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Somos instantes cuánticos

domingo 30 de noviembre de 2025
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Somos instantes cuánticos, por Rafael Pérez Ortolá
Las estructuras y el bullicio vital enarbolan con energía sus enrevesados laberintos.

Impresionan los avances científicos, por los propios logros conseguidos aplicables en distintas esferas y por las nuevas incógnitas planteadas. Tras el descubrimiento de una idea concreta, suele quedar demostrado el escaso conocimiento de lo que somos en realidad y del fondo ambiental que nos acompaña. Es decir, los enigmas adquieren proporciones inusitadas.

Son maravillosos los nuevos descubrimientos en términos de la física cuántica, porque nos abren a las infinitas posibilidades, con riesgos, sí, con ilusiones también. Nos sitúan ante la realidad de unas PROPORCIONES inabarcables, por eso mismo, nos abren los ojos hacia las aperturas como el verdadero meollo de cuanto nos rodea. Sus demostraciones descubren nuevos horizontes, los conocimientos previos apenas sirven de introducciones poco significativas. Desaparecen las puertas y las fronteras se transforman en travesías.

En los últimos descubrimientos se consiguen demostraciones de gran calado, aquellas partículas subatómicas prácticamente desconocidas de los ciudadanos, no son meros entes aislados sin funciones dinámicas. Están inmersos en un SISTEMA de relaciones en permanente movimiento, con varias opciones simultáneas e indeterminación de cara a sus evoluciones progresivas. Si vamos a destacar algo, hemos de quedarnos con la notable incapacidad de las personas para asimilar la importancia de esas estructuras en constante muestrario de trayectorias emergentes; si de por sí son efectos complejos, sus cambios simultáneos y repercusiones a distancia completan ese panorama hasta dejarnos pasmados.

Si alguna enseñanza sacamos ante el descubrimiento de estos recovecos en las minúsculas escalas, la principal radica en esa noción del ENTRELAZAMIENTO con el resto de partículas cósmicas. No podemos desprendernos de esa constante. Lo percibamos o no, los circuitos enlazan los movimientos en términos que escapan a la percepción superficial de los acontecimientos. Sobrepasan la mera mención del concepto de dependencia, estamos ante una participación directa de todos los elementos; si bien las diferentes modalidades son de corto y largo alcance, no siempre al alcance de la percepción de los individuos. Escapan a las etiquetas usuales, nos invitan a la constante apertura de miras.

Las influencias se manifiestan en todos los sentidos posibles, sean los mecanismos conocidos o ignotos; su actividad adquiere dimensiones inabarcables, sólo detectamos algunas de ellas y eso a base de esfuerzos considerables. Cada pequeño efecto está involucrado con importantes evoluciones. Asistimos a una versión cercana, en la superficie, mientras la potencialidad del conjunto ejerce como una suerte de subconsciente global. Se ponen en marcha una serie continuada de orientaciones cambiantes, generan TRAYECTOS renovados, que nunca serán aislados, sometidos a la infinidad de conexiones cuya turbulencia responde a mecanismos fascinantes que superan la mentalidad humana.

Nuestros sentidos se quedan turulatos ante semejante panorama, perdemos un tanto el control observador cuando tratamos de precisar la fugacidad o la persistencia de los efectos. Una piedra, una idea, una galaxia, la energía de un volcán o un planeta, son ejemplos de semejante variedad; algo similar sucede con un relámpago, efectos químicos, comportamientos o efectos biológicos. No sólo cómo, sino el porqué de esas variaciones, se resumen en el concepto de DURACIÓN inextricable entre las innumerables mediaciones comentadas. Navegamos en ese mar tumultuoso, que los sucesivos genios tratarán de explicarnos a quienes apenas notamos las inquietudes correspondientes a la ignorancia.

