
Junto al arroyo
I
No es el frío de este invierno
ni el viento helado por las calles
y no basta saber que se acerca la primavera:
es saber que se está afuera,
para siempre,
y donde una vez fijaste tus alientos,
hasta el último,
se confunde en la memoria con los sueños.
II
Ya sabías estar afuera
cuando tu palabra
no se agenciaba para los halagos.
Por eso prefieres
estar junto al arroyo,
que fluye lento
como si no quisiera llegar
a ninguna parte.
III
La serenidad del arroyo,
su lento fluir,
sin pretensión alguna,
es como intento decir
y no conquistar adeptos
para el regodeo.
IV
El tardío anochecer
junto al arroyo
que pareciera invertir su curso,
el viento pampero
provocando el coro de los árboles.
V
Por algo pasan las cosas,
suele decirse por ahí.
Y pasan
y es siempre este pasar
la faz recia y franca del mundo,
lo digno de alabanza y gratitud
sin saber a qué ni por qué.
VI
Lo dejado y lo perdido,
el agua del arroyo
y el decurso de la vida son lo mismo.
Sueños y hechos
se confunden en la memoria:
sólo queda la constante fugacidad
del agua que pasa.
VII
Al otro lado del arroyo
jóvenes rientes toman cerveza
y fuman marihuana.
De este lado,
un hombre que perdió
su país y su rastro
en el mismo continente.
El Reino
I
El Reino prometido
no es algún día
de quién sabe cuándo:
es en esta calle
por donde voy ahora.
II
A falta de un Reino prometido,
con plegarias o con proclamas,
se imponía el afán del éxito y del lucro.
Si sólo se trataba de eso,
preferí apartarme,
poner las manos en la candela
y estar aquí con otro aliento.
III
El Reino prometido
por líderes, sacerdotes y plumarios
siempre ha sido y será:
no hay tal lugar.
Mientras más ardoroso y encendedor
el verbo que lo anuncia,
más eficiente el látigo
y más seguro el paredón.
Hablo de otro Reino aquí,
ese que dejamos entre
el sueño olvidado
y la vigilia distraída.
IV
Tantos predicadores, orientadores,
salvadores, prometedores,
profetas de nada y de argucias.
No hay nada que buscar,
todo está aquí, es eterno
y lo dejamos perder entre tantos afanes.
V
Predican por un reino,
confían en él,
por él se esmeran
con pasiones contenidas
o disfrazadas,
creen encontrarlo
en páginas
ajustadas a esperanzas
de volubles interpretaciones.
Sobre el Reino caminan,
en él respiran,
pero lo dejan
para cuando les falte el aliento
y ya no dejen huellas.
VI
Un país no desaparece
con decretos ni con bombas,
por más que sea una forma abstracta
con su territorio y sus leyes.
Un país es el lugar
donde uno nace y se hace
con palabras y sentimientos.
Un país es el lugar donde,
por azar o por afán,
uno llega a saber que es sólo un nombre
en el misterio.
VII
Salvo por los trámites legales
nunca me han importado las fronteras
y menos ahora que donde nací y me crie
es una nostalgia y el recuerdo de barrios,
calles, amores, amistades
y un nombre en los mapas.
Pero por nada de eso
me alejo de mi camino.
VIII
Quédate aquí conmigo.
No tenemos nada que demostrar,
no tenemos que convencer a nadie.
De hablar,
sólo la palabra indispensable.
El brillo del largo atardecer
entre los árboles,
la brisa fresca,
el arroyo crecido
fluyendo más rápido.
Estamos aquí.
IX
La vida cotidiana
es una larga noche.
En alguna parte lo leí
o en alguna parte lo escuché.
No sé, no me acuerdo.
Para mí es una larga noche
en la que impera el asombro.
X
Si estuviera buscando algo,
lo más seguro
es que no lo hubiera encontrado.
No me interesan las muchas certezas
ni las abundantes respuestas.
Me apasiona el estar aquí
con sus preguntas y sus dudas.
XI
No sólo el de la mariposa lo es:
todo nombre es un misterio.
Es lo mismo
nombrar y estar aquí.
XII
Es este transcurrir
el milagro y la ofrenda,
aunque el hambre y la guerra
sigan siendo nuestro estigma
y vientos de furias
agiten las banderas.
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