
En el oscilante término del tiempo recorres lugares que son, a la vez, incesante presagio.
El límite de tu resistencia responde a la espiral de los días. Sobre ella construyes atmósferas, firmamentos, fantasías, promesas, desenlaces... Para ti todo es parte de una misma nebulosa ocasionalmente iluminada por relámpagos de entendimiento y promesas de transparencia: sutiles signos de un tiempo sujeto a un destino que tu corazón presiente.
Tratas de interpretar las razones de tus desplazamientos y afirmarte en un cielo construido entre cuatro paredes, un suelo y un techo; además de ciertos irreales espejos capaces de reflejar un justo, protector, sencillo y cobijante encierro.
En tu camino vas descubriendo lugares, espacios poseedores de secretos, ilusiones, obsesiones, temores; a menudo, contradictorios: complicados y a la vez sencillos, fríos y cálidos, ásperos y suaves... Todos encarnan el signo espiral de tu tiempo, una ideal metamorfosis desde la confusión exterior hacia la transparencia en el interior de tu alma.
Creas separaciones ante una exterioridad de puntos suspensivos, intermedios prolongándose en interminables trazos y aperturas sin conclusión...
Eres muro murado, incomunicada muralla ante demasiado rostro oculto o desfigurado, ante rugosos embriones de naderías, ante mucha confusión en medio de territorios al margen de lo reconocido.
Evocas a veces superficies muy diferentes a esos lugares de ahora donde tu vida se cubre de un nuevo sentimiento de agradecimiento convertido en atributo de horizontes al amparo de rutinarios hábitos trazando huellas a favor del soplo del tiempo.
Fuiste descubriendo ciertos acuerdos secretos entre las cosas.
Te acostumbraste a residir en secretos confines donde apartarte de las incomprensibles razones del mundo.
Tu manera de vivir y tu manera de entender la vida son tuyos. Tus ilusiones, siempre del lado de tu esperanza, son tu protección, tu fuerza y la razón de tus desplazamientos hacia lugares construidos, principalmente, por tu esperanza y tu memoria.
Tratas de restar mil signos a ese tiempo que es de todos y es de nadie, de asumir conclusiones donde encerrarte junto a tus personales máscaras y personales dioses.
Existen numerosos contrastes entre tus confiadas certezas y las espinosas razones del entorno.
Avanzas entre el reverdecer de un presente y la sequía de tiempos anteriores; contraste del que pudieran, a veces, muy raras veces, surgir la inesperada forma de una lágrima ante desdibujados testigos.
Sólo en el apaciguamiento de personales tormentas conjuras mucha vacuidad y sinsentido.
A veces, todo pareciera ser parte de una misma pantomima, de un mismo propósito por rescatar el espejismo de tu mundo de las llamas de mil diferentes hogueras.
Te resulta insuficiente frecuentar opacos escepticismos.
Te niegas a convertir tus sospechas en voces de estériles reflejos.
Permaneces a la defensiva, obedeciendo razones que pudiesen aprobarte.
Obligado a rescatarte en determinadas proezas, te centras en un tiempo de luz donde deshaces mil líneas retorcidas y ambiguas señales de muy viejos nombres.
Aventuras y desventuras son, ambas, los signos de tu marcha. En ellos esclareces el misterio de los días.
Será tu palabra una manera de describir ciertas efigies reflejadas por tu espíritu. Será tu palabra la llamada a convertirte en creador de universos subrepticios. Será tu palabra tu forma de acercarte o distanciarte de lugares, épocas, rostros.
Describes la memoria de un pasado que es, sobre todo, atmósfera. Con cierta irreverencia traduces las idas y venidas del tiempo. En él te predices junto a una voluntad convertida en tu brújula y tu timón.
Te esfuerzas por mirar la vida cara a cara contemplando con ojos nuevos cada hallazgo. Conviertes tus sueños en vigilia y tu vigilia en promesa.
A veces, intenciones que auguraban claros aciertos pudieron deshacerse en inconclusiones y torpezas que quebraron mil diques de sentido común y muchas horas de sosiego y armonía.
Equívocos y errores significan la disolución de tus más queridos talismanes. Reconoces la reiteración de imposibilidades destinadas a ser un camposanto de propósitos. Sobrevives al infortunio junto a ciertas ambiciones coloreadas por la ficcionalización de lo excesivamente real.
El pasado se incrusta en numerosos recintos que, alternativamente, te amparan o desprotegen. Junto a ellos albergas ilusiones con los que conjurar la muerte prematura que, en ocasiones, pulula a tu alrededor.
- Voces dispersas
(II) - domingo 15 de marzo de 2026 - Voces dispersas
(I) - domingo 8 de febrero de 2026 - En el oscilante término del tiempo
(III) - martes 23 de diciembre de 2025


