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Versos para encontrar a Barranquilla

• Viernes 23 de febrero de 2018

Un poema, una canción: la ciudad

Hemos tomado un poema y una canción explícitamente dedicados a Barranquilla. ¿Cuál es la imagen de la ciudad que se refleja en ellos? ¿Cómo se relaciona esa imagen con la ciudad real? El arte, lo sabemos, no refleja las cosas tal y cómo son, sino como las vemos, pero el arte, aunque muchas veces aparentemente alejado de la realidad, la obra termina descubriendo su esencia, lo que en verdad la define.

 

La Barranquilla de Meira Delmar es una urbe, ¡quién lo creyera!, muy próxima a la naturaleza.

El poema

El primer poema que queremos abordar es “Romance de Barranquilla”, escrito por Meira Delmar, poeta barranquillera. El poema aparece en el libro Sitio del amor, publicado por primera vez en 1944. En él se revelan una nostalgia y melancolía no extraña en la poesía de Meira. Hay en él una Barranquilla luminosa, muy próxima al río, al mar.

En el texto no aparece referenciado ningún héroe, como tampoco hay fundadores que claven su cruz y su bandera en las Barrancas de San Nicolás. Barranquilla parece que surgiera de la naturaleza misma, no de hombres y mujeres que la fundaran:

Porque nació frente al alba 
y en el sitio de la brisa, 
le dieron un nombre claro 
de flor o de lluvia fina. 
Un nombre para decirlo 
en medio de la sonrisa, 
enamorados los ojos 
y el corazón: ¡Barranquilla! 
Porque nació frente al alba 
¡y el alba es buena madrina!

El poema se concentra en una ciudad que es río, mar, viento. La Barranquilla de Meira es una urbe, ¡quién lo creyera!, muy próxima a la naturaleza; verso tras verso aparecen sus elementos: alba, brisa, sol, viento, nubes, jazmines…

Curiosamente, en la urbe descrita por la poeta no aparecen seres humanos; la única “persona” que se describe en ella es la ciudad misma, la cual se describe como niña “Con los cabellos al viento, / la dulce piel encendida, / y el andar sin descanso…”.

Ante “la niña”, la naturaleza se rinde, hasta el punto “que el alma de las palmeras / arrodillóse vencida…”.

Sin duda, Romance de Barranquilla es un bello poema, pero refleja una ciudad ideal. En realidad, no existe una Barranquilla, sino muchas. Quienes la conocen saben que hay una distancia abismal entre el barrio La Castellana, por ejemplo, y Las Malvinas o La Chinita. Obviamente, Meira Delmar no conocía esa otra Barranquilla (o más bien, no la reconocía), y si la llegó a visitar un día esas realidades se apartaban de lo que era la “verdadera Barranquilla”. De hecho, se la topaba todos los días cuando llegaba o salía de su sitio de trabajo, la biblioteca departamental que hoy lleva su nombre, rodeada de prostitutas, pensionados, desempleados y trabajadores informales. Como todo ser humano, los poetas están cargados de su condición social y del momento histórico que les ha tocado vivir.

 

La canción destaca a las personas; ya no son sólo las palmeras, el alba, los árboles y las nubes, también el pueblo que, al fin de cuentas, constituye la verdadera urbe.

La canción

Por su parte, el Joe Arroyo compone una pieza musical que ha pasado a ser el otro “himno” de la ciudad. El Joe no es barranquillero, vivió en Curramba y en lugar de quedarse a vivir en su natal Cartagena un día se dijo: “En Barranquilla me quedo”. Y esa constituye quizá la mayor fuerza de la canción. Tan hermosa es La Arenosa que quienes llegan a ella prefieren quedarse a vivir en la ciudad. Incluso Meira, recordemos, si bien barranquillera, es de origen libanés. Barranquilla, en el ideario de muchos, es “el mejor vividero del mundo”.

