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La palabra imaginaria: la poesía de Marisa Vannini

• Martes 13 de febrero de 2018

Marisa Vannini

Marisa Vannini, extraordinaria poeta, narradora e investigadora de la historia, dedicó su vida a la literatura. Sus trabajos en gran parte fueron recreados en espacios que se identifican con Venezuela. Los referentes en sus cuentos y poemas se vinculan a nuestro país, lo que demuestra el amor que tributó a su segunda patria.

La palabra imaginaria es un poemario dedicado a niños y niñas. Palabra fundada en elementos que identifican al gentilicio venezolano. Vannini expresa con voz inquebrantable su conocimiento del alma del niño al proponerle poemas que lo identifican con el entorno familiar y que, además, le invitan a conocer la geografía de Venezuela. Es común encontrar en sus poemas la presencia de animales humanizados, pero también paisajes cuyas descripciones poéticas trasladan al lector hasta los sitios que se mencionan. Viajes imaginarios que recrean e inducen a los pequeños a rendirse a la ensoñación y la fantasía.

El poema “Juguetes y juegos” puede considerarse un texto marcado por la nostalgia. La poeta rememora los juguetes de la infancia, referentes lúdicos que se guardan en la memoria para ser extraídos cuando las noches de insomnio tienden puentes hasta el pasado remoto.

Tengo / un caballo de madera, / una muñeca de trapo, / un tren, / un carrito de carrera / y un barquito colorado de papel. / Juego / en la puerta de mi casa, / en el patio de mi escuela, / acá, / en el bosque de mis sueños, / en el mar de mis deseos, / allá.

“Encuentros” es un poema cercano a la tierra, al amor por los animales. Una marcada devoción se precisa en este pequeño bestiario, lo que permite caracterizar con imágenes cinéticas y visuales las asombrosas cualidades que la naturaleza ofrenda a los cuerpos de aves, peces, insectos y mamíferos. Desplegar alas y recorrer las inmensidades del firmamento, o sumergirse en el mar y remontar olas bajo la luz del silente sol, son acciones asumidas por el niño lector para observar desde diferentes alteridades el mundo donde habita.

En el medio del camino / me encontré un escarabajo, / todo vestido de verde / y un poco de oro pintado. / En la cresta de una ola / me encontré un pez espada, / con las escamas brillantes / y la cola plateada. / En la punta de una roca / me encontré un gavilán / con las alas bien abiertas / y los ojos de azafrán. / En el claro de la selva / me encontré con una danta / que tenía el hocico largo / y unas lindas pintas blancas / Entre pétalos de flor / me encontré un colibrí / con el pico muy finito / y las plumas carmesí / en el patio de mi casa / me encontré con mi perrito, / mi conejo, mi canario / mi tortuga y mi gatico.

En los poemas para niños y niñas de Marisa Vannini es característico encontrar diversidad de referentes en un mismo texto. Pueden mencionarse varios animales, objetos, sitios o personas que en su accionar conjunto dan vida al poema y le proporcionan una sencillez y elocuencia que atrapa al lector con suma facilidad. Elementos que podrían considerarse nimios adquieren musicalidad interior y fuerza poética para embelesar con su armonía. “Despertar” es un poema concebido para animar a los pequeños a acudir a la escuela. Vannini se vale de una sucesión de hechos en que presenta escenas alegres en su contenido y que idealiza el amanecer y todos los sucesos que se dan cuando el alba despunta en la naturaleza.

Despierta, son las seis / ya se abrieron las flores / del araguaney. / En medio del prado / va en busca de su pasto / el venado. / En la fuente de plata / se dio cita temprano / la bandada. / En las ramas más altas / se están pintando de rojo / las naranjas. / Con el alma en fiesta / espera a sus alumnos / la maestra.

La palabra expresa emociones humanas, pero también embellece para dibujar desde el alma las visiones del poeta, los entramados de la poesía; la alegría se cuece entre el fuego del espíritu y la fantasía de los niños. Marisa Vannini agudiza su sentido de escritura hasta lograr poemas verdaderamente hermosos. No se queda en lo sencillo del verso; recorre senderos marcados por el deleite, la imagen pulimentada, la joya trabajada con esmero. Pocos poetas venezolanos han trabajado el referente geográfico en sus textos pues quizás temen deslizarse en el excesivo libreto pedagógico. No se trata de usar el poema para enseñar una clase de geografía, sino de reivindicar las bellezas propias de nuestro territorio, y todo esto lo logra con mucha precisión Marisa Vannini.

En “Bienvenida oriental” nos canta:

La tortuga de Monagas / me paró en la carretera / para ofrecerme sus huevos / y retarme a una carrera. / El chigüire de Barrancas / me esperó en el matorral / para invitarme a que fuera / a su casa a descansar. / El caimán del Orinoco / me sonrió en Ciudad Guayana: / —Si vas a pasar el río, / yo te sirvo de chalana. / Y las garzas de los llanos / me llamaron desde el cielo, / saludando con sus plumas / agitadas por el vuelo.

“Escuela de la Morena” es un poema que rinde homenaje a quienes se dedican con esmero al proceso de enseñanza. Maestra y niños acuden cada día a la escuela para aprender; pero hay sitios de difícil acceso donde se atienden de igual manera a los escolares. Estos lugares ofrecen encantos naturales que son el deleite de turistas y extraños.

