
Eres la voz que te muestra y el silencio que te resguarda. Eres las palabras que te acompañan y el silencio en medio de tus escurridizas fronteras. Eres el hierro que forja tu armadura. Eres la ceniza y el fuego, el cartílago y el hueso, el corazón que te nombra y el alma donde habitan tus razones. Eres posibilidad y designio de ouroboros. Eres forma, acto, presencia, intención, respuesta. Eres irrealmente corpóreo y nítidamente irreal. Eres en ciertos giros y signos. Eres en la corroboración y al margen de lo demasiado circunstancial. Eres en ciertas precarias armonías. Eres en la ilusión y la desesperanza, en la azulada entonación de cada cielo y en la roja iridiscencia de cada infierno. Eres uno y eres muchos (quien eras en tus convicciones y sueños de antes y quien eres en tus convicciones y sueños de ahora). Eres desde tu origen adherido a las oscilaciones del tiempo. Eres en el sosiego que exige tu alma y en la pasión que exige tu alma. Eres en la ilusión que es pregunta y en el desconcierto que es, a veces, la única respuesta. Eres en esa voluntad tuya que aprendió a elegir y, al elegir, aprendió a renunciar, a relacionar, a despojar... Eres en la fantasía que enriquece lo yermo, lo riesgoso, lo quebradizo...
La imaginación te aparta del oscuro pasadizo de las desilusiones y de las cenizas de las largas esperas.
A menudo eliges la distancia para distinguir mejor el color del universo y a menudo eliges la cercanía para entender mejor el silencio del universo.
Sobre absoluciones y condenas dibujas muchos firmamentos y respuestas ante la siempre quebradiza realidad.
Te resguardas en ciertos rincones de tu alma, iluminada por las luces de la noche de tu pecho y marcada por saetas lanzadas desde un arco tensado hacia su blanco.
Te proteges dentro de un corazón que te obliga a escucharte en medio de tus más personales pesadillas...
En tu historia deletreas la exuberancia y la desolación, el temor y la expiación. En tu historia reconoces espacios mil veces áridos destinados a reverdecer en las voces al lado de tu nombre.
Desde un presente, que dibujas con trazos de oro y fuego, dibujas verdades al margen de lo verosímil y en el centro de ciertos mitos surgidos de tu universo.
Te prolongas en susurros de lejanos orígenes, heraldos de cielos azuladamente acogedores capaces de conducirte al lugar al que te sabías destinado.
Condenas toda palabra heredera de alguna ilusión ajena, dibujo de garabatos prisioneros de sueños arrinconados en un universo que muestra a los cuatro vientos sus fisuras.
Prosigues tus pasos al margen de la reiteración de falsos cielos.
Reinicias en cada avance la ilusión por escapar al letargo de quien no ha llegado aún a reconocer su propio nombre.
Venturas y desventuras son y han sido siempre los signos de tu marcha.
Uno de tus principales errores: no haber encadenado debidamente ciertos eslabones de tu tiempo.
Tu incoherencia pudo convertirte en constructor de molestas estridencias.
Entre quimeras y verdades te adentras en espejismos alimentados a lo largo de los años.
Descubriste que los aprendizajes suelen ser parciales, que las luces pueden encenderse y apagarse en un mismo instante.
Te pertenece un perpetuo asombro y la curiosidad ante muchas puertas por abrir. Te pertenecen ciertas respuestas al interrogatorio de los días, la férrea constancia ante actos y razones y algunas pequeñas ambiciones convertidas en afirmativa conquista.
Rodado de ceremoniales ritos de supervivencia, sientes que la helada realidad nada te dice, nada te muestra, nada te ofrece. Regresas, entonces, a ciertos fragmentos de un pasado testimoniado sin nostalgia y señalado paradójicamente en sus contradicciones.
- Voces dispersas
(II) - domingo 15 de marzo de 2026 - Voces dispersas
(I) - domingo 8 de febrero de 2026 - En el oscilante término del tiempo
(III) - martes 23 de diciembre de 2025


