Letralia, Tierra de Letras Año VIII • Nº 99
1 de septiembre de 2003
Cagua, Venezuela

Depósito Legal:
pp199602AR26
ISSN: 1856-7983

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Letras
Poemas
Leonardo Hernández Cala

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A cuatro nostalgias
hoy es un día para morirse de silencio
para quedarse quieto en cualquier plaza
y ver pasar los sueños de los otros
ver deambular las miserias ajenas
en la ciudad ajena que nos mira
pero a la vez ya nos ignora
dejándonos ciegos en su luz artificial
en su impronta de prisas y mercados

hoy es un día para encerrarse
a cuatro nostalgias
e imaginar ventanas y lémures
pintar paisajes que te escarban en la memoria
como buitres que no se cansan de comer

hoy es un día para trepar a los árboles interiores
y buscar lejanías    inviernos simulados
las calles que modelaron tus rodillas

pero descubres que únicamente queda el horizonte
y nada más
nada más.


Para sabernos medio muertos
yo fui el primero o el segundo
aunque no es importante el orden exacto
de mi cuerpo en la galaxia que desordeno o pinto
  según los acontecimientos de las calles y mi realidad
sólo sé que ya estaba aquí
cuando desembarcaron los otros habitantes
todos iban llegando con una breve sonrisa posada en la cintura
y mientras caminaban iban desplegando sus banderas azules o rojas
con una estrella roja que salpicaba de recuerdos
los vi pasar y aprendí algunos nombres
algunas señales para sabernos medio muertos
  e infelices en la distancia
los más valientes enseñaron sus cantos
y en las madrugadas las danzas fueron grandes orgías
  donde cualquier reprimido era feliz
los vi pasar y quise unirme al coro de sus manos alegres
y canté con mi voz más auténtica
pero mis paisanos cambiaron sus harapos
por modelos de feria    por pequeños cristales
y resulté demasiado incoherente en el paisaje
los vi pasar cuidando sus puertas    los caminos venideros
transformando sus cuellos en hermosas frases
que no estremecían a los dueños del destino.


soy vulnerable a los recuerdos
he conocido la alegría de un parque
que estallaba y se encendía a media tarde
con el canto de flamboyanes y muchachas
sé de la pesadez de los vigilantes y sus lacayos
que con las ventanas siempre abiertas a la madrugada
intentaron controlarme los deseos
o susurraron en el oído del verdugo
los aparentes secretos de mi cama
pero no sé olvidar
no quiero repetir los perdones
las máscaras que me salvaron de la quema
no quiero ser nuevamente el cobarde
que se cambiaba de disfraz frente a los cedros
        que lloraban   por tanto   engaño

las traiciones    como fotos en blanco y negro
no dejan de cruzar el ámbito de la soga y su martirio
las verdaderas amistades son hondos desconsuelos
cada vez que me entero que se rompe un sueño
o que todo termina en la voz que ordena

soy vulnerable a los recuerdos
sobre todo si llueve
y me exilio en un pedazo de mi casa.


detrás de qué ventana está mi madre
la llamo y no responde
hoy que olvido mi aniversario
y me niego a crecer en la ciudad extraña
en la ciudad ajena voy recordando
hay un tiempo transcurrido del deseo
a esta realidad casi de fábula
un pez agoniza cada noche en la casa
eternamente extraña y limpia y sin historia
casa que extravía en los aires del invierno

en qué lugar podré reconocerme
inventarme otra vez sin sombras    sin pasado
sin pájaros que repiten mi nombre
porque ciertas noches comieron de mi cuello
porque al amanecer se despedían en mi boca
llevándose en los ojos pedazos de mis sábanas teñidas
y los mejores cuentos donde imaginamos
que seríamos girasoles en campos de abedules

en qué parque están mis abuelos temerosos
de saberse muy cansados para soportar
un año más de carencias y porfías
cuando ellos ayer nos dispensaban monedas y lirios para helados
monedas y sueños para entrar al cine cada tarde
y entonces emigrar hacia la esperanza

a qué mesa se arrima mi padre
después de quitarse la camisa y asegurar
que la vida hoy es un pasado muro
que nadie se atreve a romper
y no sé reconocer al hombre que antes
hizo la guerra y después inventó jardines
que antes levantó puentes entre las nubes
para que la infancia fuera un huerto
donde cosechar las mejores hortalizas
y jugar entre árboles olorosos y hormigas amistosas

en qué portal se sientan mis amigos
diciéndole a la luna sus versos
besando a las mujeres que crecen en sus ojos
quizás mis amigos no saben hallarme
detrás de tanta distancia
detrás de tanta noche prolongada en el insomnio
en el repetitivo diálogo de mi soledad
dentro de una música que no sé acercar a mi costado
y hacerla mía y conservarla
para enviarla al lugar donde floreció la ternura.