Escuela de la Morena, / Oriente, estado Sucre, / en el medio del mar. / La maestra por la mañana / llega en lancha de Cumaná. / Los alumnos después de clase / salen en bote a pescar. / En la punta del promontorio / sin caminos para llegar / techo azul, paredes blancas / tan bonita para mirar. / Escuela de la Morena, / como una vela abierta / lista para navegar.

Los Andes venezolanos son dibujados también por nuestra poeta. “Niño del páramo” es un poema que describe el hábitat paramero y sus habitantes más chicos. Usa como referente la imagen creada en su leyenda “Las cinco águilas blancas” por don Tulio Febres Cordero para ilustrar la esperanza y el asombro de un niño por ver despejadas las cumbres andinas y poder contemplar las cimas heladas. Poema lúdico que entretiene con sus imágenes visuales y táctiles.

Con la ruana puesta / y el sombrero calado, / niño de nuestro páramo, / esperas un milagro / Tus cachetes son rojos, / serena es tu mirada / fija en los altos picos / de la Sierra Nevada. / Porque en tu mundo puro / aún hay esperanza / de ver brillar las plumas / de las águilas blancas.

La Navidad venezolana también está presente en este libro. Costumbres y tradiciones que antaño eran fuente de diversión y felicidad son cantadas por Marisa Vannini. Los patinadores que se paseaban por calles y avenidas de las ciudades y pueblos venezolanos son recordados con un dejo de nostalgia. Las misas de gallo, las diversiones pascuales, las hallacas, el juego de aguinaldos; en suma, la llegada de diciembre, representa la época más hermosa del año. Parte de esta alegría es rememorada en “Patinadores”, poema ambientado quizás en la Caracas de mediados del siglo XX.

Desde la Cota Mil / hasta la Libertador / baja con gran trajín / un patinador. / Patina, patinador, patina, / fresco es el aire, / fría la neblina. / En el Parque de Los Caobos, / entre carros y camiones, / juegan y corren alegres / los patinadores. / Patina, patinador, patina, / el alba es rosada, / la llovizna fina. / A misa de gallo, / cerca de Miraflores, / llegan con su bulla / los patinadores. / Patina, patinador, patina, / diciembre ha llegado, / Navidad se avecina.

Simón Bolívar, padre de la patria, es homenajeado constantemente. Muchos poemas se han escrito para rendirle tributo. Académicos y poetas loan sus hazañas, incluso tributan culto a su espada, a la guerra. Pocos, muy pocos, mencionan su vida de niño. El hombre es celebrado, el niño olvidado. Vannini escribió este hermoso poema intitulado “Romance nuevo del niño Simón”:

La casa del niño Simón / era una casa colonial, / tenía pórticos frescos / y patio para jugar. / La yegua del niño Simón / era yegua de mucho andar, / con buena silla de cuero / y espuelas para aguijar. / La espada del niño Simón / era espada de gran guerrear / estremeció a toda América / desde el uno al otro mar. / La vida del niño Simón / fue una vida excepcional, / su nombre recorrió el mundo / como un grito triunfal. / Las gestas del niño Simón / fueron gestas sin igual, / libertó a cinco pueblos / y les dio un ideal.

Marisa Vannini transita los caminos del firmamento, recorre cada rincón de Venezuela y, con ella, su poesía se pasea aún desapercibida en espera de los niños lectores.

 

Bibliografía

  • Vannini, Marisa (s/f). La palabra imaginaria. Caracas: Ediciones Mario González.
José Gregorio González Márquez

José Gregorio González Márquez

Escritor venezolano (La Azulita, Mérida, 1965). Poeta, narrador, articulista y ensayista. Licenciado en educación por la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab). Ganador del Premio de Poesía XI Concurso de Literatura Ipasme (2003), del Certamen Mayor de las Artes y las Letras (Ministerio de la Cultura de Venezuela, 2004) y del Concurso “Caminos del Sur” de literatura infantil con su obra La tinta invisible y otras historias (Fundación Editorial El Perro y la Rana, 2008). Ha publicado Alegoría del olvido (Mucuglifo, 1991), Mujer profana (Universidad de los Andes, ULA, 1995), Caballito de madera (La Casa Tomada, 2004), En cualquier estación (La Espada Rota, 2004), Espejos de la insidia (Fondo Editorial Ipasme, 2005), La ranita amarilla (El Perro y la Rana, 2006), Rostros de la insidia (Ediciones Gitanjali, 2007), Rabipelao (Fundación para el Desarrollo de la Cultura del Estado Mérida, Fundecem, 2007), La tinta invisible y otras historias (El Perro y la Rana, 2008 y 2012), Transeúntes (Fondo Editorial Ipasme, 2015) y Golondrinas (Fondo Editorial Ipasme, 2015). Miembro fundador de la Editorial La Casa Tomada. Poemas suyos han aparecido en revistas de Cuba, México, Perú, Argentina, Brasil, España, Francia y Dinamarca. Realizó estudios de posgrado en historia de Venezuela en la Ucab.

Sus textos publicados antes de 2015
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José Gregorio González Márquez

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