El Joe trae a cuento otra Barranquilla que no aparece en Meira, la ciudad en donde sí hay personas, seres humanos buenos, solidarios y acogedores

Barranquilla hermosa 
Yo te canto ahora 
Con gratitud y amor 
del cantor al pueblo que adora 
A la nobleza y sentir 
De su gente acogedora 
A mi patria chiquita 
que me apoyó

Pero en la canción del Joe también se muestra una Barranquilla ligada a la naturaleza:

Del Caribe aflora 
Bella, encantadora 
Con mar y río 
Una gran sociedad

Pero subrayemos la palabra “sociedad”. Si bien es claro que, sin el mar y el río, Barranquilla no sería lo que es, la canción destaca a las personas; ya no son sólo las palmeras, el alba, los árboles y las nubes, también el pueblo que, al fin de cuentas, constituye la verdadera urbe.

Otro elemento que aparece en la canción y que no se ve con claridad en el “Romance…” es el carácter caribe de la ciudad, algo fundamental. Barranquilla se muestra puramente caribe, en los términos que expresaba Alejo Carpentier: alegre, nostálgica y creativa.

Los dos textos reflejan a Barranquilla, indudablemente con limitaciones. La Barranquilla de Meira se presenta como una ciudad idealizada, pero no por ello menos cierta; lo que ocurre es que su poema no la describe toda. Pero tampoco lo hace el Joe Arroyo, si bien llega un poco más lejos, y no lo digo en términos estéticos porque sin duda allí gana de lejos el “Romance de Barranquilla”.

 

Todavía nos faltan muchas barranquillas por conocer.

Algunas conclusiones

De la reflexión que suscitan ambos textos se desprenden las siguientes conclusiones:

  • Sin mar y río no hay Barranquilla. De allí la importancia de volver la cara al uno y al otro.
  • La naturaleza, como bien lo describe Meira, hace parte fundamental de la ciudad. No basta el pavimento. Hay que rescatar esa relación urbe-naturaleza como se expresa en el poema, el cual le parecería fantástico a alguien que padece el sol del mediodía en las desiertas Calle Murillo o Vía Cuarenta:

Seda dorada del roble 
con hebras de melodía, 
seda de la acacia roja, 
seda de las campanillas 
que tienen fugaz el aire 
y como el aire palpitan… 
Rodea sus altas sienes 
un vuelo de golondrinas 
y abre jacintos de oro 
su diestra mano clarísima.

  • La ciudad, cualquier ciudad, la construye la gente, la forma en que las personas se relacionan y cómo se relacionan ellas con sus calles, sus edificios, sus parques y la naturaleza.
  • Si bien la mirada sobre la ciudad de cada una de las canciones las podemos describir como limitadas, ellas reflejan aspectos esenciales por los que deberíamos trabajar para lograr una ciudad más ligada a la naturaleza, amable, alegre, acogedora y solidaria.
  • Hace falta una poética que recree las barranquillas que configuran la ciudad, que muestre sus claridades y también sus sombras.

Sobre lo último, cabe decir que todavía nos faltan muchas barranquillas por conocer, no sólo las que se parecen, o algunos quieren que se parezcan, a Miami, sino aquellas del baile, el cuchillo, la verbena y el picó, la solidaria y pendenciera, la creativa y rebelde; una Barranquilla con la que están en deuda nuestros poetas.

Roberto Núñez Pérez

Roberto Núñez Pérez

Escritor colombiano (San Antero, Córdoba, 1968). Reside desde niño en Barranquilla. Es licenciado en lenguas modernas de la Universidad del Atlántico. Especialista en pedagogía de la lengua escrita de la Universidad Santo Tomás y magíster en educación de la Universidad del Norte. Ha publicado sus poemas en revistas como Cultura Zeta, El Túnel, Calamar, Intermedio Diario del Caribe, Magazín Dominical de El Heraldo, entre otros; en antologías como A fuego perpetuo, Poetas bajo palabra y Penumbra y amanecer. Ha recibido el primer premio en la IV Convocatoria de Poesía y Cuento de la Universidad Autónoma de Barranquilla (2012) y en el concurso de poesía “Sí, el poeta eres tú”, de la Universidad del Atlántico (2014), así como menciones de honor en el Primer Concurso Nacional de Poesía CUC (1999) y el VI Concurso Nacional Metropolitano de Poesía (2001, 2002). Ha publicado los poemarios Concierto desde el último puente (2003), Demandas del cuerpo /Poemas al margen (Entre amores y disparos) (2008) y Relación del perdido (2013).

Sus textos publicados antes de 2015
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Roberto Núñez Pérez

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