Diversos personajes nos han lanzado esa frase manida de que la realidad es aquello que percibimos. Su simplismo desemboca en una estupidez distractora que no augura ninguna mejora comprensiva. Ya es bastante complicado entrar a fondo en la autenticidad del conocimiento, si somos capaces o no de conocer y qué conocemos; prescindir del resto, ya me dirán. Es patente la evidencia de las realidades que pudiéramos denominar ADYACENTES, de cuya presencia y lazos establecidos apenas notamos su aureola. Presumir de la propia realidad parece presuntuoso si queremos hablar con precisión, si pretendemos hacerlo en lo referente a otras dimensiones o estructuras, suena a desvarío preocupante.

Dicho de otra manera, en algunos avatares evolutivos aparecen formatos con mayor apariencia de fijaciones, sea por su consistencia o por la duración de sus eventos; en esas fases resultan más accesibles para los humanos. Vienen a ser CONSOLIDACIONES durante un cierto período del tiempo. Pueden parecernos indiscutibles, si bien el tiempo delimitará la evolución de sus características; hasta los componentes con mayor fijación o solidez, se quiebran en determinadas circunstancias. Son frecuentes causas de malentendidos entre los humanos, por aquello de la comodidad apreciativa sin el esfuerzo denodado por la adaptación continuada al dinamismo permanente de los entornos.

Dentro del enigma general, de tantos y enrevesados movimientos, asoman los esquemas de ciertos CIRCUITOS con un relieve de matices peculiares perceptibles durante períodos determinados. Quizá vengan a describirse entre la teoría de las cuerdas, donde llegan a identificarse trayectorias concretas. A nivel de la física profunda se identifican alguno de ellos. Con esa sugerencia se aprecian efectos similares en las conductas de los individuos y en los indicios cerebrales en sus más profundas evoluciones. La incertidumbre planea en dichas actuaciones. Entre asuntos de tal complejidad nos comportamos sin adentrarnos en el meollo inextricable, nos perdemos en los vericuetos de semejante dinamismo.

Son tantos los circuitos detectados, ondas, partículas, energías y dimensiones, que el oleaje se convierte en inabarcable para la mente de los humanos; surgen teorías de cuerdas, anillos, agujeros y materias desconocidas. Quizá no sepamos diferenciar bien la materia del resto, tampoco los alcances de tantos elementos. Como aditamento insólito nos encontramos entre semejante conjunto como PARTÍCULAS, pendientes de interpretaciones fidedignas. ¿Qué somos? Sea como fenómenos adheridos a las dimensiones del entorno, quién sabe si estamos en el orden de otras dimensiones desconocidas. A pesar de la detección e interpretación correspondiente, el enigma permanece impertérrito.

Como otra especie de cuerda interpretativa, esas partículas que venimos en describir como cuerpos humanos, ejercen una serie de vibraciones particulares o personales; se perciben en relación con los estímulos exteriores y también emitidas desde los impulsos generados en su interior. Giran en torno a determinados razonamientos o funciones propias, nunca aisladas del todo, por su relación con innumerables influencias, físicas, magnéticas o de características ignotas. Queda por explicar cómo consiguen percibir sus propios funcionamientos, receptivos o activos. Toman CONCIENCIA de su propia presencia, sin poder precisar el conjunto de su engranaje, de sus pormenores constitutivos.

La referencia a eso que llamamos conciencia de cuanto ocurre, por sus muchas limitaciones, le cuesta apelar a la consciencia; en la olla se cuecen demasiadas venturas. Las estructuras y el bullicio vital enarbolan con energía sus enrevesados laberintos. Acuciados por las dudas, funcionamos con seguridades endebles, imbuidos de la sensación de ser algo efectivo, al menos en esas fases esporádicas del supuesto protagonismo. Si prestamos atención a la idea de la INTENCIONALIDAD de las acciones y proyectos, los condicionantes previos, los circuitos mentales o la infinidad de las conexiones, la convierten en un concepto impreciso, de carácter efímero, abierto a futuras interpretaciones.

Cualquier persona, por el mero hecho de vivir en el mundo, se ve involucrada de alguna manera en el cumplimiento de las directrices de los gobernantes, en el fragor de las labores artesanales o profesionales, en las conductas familiares, en alternativas creativas y, en definitiva, en las numerosas relaciones sociales. De todas esas actividades personales derivan una serie de repercusiones de mayor o menor calado. También desde estas derivaciones surgen efectos múltiples y SIMULTÁNEOS, a la vez contradictorios o favorables según los afectados. Ese carácter simultáneo se hace patente de forma desigual con respecto a las diferentes personas o situaciones, animales, vegetales y el resto del planeta.

