considera un cuadro paradigmático del expresionismo, cuyo más conocido representante
fue justamente Munch.
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Edvard Munch, atormentado.
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Uno de los mayores exponentes del expresionismo nórdico, Edvard Munch nació en Loten, en el este de
Noruega, en 1863. Comenzó a pintar en Oslo a los 17 años, pero pasó muchos años estudiando y trabajando
en Francia y Alemania. Se encontraba en Berlín cuando creó
El grito,
cuadro cuyo personaje central se encuentra apoyado en la baranda de un puente, con la boca abierta, el
rostro entre las manos y una inquietante expresión de angustia sobre un marco de colores distorsionados.
En una ocasión el pintor describió la experiencia que lo llevó a pintar la obra —citado por el
experto en arte Miliko A. García Torres—: "Caminaba yo con dos amigos por la carretera, entonces se
puso el sol; de repente, el cielo se volvió rojo como la sangre. Me detuve, me apoyé en la valla,
indeciblemente cansado. Lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo negro azulado. Mis amigos
siguieron caminando, mientras yo me quedaba atrás temblando de miedo, y sentí el grito enorme, infinito,
de la naturaleza".
Pocos años después de pintar El grito,
Munch sufrió una crisis nerviosa y regresó en 1908 a Noruega, donde pasó el resto de su vida. Murió en
1944, a los 81 años, y siempre manifestó una pasión intensa por reflejar el sufrimiento y los miedos de
la humanidad, pasión que plasmaría en sus cuadros Melancolía, El niño enfermo, El pecado
y Ansiedad,
entre otros.