¿Por qué condenarnos tan a menudo a vivir a la orilla de nosotros mismos?
A veces, nos convertimos en estatuas de sal deslumbradas por estériles ilusiones.
Ascender: una manera de actuar a partir de eso que nunca podría morir en nosotros.
Protegernos de una exterioridad que nos desvanece y afirmarnos en esa intimidad que nos sustenta.
Lo verdadero y lo bello nunca podrían dejar de asemejarse.
Más, infinitamente más que algún colectivo paraíso perdido o por conquistar, existe nuestra ilusión de un cielo personal.
Cualquier imprevista circunstancia puede corromper la delicada filigrana de los días.
Las razones del tiempo se explican en sus desenlaces.
Movernos, impulsados por una exigencia de pertenencia y permanencia.
Protegernos con nuestras voces de las vociferaciones, las chácharas, los inconsistentes murmullos...
Nuestro destino: necesariamente dibujado en la enunciación de la esperanza.
Esperanza en el destino de nuestras voces, en la oportunidad de sus testimonios, en su refutación del helado silencio.
Esperanza en que nuestras voces puedan encontrarse con las voces de otros, en que nuestros dibujos del mundo tengan sentido para otros diseños, en que algunas metáforas con que ilustramos nuestra existencia pudieran inspirar otras existencias.
Esperanza en la palabra validada por su mensaje.
Igualmente necesarios el ligero vuelo de la imaginación y la sensibilidad, y la sólida densidad de la lucidez y la ética.
Somos, hoy, la secuela de lo que fuimos ayer.
Somos adanes de un tiempo que nació con nosotros, creció junto a nosotros y morirá a nuestro lado.
Más fuertes, siempre más fuertes en la medida en que sepamos cómo nombrarnos.
Se trata de distinguir sentido —y belleza y verdad— en nuestras nombradas— verdades.
Escritor venezolano (Caracas, 1954). Licenciado en letras por la
Universidad Católica Andrés Bello, Ucab (1977), posgrado en Sociología de la Literatura en la
Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (1979) y doctor en ciencias sociales por la
Universidad Central de Venezuela, UCV (1984). Entre 1979 y 1985 dirigió los seminarios de literatura venezolana en la Ucab. Desde 1980 es profesor del Departamento de Lengua y Literatura de la
Universidad Simón Bolívar (USB), institución de la que es profesor titular y en donde ejerció entre 1989 y 1993 el cargo de director de Extensión Universitaria. Ha publicado
Espacio disperso (Caracas,
Academia Nacional de la Historia, colección El Libro Menor, 1983),
Rómulo Gallegos: la realidad, la ficción, el símbolo (Caracas, Academia Nacional de la Historia, colección Estudios, Monografías, Ensayos, 1985),
De la sombra el verso (poesía, Caracas, Épsilon Libros, 1985),
El silencio, el ruido, la memoria (Caracas, Alfadil, colección Trópicos, 1991; Premio Conac de Ensayo “Mariano Picón Salas”, 1992),
La voz en el espejo (Caracas, Alfadil, colección Trópicos, 1993),
La mirada, la palabra (Caracas, Academia Nacional de la Historia, colección El Libro Menor, 1994),
Espiral de tiempo (Caracas,
Fundarte-Equinoccio, 1996),
Arrogante último esplendor (Caracas,
Equinoccio, 1998),
Puentes y voces (Caracas, Sentido, 1999),
El azar de las lecturas (Caracas, Galac, 2001),
Caín y el laberinto (Caracas, Comala, 2003),
Testimonios, espejismos y desconciertos (Caracas, Comala, 2007),
El juego de la palabra (Caracas, Monte Ávila, 2013),
Invisibles armonías (Berlín,
Ediciones Académicas Españolas, 2017),
Prisma (Berlín, Ediciones Académicas Españolas, 2018),
Diálogos, monólogos y apostillas (Londres,
KS OmniScriptum Publishing, 2023) y
Lo que solo para nosotros vale (Londres, KS OmniScriptum Publishing, 2023).
Sus textos publicados antes de 2015101 •
104 •
105 •
107 •
127 •
142 •
178 •
184 •
191 •
207 •
214 •
228 •
231 •
236 •
240 •
268 •
279 •
281 •
283 •
286 •
288 •
297Editorial Letralia: Q. En un lugar de las letras (coautor)
Editorial Letralia: 12 años de Letralia. Literatura y bits desde la Tierra de Letras (coautor).
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