Recordando la irregularidad de los fenómenos cuánticos, al considerar las intervenciones de los seres humanos, también los efectos, detectados o previstos, rozan el infinito; con indudables dificultades para calibrarlos e incluso para definir sus propiedades. Brotan de una manera caótica. Los pretendidos hallazgos normativos están plagados de errores e incógnitas. Si tenemos dificultades para captar debidamente los INSTANTES diferenciados, no digamos si pretendiéramos asimilar períodos más prolongados. Las vivencias gozan de esa espontaneidad, inconsciente si se quiere, cargada de incertidumbre; nos queda el planteamiento de su significado en los diferentes plazos, cortos o prolongados.

En esto de las acciones diferenciadas, simultáneas, a distancia, físicas, químicas o humanas, me parece interesante traer a colación una obra de teatro inolvidable, Yo estuve aquí antes, de J. B. Priestley, relacionada con circunstancias que pasaron desapercibidas en el fragor diario. Arrogancias, frustraciones limitantes y cambios originados en los entornos, no llegaron a ser detectados por los propios protagonistas; se perdieron las referencias. Lo que uno llevó a cabo en etapas de su vida, desencadenó efectos en sectores dispares. Creaciones que modificaron la comarca, permitieron trabajar y acomodar su vida a numerosos individuos, promover afectos; sin duda con desafectos y contratiempos.

El carácter inconmensurable del cosmos, del mundo y las parcelas más reducidas de cada materia o de los seres vivos, nos impide la captación de la totalidad; la rueda de sus fenómenos continúa con la movida atrabiliaria, quién sabe a través de qué dependencias y ritmos. Ceñidos al curso de las vidas humanas, las mentalidades, la razón, los sentimientos y su biología, juegan un papel determinante, con la pluralidad de brotes fugaces tendentes a la disparidad con algún enlace ocasional. Se vino en denominar como NOOSFERA a esa especie de fondo común de las emisiones humanas; sin duda, un potencial valioso, sin el poderío del dominio global, portadora de inexactitudes y enigmas.

Esto de los descubrimientos cuánticos tiene su miga, sumados a las experiencias de la convivencia entre los humanos, nos introducen en una versión existencial FASCINANTE. Sobre todo, porque a la vista del difícil entendimiento en las diversas comunidades, resulta gratificante eso de que nadie sea capaz de la comprensión total, y, por tanto, se vean imposibilitados para el control absoluto. ¡Albricias! Somos inaccesibles para los presuntuosos embaucadores, los dominios siempre serán parciales. Apenas un agudo filo separa la arrogancia del orgullo antropológico con respecto a menesterosa realidad.

Sigue implacable la disyuntiva feroz que nos sitúa a diario entre el afán por los comportamientos autónomos y el destino cruel por intolerante. Podemos inclinarnos por una de esas dos valoraciones, pero también en esto proliferan las respuestas; es decir, carecen del suficiente peso esclarecedor.

Adheridos a la fuerza a las directrices de la fisiología corporal, topamos de lleno con el otro aditamento insoslayable, el ámbito ambiental en toda su extensión, desde la cercanía a la inmensidad. Lo queramos o no, estamos involucrados en dicha conjunción hasta las cachas, por decirlo sin rodeos. Y como consecuencia, cada GESTO se expone de cara a las importantes evoluciones que quisiéramos conocer, pero no alcanzamos ni a los basamentos. A partir de ahí, continúa la aventura humana en todas sus dimensiones.

Instantes, períodos, partículas, ondas, con ansias de personarse en las evoluciones con formatos humanos. Cada uno a su aire, embridados en la propia configuración; elucubrando sobre la realidad, enajenaciones y posibles horizontes. Es curioso, apenas hay referencias dedicadas a la responsabilidad de cada ente.

Rafael Pérez Ortolá
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