no sé si vengo
no sé de dónde vengo
ni en qué rincones abandoné la vida
los zapatos maltratados
el viejo abrigo que me tejió mi madre
mientras cantaba la letanía del verano
que también era una canción para la despedida
vengo o me voy
al final todo pasará
conmigo y mis torturadas costumbres
sin mí y las frases banales que escuché a lo largo del camino

aquí no habrá palabras porque ardieron
cuando nadie me esperaba en otra orilla
y grité versos que nadie recordará
que no servirán para enamorar
ni a la hora de deshacer las camas
y colgar las sábanas en el balcón

vengo o me voy
siento el frío que deambula por las calles
como un anciano sin hogar    sin tierra donde guardar su memoria
soy la hojarasca
el ruido de la vida
y el propósito de seguir viéndola pasar
con un número grabado en su frente
es quizás el número de la suerte
o el número de la ciudad donde
se puede ser medianamente humano
medianamente feliz en mi sonrisa

pero conocí el odio
el mercadeo de una esquina
de una sala donde se murmuraban las contraseñas
para ser el predilecto de la luna y su jauría
pero no escuché
o no quise dejar mi oreja en deuda
y me fui en una mirada
me fui porque nunca me gustó la hipocresía
y preferí estar ebrio para recitar mi memoria
en la memoria de los árboles
y hacer grandes tempestades en los laberintos del bosque

tuve un bosque.


Y se hace largo este paseo
apenas puedo asegurar que estos pasos son míos
son las seis de la tarde
y ando con susto de paloma recién llegada a la ciudad
me extravío en otros pasos más fuertes    más de aquí
más de raíces y siglos
y el verano estrenó su traje nuevo    su sonrisa amarilla
los habitantes abrieron sus casas
sacaron sus mejores camisas y saludan
saludan como si ayer la ciudad hubiera revelado
la fórmula para ser feliz eternamente
como si ayer hubiera sido un sueño

pasan mujeres en sus vestidos nuevos
en sus risas que son cristales limpios
pero nadie se atreve a decir cuánta belleza hay en el mendigo
que elegantemente nos pide un cigarro
o una moneda para adquirir un pedazo de pan
y después sonríe a la tarde mientras se cree
un hombre más en el pecho del mundo

pasan los niños
abandonaron sus templos con metálicos rompecabezas
con estrellas violetas y globos encendidos en la magia de walt disney
pero ninguno quiere mirar al mendigo
que elegantemente va de banco en banco    de silla en silla
como si buscara la sombra que perdió en otro verano
nadie quiere mirar los ojos del mendigo
tanto azul ofende   asusta    pone en peligro el sueño de esta noche

apenas camino
más bien obedezco una orden
me siento maniquí que transita por una pasarela
y se hace largo este paseo
mi cuerpo en cualquier momento se romperá
gritando todos los insomnios
mi cuerpo será el cuerpo del mendigo
y no tendré lugar para poner mis huesos
también me será negado el sol cuando toda la vida
transcurre en este largo paseo que acaba sin aviso
que acaba cuando el mendigo decide sacar la luna
que lleva escondida en la garganta.


Como una sombra más
comienza a caminar
tal vez porque la muerte está escondida en sus zapatos
a la hora del café y los relojes ocupa una esquina del mundo
no dice nada trascendente
sólo es el músico que toca el violín en la esquina
música y violín para cazar monedas
música y violín para traer el pan
música y violín

el violinista pide a los apurados de la calle
a los apurados de la vida

tiende las manos
y el violín es una sombra más
sombra muy triste
sombra-violín que se clava en mis ojos
me persigue el violín con su música triste
con la tristeza del hambre
y me tiembla el futuro si me detengo a pensar en mi vejez

pero otros transitan
piensan en los elefantes de sus ventanas
o acaban susurrando una disculpa    un   yo no puedo
y continúan    continúan.


este muchacho podría ser un pájaro cualquiera
que ha perdido su razón más simple
y que oculta su verdad detrás de cada gesto
porque quiere estar limpio como la luz que imaginó su padre
quiere estar limpio y jugar con sus juguetes
ser el auténtico pirata que va asaltando corazones de muchachas
ser el guerrero preferido del abuelo
por eso se aventura en las peleas de su barrio
no importa que después     en el silencio de sus ojos
muestre su dolor    la verdad más transparente
y se diga con su voz de niña avergonzada no puedo más

y abra las ventanas para que escapen sus deseos
sus miedos    incluso sus canciones

porque no siempre resulta eficaz quedarse quieto
  vacío y sonriendo
para hacer la felicidad de la familia.


       

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Creada el 20 de mayo de 1996 • Próxima edición: 22 de septiembre de 2003 • Circula el primer y tercer lunes de cada mes